viernes, 24 de enero de 2014

Gil Segundo Castro Torres




Cápsula



A Doña Jesús Cortegana & Daniel Ramírez Cortegana


De niños y en la pradera, caminaban juntos Javier* y GILSECATO, felices y ensimismados en sus  mayores artes y propósitos, por tratar de ser los mejores alumnos en cuanto a mataperradas se refiere; ambos niños de La Pre Vocacional de Varones, hoy PONAZAPA(...https://www.facebook.com/ponazapa?fref=ts  ), allá por los inolvidables años 60, específicamente del año 1965 al 1971.
Entonces Javier propone en plena clase de lenguaje con la profe. Modesta Díaz de Candamo; que hoy nos iríamos  al medio día a nuestro mar de alegrías el rio  Uquihua, a bañarnos  una ricura  mientras pasa el intermedio entre el almuerzo y el reinicio de las clases del día. Rioja y su celaje siempre  soleado y radiante en cada jueves de deporte o pistoladas en el chillical, se mostraba displicente y amorosa, quedando todo listo, acuerdo cerrado con un chócala cumpita.
A la hora indicada y como de costumbre, Javier trepó el cerco del corralón, que desde  la cancha de fútbol que colinda con su casa y subiendo luego al lomo de la bestia, como él acostumbraba llamarle a su fiel Cápsula,  cruzando el guabal que lleva hasta la escuela ….me gritó fuerte: GILSECATOooooooooo ya está aquí el Capsula vennnnnnn yaaaaaa…..
Corriendo como alma en pena  que  el diablo persigue, crucé la cancha de fútbol y en menos de 3 minutos de larga carrera ya estaba junto al hermoso alazán de nombre Cápsula; noble y cariñoso animal que  movía sus patitas y cola en señal de alegría, al ser testigo y cómplice de nuestras más tiernas aventuras de niños juguetones.
Montamos a el Cápsula felices y sintiéndonos orgullosos avanzábamos a trote moderado, mientras comíamos en el trayecto las guabas de tercio que cargamos;  charlábamos alegres y dichosos  sobre cuál sería la picadita más sabrosa que nos daríamos desde le pilancón, o si prefiere desde el shimbillo de Urifico,  para competir en lo más ultimito de nuestras proezas grandes, de eximios en la perfección del “salto del ángel” que practicábamos con afán desde hace algunos días.
Llegamos a Uquihua… el río estaba manso, casi limpio, el bendito y noble río amigo de nuestra hazañas infantiles, de exploradores  del dorado chico que al final ni dorada ni bocachico nos permitía pescar, él nos acompañaba siempre dichoso de limpiarnos el cuerpo y alegrarnos la existencia ...rio dueño de una mansedumbre amiga, que  acariciaba con sus tiernas y frescas aguas nuestros días de escolares de aventuras  y amistad, amigo noble compañero, testigo y parte de la ubérrima naturaleza riojana.
Participamos en mil competencias, subíamos y bajábamos el árbol junto a la rivera, saltábamos y alegrábamos la tarde, con nuestras proezas infantiles, estábamos transportados a ese mundo fantástico, …cuando en eso Javier escucha asombrado, que está sonando la campana de retorno… al colegio.
Dió un solo silbido  y al momento todo bello y sigiloso viene Cápsula, se ubica frente a nosotros  y mansamente se acomoda invitándonos a subir.  Mi amigo al lomo y yo al anca de la dócil bestia.
Javier, palomilla y chambón, me dice sube cumpita, sube que nos sacan la michi si llegamos tarde; mi bestia volará ya verás volaráaaaaaa…  de un salto subo al bello  corcel  y luego de acomodarme bien en el lomo del noble animal, Javiercito, todo mueludo el majadero, subió al  anca de Cápsula que solo a él le permitía tal privilegio sin corcovear.
De un solo chicotazo que casi me deja en el suelo, el fiel caballito elevó vuelo y comenzó a correr por la carretera Fernando Belaunde hacia la subida que daba directo al estadio de Rioja que colinda con la casa de Javier a tan solo cinco cuadras de distancia del manso rio Uquihua a la altura del puente... el corcel volaba, mientras nosotros levitábamos sobre el lomo fino del noble animalito.
Ya casi llegábamos, apenas quedaban dos cuadras para la ansiada meta: el portón del colegio,  pasamos el estadio de Rioja como saeta envenenada directo al objetivo; también pasa la casa de Javier al vuelo, cuál espíritu sin nombre. Javier se deleitaba hasta el éxtasis  de pura alegría desde el anca del caballito; y yo, más lívido que nunca no atinaba a decir palabra.
Solo me agarraba débilmente entre angustiado y asustado de la crin del poderoso animal, porque íbamos galopando a lomo pelado,  sin más aparejo  que la suave y tersa piel de Cápsula y nuestros pantaloncitos entre húmedos y calientitos, por la fuerte transpiración del corcel.
En eso, Cápsula llega al final de la calle y se apresta a dar un salto magistral para salvar una tremenda cocha de unos dos metros de largo que cubría toda la calle angosta frente al portón de los  Cortegana, al frente tenían como vecinos sólo el zanjón que recorría todo el jirón Castilla.
  Ya tan solo nos quedaban 70 metros del portón del colegio, pero el noble animal babeaba por la boca una espuma blanquecina por el descomunal esfuerzo de las cinco cuadras latigueado sin descanso y en todo el trayecto por el exigente jinete Javier, cumplidor el corcel logró exagerar su velocidad, amigo al fin.

Salta Cápsula con agilidad felina…y en eso Javier no sé, si por palomilla o por estar muy al filo del anca de la bestia, me arrastra y quedamos debajo de las patas del noble corcel quien  inmediatamente hizo una parada de emergencia en seco. Y quedamos irreconociblemente embarrados hasta el mondongo; pero el fiel Cápsula  estaba quieto, sereno  y en señal de protección  nos dejó protegernos  entre sus fuertes y agiles patitas.
De todos modos entre angustiados, asustados y felices, aparecimos totalmente embarrados  y chorreando, hasta  el portón  del  colegio donde el  Sr. Paima,  entre enojado y sonriente nos dijo: Pasen a solearse al patio por tardones.

(c) Gil Segundo Castro Torres

Rioja

Perú

*Javier Rojas Cortegana (mi eterno amigo): Hoy SO.3ra.PNP en actividad en la Comisaría de Moyobamba.


cuento inédito

Con la afectuosa guía y compañía de
Mi maestra amiga Gloria Dávila Espinoza

Acerca del autor:
Gil Segundo Castro Torres

Remembranza Biográfica

“…Por los caminos universales, ecuménicos,
que tanto se nos reprocha,
nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos.”
7 ENSAYOS-J.C.M.


Gracias a Jesús a quien sirvo, vivimos con sencillez, fortaleza moral, compromiso y dignidad; nobleza de corazón y entrega decidida a una pujante vocación de servicio;  tenemos y gozamos  de una vida fructífera, al lado de la familia que forjamos con  Susy y nuestros amados  hijitos: Tessy Giovanna , Jessica Milagros  Eduardo Augusto  y Matthew Jesús, el Popular “Pulgarcito” de Magdalena.

Así mismo, muchas horas de nuestra  vida diaria,  entregamos  con pasión frenesí y esmero, en  amor fraternal y justicia plena, de sinceridad y  fortaleza ética y moral,  a nuestros  amados alumnas y alumnos, a lo largo de esta década del nuevo milenio en Los Olivos- lima y del último quinquenio del siglo XX en mi natal  Rioja- Región San Martín Perú.
Dediqué mis 17 primeros  años  a la alegría de ser niño y servir como amigo compañía y bastón a mi amada, estricta madre - amiga Panchita Torres, en mi Rioja incomparable, para  quienes  desde mi adolescencia recibió y   prodigo entrega y preocupación  junto a sus necesidades y luchas sociales. Desde muy pequeño trabajo, por espíritu de servicio y  laboral de formación inculcada por mi  madre-maestra,  más que por necesidad.
Me  inicio en el trabajo como fuente de sustento,  en el sector transportes, previo pase “bautismal” fugaz de obrero en 2 fábricas transnacionales por los años  78 - 79. Por más de una década lucho junto a los postales, por mejores condiciones laborales y económicas, desde el fortísimo SINDICATO SINATRAP. Paralelamente fue forjándome como  profesional de estudio y trabajo y en la lucha estudiantil, criterio y visión indesligable de mi  forma esencial  de ver la vida y  vivirla:
Siempre en el pueblo, siempre por el pueblo, siempre para el pueblo, siempre junto al pueblo, siempre desde el pueblo.
Al término del 1er. quinquenio del presente siglo, forjamos  y dirigimos   dos proyectos valiosos, uno junto con mi entrañable amigo Orlando,  la Iglesia Amor y Fe;  y con 3 colegas  sindicalistas  LA UNIVERSIDAD SOCIALISTA DEL PERU “JOSE CARLOS MARIATEGUI”, ambas en operatividad y de comprobado provecho social.
Hoy como docente, en educación superior del Perú, sigo en el SINDICATO SIDESP,  laboro con similares valores: respeto, estima, compromiso y apoyo….da alegría observar que retornan  exitosos y recordados jóvenes provistos de gratitud, discípulos que cada trienio salen al mundo laboral a forjarse un provenir dichoso.
Nuestra experiencia familiar por  mas de una década  por el competitivo mundo empresarial, en un entorno económico histórico verdaderamente  complejo en el Perú, dura cosa fue hacer empresa  en el Perú 1985-1990; ello nos  permitió conocer, comprender y dotarnos de una  visión empresarial que nos  fortalece hoy para estructurar  una persistente propuesta de estudio y trabajo en coeducación. Agente motivador de espíritu emprendedor en nuestros  pupilos, acorde con la  formación de economista y fiel a dicho compromiso profesional   cristiano y “muy a pesar” de nuestra  clara concepción socialista del devenir político y económico nacional, que anhelamos.
Gozar de confianza en el futuro dichoso del Perú y sentir  en la profundidad de nuestra  conciencia y corazón que muy pronto el Perú no solo crecerá, no solo se desarrollará, si no que volverá a ser la fuente nutricia de un mundo nuevo y mejor para todos y los escasos 30 millones de   peruanos, que supieron trabajar mientras se configura un orden nuevo en justicia verdad amor y trabajo dedicado y esforzado para hacer del Perú un país nuevamente digno de DECIR: VALE UN PERÚ NUEVO".
GSCastro
Gscastro27@hotmail.com

cuento Cápsula e imágenes enviadas por Gil Segundo Castro Torres para su publicación en la revista Archivos del Sur.

domingo, 5 de enero de 2014

Marcos Rodrigo Ramos - Castillos de arena


Castillos de arena

Todo ocurrió en diciembre del 99 en Valeria del mar. Era miércoles. Estaba solo en la playa dedicándome a mi hobby favorito, construir castillos de arena. Los expertos como yo sabemos que es necesario hacer un pozo de treinta centímetros y usar esa arena que está mezclada con agua salada, al ser blanda permite que uno le de la forma que quiera y en menos de un minuto se endurece. Mis amigos siempre me criticaron este hábito, decían que teniendo tanto talento debería usar otro tipo de materiales. Algo de razón tenían pues el destino inevitable de mis obras de arte era el ser destruidas en un día por el agua y el viento.
              Fue en uno de esos pozos que reconocí al tacto algo duro enterrado, horrorizado descubrí que se trataba de una mano. Miré mejor y noté que se movía, comencé a escarbar desesperado. Al ver todo el brazo comprendí que el cuerpo estaba en posición horizontal. Quité la arena buscando la cabeza, era una muchacha delgada. Luego de liberar todo el cuerpo la moví un poco, entonces abrió los ojos por un momento y los volvió a cerrar.
               La llevé a mi casa que estaba del otro lado de los médanos, no había nadie alrededor. Alta y de cuerpo bien femenino no pesaba demasiado. Desnuda, cada milímetro de su piel se hallaba cubierto de arena. Cuando llegamos la recosté en el sillón y llené la bañadera. Al primer contacto con el agua se movió un poco pero no despertó. La sumergí toda menos la cabeza y comencé a pasarle jabón para despegar la arena. La más difícil de sacar fue la del pelo. Tenía un anillo con una piedra roja. Cuando la levanté me di cuenta que había dejado una gruesa capa de arena en el fondo de la bañadera. La noté más delgada, parecía que con la arena se había ido parte de su cuerpo.
               Luego de secarla la recosté en la cama y le puse una remera. Dejé una bandeja con jugo y tostadas en la mesa de luz. Me acosté en el sofá y me dormí. Al  despertar la vi sentada comiendo. Tenía sus ojos celestes bien abiertos. Fui a su lado me miró sin asustarse.
-Usted me salvó.
-Te encontré en la playa. Soy Rodrigo. ¿Vos cómo te llamás?
-No sé.
-¿Cómo que no sabés?
-No me acuerdo. Tampoco sé de dónde vengo y porqué estaba allí. Sólo tengo la imagen de la oscuridad total y la sensación de no poder moverme, le juro que pensé que estaba muerta. Después apareció la luz y su cara. Aunque no lo conozco algo en sus ojos me dijo que usted era bueno y me protegería. Por lo visto no me equivoqué.
-Prestame tu anillo
-¿Para qué?
-Ves acá, en la parte de atrás hay escrito un nombre, probablemente el tuyo. Mónica.
-Bueno, dígame así. ¿Sabe qué pasa? Me asusta pensar que no voy a volver a recordar mi pasado. Una siente que no tiene familia, casa, nada...
           Se puso a llorar en mi hombro. Sentí lastima por ella y le acaricié el pelo.
-Tranquila.  Lo que te pasó es muy fuerte y por eso estás así. Con el tiempo y a medida que te tranquilices vas a recordar de todo. Mientras tanto vas a quedarte conmigo ¿Te parece bien?
-¿Le puedo pedir un favor?
-Lo que quieras.
-Tengo hambre.
-Ahora te traigo algo.
-Rodrigo.
-¿Qué?
               Me tomó de la mano y me dio un beso en la mejilla apenas tocándome el borde del labio. La solté y fui a la cocina a prepararle algo. Cuando regresé se había vuelto a dormir. Anochecía y cerré todas las ventanas, luego de comer me recosté en la cama de mi hija. Alrededor de la medianoche un grito me sobresaltó. Era ella que corriendo entró en el cuarto y temblando me abrazó.
-¿Qué pasa?
-¡Tengo miedo!
             Llovía fuerte. Comprendí su temor y le hice un lugar en la cama. Abrazada a mí sentía los latidos de su corazón que se iba desacelerando. Se durmió enseguida. Me sentía feliz protegiendo su cuerpo tan de mujer y su alma tan de niña.
             A la mañana siguiente el frío me despertó. La ventana estaba abierta. El viento y el agua entraban a la par, por lo mojados que estaban los muebles y el piso deduje que desde hacía tiempo. Mónica no estaba. La llamé, busqué por toda la casa, salí a la calle, pregunté a quien se me cruzara por ella pero nadie la había visto. 
             Después de una semana encontré su anillo. Al tiempo volví a realizar mis caminatas por la playa. Hice un pozo y me dediqué de vuelta a mi pasión, creo que fue el castillo más lindo que construí en la vida. En una de sus torres coloqué el anillo. Visto desde lejos parecía una simple montaña de arena. Ese día odié con toda mi alma al agua y al viento porque sabía que mañana, con ellos, se habría ido mi castillo. 

(c)Marcos Rodrigo Ramos
Moreno
Provincia de Buenos Aires