domingo, 17 de abril de 2016

Parafraseando Réquiem por un mundo desfallecido - Javier Claure Covarrubias

Javier Claure C.
Tío de la mina
ilustración de Sandra Berg Mozard


Todo era transparente a mi alrededor. Yo estuve en el vientre de mi madre nadando en el líquido amniótico durante varios meses. Yo era rebelde desde mi gestación. A veces me daba vueltas como un astronauta. Otras veces, me desplazaba hacia la izquierda provocando una leve punzada. De pronto llegaron las contracciones, mi madre pujaba con fuerza y lágrimas caían por sus mejillas. Finalmente rodó la envoltura, y llegué a este mundo de alegrías y de dolor.
Yo nací en un lugar en donde las palliris, a la intemperie, martillan y martillan las piedras como Penélopes del altiplano; para encontrar el dorado de sus sueños. Pero en el dobladillo de sus polleras encuentran las cruces de su existir. En ese mismo lugar misterioso, plateado por el estaño, sale el Tío de la mina, todas las noches, con su farolito rojo amarillo verde. Corre por la calle Junín, y cuando llega a la altura donde se encontraba la cruz verde grita a los cuatro vientos. Apunta con su dedo a los malhechores y se ríe a carcajadas. Pero también multiplica, con su varita mágica, la alegría en los Carnavales.
Yo no soy de medias tintas, me gusta que vean la carne de mi rostro. Por eso he blasfemado contra la monarquía, ladrones sin causa. Yo sufro de esa enfermedad que se llama mal de boca con fundamento. A mí que no me vengan con cartas falsificadas, con abogados delincuentes ni cálculos mal hechos. Porque yo soy la bulla que saca puntas a la verdad. Soy ácido sulfúrico ante el delito, y mi flecha rompe la palabra oculta en cada lengua. De haber sido un pajarillo manzanero, he pasado a ser un pajarraco juicioso y capaz de dar forma al roble, capaz de quitar el último deseo que anhela la maldad. Entonces mi acción es simple. Cada madrugada, en verano y en invierno, abro mi ventana y echo a volar golondrinas, de todo color, con la única esperanza de que reine la Paz en la Tierra, de que se cante por fin el feliz cumpleaños. Y, sobre todo, para que nunca más se repita la historia en Juffure, de donde salió, a latigazos, el joven Kunta Kinte. África es una hermosa corona ancestral, un corazón abierto lleno de secretos. Y desde Senegal, el impresionante monumento del renacimiento africano, ruge como león para desafiar a los invasores. Yaa Asantewaa, Lumumba y Mandela sembraron estrellas en el continente africano.
Nadie se atrevió a decir la verdad, todos se ocultaron detrás de la mentira. Pero en realidad, no hubo silencio. Los dardos viajaron por su camino, las secuelas colaterales de la Unión Europea se pusieron sobre la mesa, y un camión permaneció volcado dentro de un enorme cilindro metálico. Sin embargo, ayer a las dos de la tarde, pasó el cartero por mi casa con un serrucho en las manos. A mi vecina, a esa guapa mujer de Eritrea, le serruchó todas sus cartas. Al libanés, ese hombre serio que dicen que ha estado en la guerra de su país, sin más ni más; le serruchó su puerta. Y a mí me tiró por el buzón: un ramillete de poemas fosforescentes. Y cuando la noche se hincaba respirando como una serpiente recién nacida, el arcángel partió el útero de la Pachamama, para despojar del mundo y de sus habitantes toda esclavitud, toda cadena impuesta por los más fuertes y todos los tabúes que no dejan actuar a los seres humanos. Así la media noche se convirtió en un pájaro en llamas con las alas abiertas. Y por caer fuego como lava desbordada, las ánforas giraron 360 grados. Se ejerció la correlación de fuerzas y los juicios hablaron por sí mismos.
Pero … ¿Por qué esos ataques de furia mostrando su ejército en las fronteras? ¿Por qué esa disertación putrefacta? Por más que quieran, no pueden. Por la rotunda victoria de Evo y su gobierno en la Haya. El tiempo y el avance de la humanidad es el factor clave para reparar una injusticia continental. El tiempo es un caballero de cien mutaciones y la polilla que muerde los recuerdos. Precisamente en el transcurrir del tiempo, en un punto geográfico determinado, Mariama Diallo, estuvo poseída por el gran deseo de su corazón. Fue, entonces, cuando su vestido adivinó lo prohibido desmoronando cualquier partícula. Sus elipses cayeron a la chúcara geometría y un suave quejido, ocasionó el efecto candado. Pues digan lo que digan, allí estaba ella como una sola palmera.
A todo esto ¿Cómo explicar a la manada de osos polares que se derriten los montes de hielo? Y que el mar se comerá a muchas ciudades. ¿Cómo explicar al efecto invernadero que vivimos enfermos de consumo? Como si fuese el sexo de cada día, como si la energía fuese interminable. En fin, todo ocupa un lugar en el espacio: una caja de chocolates de dos pisos, finito. La secuencia de números primos, infinito. Y donde aman la vida con pasión, no existe el odio ni las guerras. Más allá de la raya, una lavandera orea las suciedades de la dueña de casa.
Y ahora llegó el adiós despuntando en la vía férrea. Te invito a meditar sobre el adiós. Para unos puede ser una breve pausa y para otros un boleto al otro mundo. Adiós porque no conoces el vocablo perdón, porque tu movida se impregnó de lo fúnebre y el portón se cerró con plomo fundido. Al otro lado, ese cuerpo llorón y solitario se acuchilla cada noche por su pecado a flor de piel. Adiós con letra serpiente, con hormigas sobre tu cabeza y con esta mirada acusadora. Todo es adiós: el futuro es adiós, la comida es adiós.

 

 

* El apelativo de palliri viene de la palabra quechua "pallar" que significa recolectar. La palliri es generalmente una mujer que escoge, a martillazos, el mineral de las rocas.
* Pachamama: Madre Tierra

(c) Javier Claure Covarrubias

Estocolmo
Suecia

Javier Claure Covarrubias nació en Oruro, capital folklórica de Bolivia. Es miembro del Pen-Club Internacional, de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Oruro (UNPE) y de la Sociedad de Escritores Suecos. Ejerce el periodismo cultural. Tiene poemas y artículos dispersos en publicaciones de Suecia, Bolivia y en diferentes sitios de Internet.
Fue uno de los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo, 1991).
Ha estudiado informática en la Escuela Real de Tecnología (Kungliga Tekniska Högskolan) y en la Universidad de Uppsala. También estudió matemátias en la Universidad de Estocolmo, casa de estudios donde además obtuvo una maestría en Pedagogía.
Formó parte de la redacción de las revistas literarias "Contraluz" y "Noche Literaria". Algunos de sus poemas han sido seleccionados para las siguientes antologías: "El libro de todos" (1999), "La poesía en Oruro" (2005), "Poesía Boliviana en Suecia" (2005), "Antología comentada de la Poesía Boliviana" (2010) y "Antología de la poesía universal, poetas del siglo XXI" (2010). Forma parte del "Diccionario de autores orureños" (2007).
Ha publicado "Preámbulos y ausencias" (2004), "Con el fuego en la palabra" (2006) y "Extraño oficio" (2010). En 2014 publicó el libro "Réquiem por un mundo desfallecido.



sábado, 16 de abril de 2016

El hombrecito de la fortuna amorosa adversa -Facundo Yedro



Facundo Yedro

 
En la ciudad de Agranama, en los tugurios de mala reputación suele recordarse, con cierto aire melancólico la historia del matemático Gentile, el hombrecito de la fortuna amorosa adversa. Según cuentan, la tragedia del amor solo incurría, irónicamente, luego de un beso. Como un desatino cruel, cada ósculo acompañaba el dramatismo del olvido permanente. En ciertas ocasiones, la madrugada lo encontraba retirando su boca de alguien que no recordaba quien era. Y las muchachas entre sollozos y lamentos creían que aquel padecimiento no era más que una indecorosa puesta en escena para no incurrir en los miserables actos de encuentros persistentes.
En el barrio, el deseo de mantenerle oculto aquella afección había sido siempre la principal tarea de su familia. Concluían que la ignorancia siempre atrae la dicha y, como contraposición, lo que se nos revela solo ocurre para acercarnos un poco más al infortunio y la desgracia. Por ello, solo se remitían a ofrecerles respuestas engañosas cuando preguntaba que era besar y porque jamás acaso había experimentado aquella sensación. Sin embargo, las tareas habían resultado infructuosas, en parte por las malas maniobras de algunos vecinos dotados con la torpeza, que se sobrepasaban con comentarios desafortunados:
- ¡Ahí va el besador sin memoria!
Sin más remedios, la familia confesó el mal que lo aquejaba. A partir de conocer su lúgubre destino, Gentile, optó por tomar drásticas decisiones. Comenzó a besar a aquellas muchachitas a las que encontraba poco atractivas y cuya consecuencia de olvido no le generaría tanta desdicha. Con el tiempo llegó a dos conclusiones, la primera que la maniobra resultaba indiferente ya que igualmente jamás recordaba los encuentros, la segunda era que en el barrio habían comenzado a asignarlo dentro de la nómina de personas que mantenían relaciones amorosas esporádicas con mujercitas poco agraciadas:
- ¡Ahí va el bichero!
Solo algunas veces, de puro comedido que era, arremetía a favor de un amor que creía venturoso pero luego recaía nuevamente en los crueles asuntos de la amnesia permanente. Lo que si advertía, y de eso estaba seguro, era que jamás había realizado un contacto con Laura, la chica de la vuelta que tanto anhelaba. Sus silogismos se valían de deducciones realizadas por el simple acto del recuerdo. Cada día podía evocarla casi desde el primer momento que la había observado. Todas las noches antes de dormir rememoraba eventos en las que ella estuviera presente, y al hacerlos concluía que ese día no la había besado. Lo que le generaba sentimientos polarizados, sabiendo que sostenía la gracia del recuerdo pero el infortunio del desamor, algo frecuente en las pasiones no resueltas.
Paradójicamente la leyenda sugería que Laura también guardaba en ella un poder que la alejaba de algunos amantes: sus besos generaban en la otredad la imposibilidad del olvido. Cada enamorado, atraído por los ávidos deseos, permanecía para siempre solo pudiendo recordar aquel suceso. Suárez, el publicista de la ciudad, había sido uno de los primeros afectados por la consecuencia de los arrebatos amorosos. Según comentaban en el barrio, los padecimientos fueron tales que la única solución que encontraron para erradicar el mal era someterlo a una intervención quirúrgica para extirpar la región de los recuerdos. Pero Suárez nunca asistió a la cirugía, quizás porque jamás pudo recordar el día y la hora de la operación.
Gentile proyectaba cálculos matemáticos de probabilidades de recuerdos y olvidos, estudiaba la composición química del beso, realizaba operaciones para determinar la energía de las pasiones, la materia de la indiferencia, el tiempo y hasta el espacio del desengaño. Toda su rutina estaba avocada a lograr predecir qué sucedería si sus labios de amnesia se unieran a los de remembranza de Laura. Algunos compañeros le aconsejaban que se olvidara de ella y él le contestaba que la única forma de lograrlo era besándola, pero ello generaría un recuerdo permanente por la maldición de su vecina, una amnesia recordatoria con consecuencias devastadoras sin precedentes.
Una madrugada, luego de regresar de algún sitio que no recordaba exactamente, Gentile se percató que una silueta de alguien parecida a Laura se acercaba en dirección a su casa. Como una especie de amante clandestino lo asaltó el pánico y corrió en círculo durante unas tres o cuatro vueltas. Finalmente el cansancio lo encontró recostado sobre el asfalto, jadeando, mientras Laura pasaba a su lado sin siquiera percatarse de él.
La leyenda cuenta que un día Gentile, finalmente, dejó de reconocer quien era esa muchachita de la vuelta de su casa y nunca más la pudo recordar. Algunos desconfiados aseguran que eso fue tan solo una lastimosa maniobra, dispuesto a convencerse que algunos falsos relatos suelen ser preferibles a la fatalidad del amor no consumado.

(c) Facundo Yedro

Río Cuarto

Provincia de Córdoba

República Argentina



Facundo Yedro (28), de profesión Odontólogo. Desde el año 2013 asiste al Taller Literario Municipal de la localidad de Coronel Moldes, Córdoba. Obtuvo el primer premio en Concurso Literario organizado por la Sociedad de Escritores de Rio Cuarto, en diciembre de 2014. Participó en la edición de dos libros del taller municipal, Encuentro en cuentos (2014) y Letras de Moldes (2015). Ha publicado cuentos en el diario Puntal y en la revista El Decidor. Disfruta de la lectura de Julio Cortázar, Ray Bradbury, Alejandro Dolina, García Márquez.