Los conjurados - Araceli Otamendi
imagen generada por IA de Bing En el arenal, en el arenal pensaba ella, estaríamos tranquilos. Eran las tres de la tarde y hacía calor, como una candente mañana de febrero. Pero era septiembre y la naturaleza empezaba a despertar. Fue entonces cuando recibió el llamado. Era la voz inconfundible, era él. En diez minutos la pasaba a buscar. Sin contestar, ella asintió. Se cambió de ropa, bajó hasta la calle y ahí estaba él. Ella subió al auto; él apenas la saludó. Estaban de acuerdo y ninguno de los dos había pronunciado palabra alguna. Él manejaba tranquilo y ella esperaba alguna respuesta. Solo un rato después, cuando él detuvo la marcha para cargar nafta, ella preguntó si irían al lugar de siempre. Él dijo: —Sí, el río está crecido, vamos igual. Durante el trayecto, ella se dedicó a mirar el paisaje por la ventanilla. Le gustaba esa avenida tan larga, llena de árboles; le gustaban los jardines de las casas. Aunque nunca viviría en esos lugares; ella p...