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Seis microrrelatos - Araceli Otamendi

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  imagen: (c) Federico Zorzoli @fedez88888 El sueño de Chuang-Tsu y la mariposa Soñó que soñaba con Chuang- Tsu, que había soñado con una mariposa. Al despertar, en el sueño que soñaba con Chuang- Tsu se encontró con las alas desplegadas. Epifanía Buscó la palabra Epifanía en el diccionario y se encontró con el regalo de los Tres Reyes Magos.   La otra casa   Me fui a vivir a la casa de enfrente, parecía deshabitada. Me instalé ahí y empecé a vivir otra vida. Y desde la ventana de la casa de enfrente veía mi vida y pensaba por qué tanto tiempo en cambiar. En mi vida anterior no me escuchaba, seguía viviendo ahí. Ahora vivía en pasado y presente. Para recordar el pasado, cruzaba a mi casa anterior, olvidándome de la nueva casa. Me empapaba en recuerdos y volvía a cruzar. Y de nuevo era yo y mi vida actual.   El odio Llevaba años con el odio oprimiéndole el corazón, le guardaba rencor y quería escribir una  nueva página en su historia, borrar l...

Susana Szwarc - La resolana -Cuentos reunidos*

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Dos microrrelatos del libro La resolana - Cuentos reunidos de Susana Szwarc con prólogo de Ana María Shua - editorial Contexto - colección Los imprescindibles  MUSICALES La guitarra se achica cuando llega el contrabajo. El guitarrista también. Después empieza a tocar y crece, crece. Entre las cuerdas de una y de otro parecen caer las gotas de saliva, de sudor. El bandoneonista baila con los dedos, el bandoneón se abre completamente. En el escenario garúa y las sílabas están a punto de chocar, yo de gritar. Acomodo la pollera larga y una parte cae sobre el tablado que enrojece, enrojece más. El cantante sangra, una nota se desfleca y entra en mi boca. Nos aclaramos. EL METRO  Estoy, ahora, en el metro de Tirso de Molina en Madrid. Escucho una música, la reconozco, busco el vagón. Sí, el niño rumano es el mismo, un poco más alto, y la mujer que lo acompaña -su mamá supongo- está más arrugada, las canas más grises. Comienzo a seguirlo, por momentos...

Maritza Morales Valero - Microrrelatos

DEJA VU — ¡Eres una desgraciada!!!!!!!! — me gritaba. Irrumpió a llorar. Pateó con fuerza la puerta y con odio me miraba. Sentí miedo, miedo por mí, por ella. Miré el cuchillo; reposaba al borde del fregadero, tan cerca, pensé que me iba a herir o que se haría daño, siempre lo hacía cuando me culpaba.... Un temblor interno invadió mi cuerpo que se helaba, perdí el color, la sensación en mi vientre, el vacío en mi pecho... mi Deja vu, el que siempre me acompañaba, desde la primera vez que me hizo daño, desde que se lo hizo, desde que enfermó…., desde que me parió. ----------- Las cigüeñas son mudas Mi cabeza apunta al suelo, hacia las nubes mis pies acomodé la postura, observé. Tres alguaciles posaban en trajes inmaculados, proporcionaban ensueños a tres chicas que a su lado retozaban zalameras, manoseaban las esposas: las que someten a rehenes que cargan grises carrozas. A sus espaldas tumultos muchedumbres exaltadas recogía el aire insultos y a unas botellas ...

Facundo Melchionda - Bajar la guardia y otros relatos breves

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Bajar la guardia     What a sight for my eyes | to see you in sleep Ian Anderson Me desperté compartiendo la única plaza con una onírica faltante. Tuve sus cabellos, olvidando los míos. Tuve su cuerpo, abrazando simple aire. Tuve toda fortaleza, advenida sin esfuerzo alguno. Abrí mis ojos convencido de que estaba, pero no. Y la extrañé, como si la hubiera tenido. Me inquietó la idea de la existencia de testigos de semejante sueño, de escuchas de las voces en vigilia; me avergoncé de bajar la guardia. Comprendí el mensaje de mí mismo, y me acobardó hacerme caso.        microrrelato Seguía intentando endulzarla desde el desconocimiento de su acidez más ácida, y falto de humedad y locura olvidó sus distintivos, dejando visible sólo carne. Ella podía perdonarle  casi   todas  esas cosas. Por eso no llegó a revolucionarla más que con amistosa ternura infantil. tercer riel     Las mira...