domingo, 13 de enero de 2013

Facundo Melchionda



dios está en los detalles

Giraba su taza que un rato antes había contenido café. Quedaba una pequeña gota y disfrutaba mirando cómo al pasar dibujaba en el fondo de cerámica blanca. La había conservado a propósito, y lo hacía siempre que el batido densificara el brebaje de modo tal que permitiera aquel caligráfico objetivo. Llegaba a encontrarse de pésimo humor de no lograrlo, razón suficiente para preparar siempre por sí misma su café, sin dejar que otro lo hiciera. Aquella gota de café sabía cargar, devolviéndole en brillo la mirada y con movimientos azarosos suaves, la tensión fluctuante en la atención a la conversación. Sabía ensuciar el fondo blanco con la dulzura de su interlocutor y decantar en él lo complejo del mensaje. Amaba a esa gota incondicionalmente.

Como contraparte él ignoraba la existencia de esa gota. Mejor dicho, esa gota le era inconcebible. Cómo una pequeña partícula de líquido podía galopar de esa forma a través de un alma; cómo alguien podía producir una sobrecarga de sensibilidad tal en ella; cómo supeditar su felicidad a esta pequeña cosa. Y charlaba, en las penumbras de esta profundidad, sin preguntarse el porqué del movimiento de taza. Planificaba el día por venir mientras contemplaba en esa mesa de mantel de plástico esos ojos tan humanos y tan ensimismados, que reflejaban su figura con empatía. Se preocupaba por lograr esta admiración, la necesitaba. Amaba ese brillar ante ella incondicionalmente. 

Tal vez nos gustaría envolvernos en esta funda extraña que nos acerca a una historia que desconocemos pero que creemos la estructura portante de este enamoramiento y sus razones más superficiales. Estamos seguros que esa forma de amar es resultado de una serie combinada de decisiones y de hechos fortuitos que los llevaron a ser como eran al momento de conocerse, que por un mecanismo absolutamente desconocido e indebelable los sincronizó de tal modo que terminaran juntos. Y por más interesante que nos parezca este devenir individual no resulta práctico detenerse en reflexión: sin dudas lo por venir despierta mayores curiosidades.

(c) Facundo Melchionda

San Martín 
Provincia  de Buenos Aires
República Argentina

Facundo Melchionda

Arquitecto de veintiséis años de edad, recién recibido de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.
Todo un multidisciplinar de asiento tomar. Dibujante de trabajo, de placer y de vocación. Docente de Dibujo del CBC de las carreras de diseño de la FADU. Melómano total e intento de guitarrista. Escritor aficionado y lector empedernido.
Reside en San Martín, Buenos Aires. Escribe irregularmente en su blog http://kracklite.blogspot.com.ar/ , y se lo puede seguir en Twitter en @f_melchionda