jueves, 1 de agosto de 2019

Ese cantor de tangos - Dolores González Opazo



                     
foto: (c) Julio E. Foster - Festival Peñaflor 

        “Mario Salinas ,un auténtico cantor arrabalero” , así lo anunciaba el gran cartel con múltiples fotografías en la puerta de la quinta de recreo “ El Rosedal “.
        Hoy será día de tangos en la gran y hermosa quinta de recreo  , en ella el cantor  Mario Salinas interpretará , su  amplio repertorio de tangos,  solo como el sabe hacerlo, con su gran voz y su prestancia, irá llevando a su público más allá de la emoción y los aplausos.
        Cada noche llega y hace su entrada  como todo un artista , vestido con su mejor traje para hacerse dueño del escenario y del lugar. Mario no es un adonis de hombre, mas tiene ese algo que no tiene la mayoría, lleva con él una voz privilegiada que sabe usar muy bien . De estatura media , vestido impecablemente   de traje oscuro muy bien  planchado, con el pantalón de raya profundamente   marcada, camisa blanca  de cuello almidonado y corbata afín, con la punta de un  pañuelo asomado sobre el bolsillito de su traje y de engominado cabello, un pequeño bigotito sobre su labio superior y una sonrisa entre melancólica y audaz , que le dan a su rostro moreno ese aire de importante, que solo tienen los cantores argentinos, con la diferencia de que él no lo es . 
      La gran pista de baile está repleta a esta hora , un parloteo incesante de voces y risas  se escucha por sobre el sonido musical . Hombres y mujeres con su mejor vestimenta  se dan cita hoy en el gran “ Rosedal”, lugar de encuentro para la bohemia santiaguina, hermosa y bella quinta de recreo donde solo actúan los grandes .
          Cada fin de semana el paradero 18 de gran avenida enciende sus luces multicolores, para dar paso, al fantástico desfile de grandes artistas por sobre su iluminado escenario .
         Largas filas de automóviles se acomodan, entre las dos vías de la gran avenida , desde el paradero 17 al 19 cubren los dos costados, más el bandejón central. 
       “Parque quinta de Recreo El Rosedal”, allí se cena , se canta y se baila al compás de la orquesta estable de Armando Bonasco, se escucha al Dúo Rey Silva . Toca su bandoneón Quintano y Frigerio.
       Bill Halley y sus cometas en alguna ocasión, han creado la locura rocanrolera  en sus pistas, Lucho Gatica y su enamorado corazón crean el romanticismo  para de esa form , unir a más de alguna pareja que se ha  conocido bajo su embrujo. Pérez Prado, Los Panchos y muchos más han iluminado este escenario. Todo  transmitido a diario  por  radio Sudamérica. 
      Allí, con ese ambiente se codeaba Mario, con los grandes que inflamaban de dicha y gozo su corazón romántico y nostálgico de tanguero, allí en ese escenario de estrellas el presentaba su show, acompañado de bandeones y guitarras.  Su clara y profunda voz emocionaba a las mujeres y envalentonaba a los hombres , interpretaba con alma y sentimiento  su repertorio. Allí, él era el grande , allí se convertía en un artista aplaudido, vitoreado, admirado. Allí entre luminarias y estrellas olvidaba que solo era Mario, allí olvidaba que muy cerca lo esperaba  una familia, una mujer abnegada y laboriosa , olvidaba  que un puñado de muchachitos miraban con ojos ansiosos, en  la puerta de la humilde casa , en espera de lo que él traería en la madrugada.
        Barrio Gran Avenida , donde las estrellas se juntaban cada noche para formar un nuevo cielo, donde los cometas pasaban y dejaban su coleta de luz mágica  brillando por muchos días. Barrio hermoso de antaño, con sus grandes y frondosos acacios guardadores de profundos secretos , de largas y oscuras calles de casonas blancas y tejados rojos. De plazas arboladas donde los amores, prohibidos tenían su lugar secreto, donde se fumaba a escondidas aquel primer cigarrillo , encuentro de amistades divinas e inolvidables .
         Tres pistas de baile y un jardín con hermosos rosales siempre floridos. Una entrada de autos por uno de sus costados y  árboles adornados de miles de luces, son la maravilla del parque  El Rosedal.
         El tranvía que detiene su marcha frente a la puerta, trae gente de todas partes y condición social diversa,  para todos esta noche el disfrute es igual , no existe la diferencia. Un hada pequeñita e invisible desparrama sobre los asistentes el polvo de estrellas que trae dicha, alegría y felicidad, las inolvidables competencias de baile , donde gana la pareja de mayor resistencia  son esperadas por los mejores bailarines . 
        Y frente a tan magnifico y elegante espectáculo la otra cara de la moneda .
         En los alrededores, callecitas arboladas y  de tierra , albergan familias numerosas y chiquillos  descalzos ,que juegan y corren detrás de una pelota  en las calles cada tarde , cabezas mojadas de sudor y pies empolvados de tierra ,  llamándose a gritos , para dar antes que oscurezca el pitazo final y al equipo ganador.
        Allí entre tanto chiquillo, los hijos de Mario el cantor , también juegan su partido diario . Y al llegar  la noche, uno de ellos el mayor, cuando la casa duerme y todos ya están inmersos en el mundo de los sueños , escapa a hurtadillas de su casa, para  ir al fantasioso lugar y desde la puerta muy acurrucado en el elegante dintel, contemplar emocionado la actuación de su padre, frente a tanta gente linda y elegante. Luego de verlo, con lágrimas de alegría en los ojos parte en medio de la oscuridad de la noche ,de vuelta a  su humilde casa orgulloso y feliz . Aquel que tanto aplaudieron, aquel cantor exitoso…. era su padre .
       Hoy ya la Gran Avenida no es la misma, el paso del tiempo, dio también paso a la modernidad de los grandes edificios, de los grandes supermercados y negocios automovilísticos. Aquellos amplios bandejones donde se estacionaban los autos para la diversión, hoy son grandes jardines con palmeras inmóviles . Hoy solo  quedan aun sobreviviendo al tiempo  los nombres de  memorables calles José Ureta , Santa Elisa y Barros Lucos y unas cuantas más 
        Y de aquel cantor arrabalero de soñados grandes escenarios , aún queda el recuerdo de su voz y su prestancia en la memoria de unos cuantos hijos , que  ya no se reúnen para  recordar juntos, la voz magnífica de un padre cantor , o  transmitir a hijos y nietos el orgullo de ser hijos de un tanguero, de ese que brilló con su voz  en un fantástico lugar llamado “ El Rosedal “  ,que ya no existe  pero que aunque parezca un sueño,   si existió.... 
       La vida también nos hace crecer, nos cambia y nos disgrega como familia ,  todos cerca y lejanos a la vez ,han ido olvidando esa voz cantante que cada fin de año y en acontecimientos especiales , reunía a familiares y amigos , para recordar aquellos tiempos de juventud, de libertad,de risas, de dulce irresponsabilidad donde llego a tocar el ciel , a través de aplausos y vítores; en medio de candilejas multicolores, donde cada noche brilló  como un grande más en la magia del  escenario, allí donde cumplió tantas veces el sueño de ser un gran artista.
       También la modernidad acabó ,con el fantasioso camino de estrellas que fue el parque Quinta de recreo El Rosedal, ya no hay brillo ,ni luces, ni risas , ni grandes orquestas  en su interior ; solo una humilde y poco iluminada fuente de soda con una pequeña puerta, donde un par de  desconocidos clientes beben al paso. Un oscuro letrero que conserva el  nombre , nos recuerda que allí hubo alguna vez un cielo divino. Y así quizás ocurra que al llegar la  noche , se enciendan nuevamente las luces , para dar vida a este  brillante lugar, donde al compás de la música y la orquesta  vuelvan a bailar en sus pistas, fantasmales figuras  que ya no están, y que un día disfrutaron ahí de la magia del baile ,y del escenario.
      El barrio ya no es el mismo, todo es diferente . La gente , sus casas , sus calles todo quedo atrás. Sin embargo aunque aquellas estrellas, que iluminaron sus noches ya no esté , aun viven en la memoria de muchos; incluso en aquel pequeño y oscuro letrero cubierto de polvo, que recuerda la majestuosidad y la elegancia de un tiempo pasado. 
       Y aunque aquel cantor tanguero de bella voz, ya hace tiempo  canta en otro cielo yo aún  le recuerdo ,  no lo conocí lo suficiente ;solo lo necesario para decir que fue parte de un tiempo de maravillas y estrellas ,en un hermoso lugar y en un barrio, donde ya no existe el cielo de estrellas , ni los niños corriendo detrás de un balón , ni los acacios que se fueron con sus secretos bajo el hacha podadora  , ni sus antiguas y grandes casas blancas , ni sus rojos techos .
      En una vuelta del destino, las luces del gran parque se apagaron, el  firmamento de estrellas que resplandecía cada noche,  se marchó a otro cielo, el barrio iluminado de brillante escarcha  desapareció. 
       Y aquí…… en una oscura calle  solitaria, entre encendidas candilejas ,un lucero cantor de tangos una helada  noche invernal se marchó, cerró sus ojos para siempre, llevando en su equipaje, los recuerdos de aquellas mágicas noches, de amigos eternos  y  sus  tangos , aquellos que después de su partida , ya nadie volvió a escuchar.  
        Hoy solo habitan en quienes lo recordamos  , sus anécdotas, sus canciones,  y en el recuerdo de la memoria de cada uno la certeza,  de  que vivirá por siempre  calladamente…… sin tiempo, ni olvido , ni distancia .         
© Dolores González Opazo
Santiago de Chile
                          
                       

          Dolores Gonzalez Opazo nacida en Villa alegre ,.tierra de naranjos y viñedos , donde el perfume de los azahares , se confunden con las fragancia de las vides. Allí entre sus naranjales perfumados escribía pequeños cuentos en las hojas de sus cuadernos. Hoy ve la vida pasar sentada en su silla de ruedas, recordando los momentos gratos que esta a pesar de todo  le regaló con generosidad , y aunque falta movilidad y vocabulario felizmente ha vuelto el deseo de leer y de escribir.  Reside actualmente en Santiago de Chile, sin perder la esperanza del regreso a sus raíces.       
Foto: © Julio E. Foster, Festival Peñaflor