domingo, 13 de marzo de 2022

Borges, pensé que te soñaba - Márcia Batista Ramos

 

Borges y su gato Bepo, con cuadro de Norah
Borges - recreación MNBA



 

Anoche, yo no sabía si dormía y soñaba o si realmente uno de los más brillantes y polémicos escritores de América del Sur, Borges, estaba allí con su bastón y sus ojos ciegos, observándome con los ojos del alma, como solía hacer cuando estaba en un parque soleado o en un salón previo una conferencia.

Pensé en las herencias de familia: en relación a la población mundial son raras las personas que heredan un millón de dólares de su familia, la mayoría no hereda ni un ropero usado, por el contrario, heredan la facilidad de engordar o alguna tendencia al sufrimiento y lo más de las veces, un gen que marca la diferencia en la existencia, como fue la ceguera en el caso de Borges. Primero su bisabuelo, después su abuela, luego su padre y finalmente Jorge Luis. Sí, el escritor fundamental de la literatura en la lengua española del siglo XX, al mismo que le fue negado el Nobel de literatura, su cuerpo fue privado del sentido de la vista en los últimos 29 años de su vida en la tierra.

Como si escuchara mis pensamientos, Borges contestó con cierto titubeo: -Recuerdo a “mi padre y mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir. Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo), pero no se hereda el valor. Sé que fueron valientes”. En mi historia clínica, registran ocho cirugías dolorosas, como bien lo sabes, ya experimentaste una, pero, en mi caso, sin resultados. No fue posible salvar la visión, fue un trago amargo te lo confieso, empero no quise claudicar a lo mío, seguí escribiendo porque la fuente creativa es más interna… Todo es más interno… Hasta el hecho de ver el mundo… Veo todo, de otra manera, solamente que no hay muchos detalles o colores…

Hizo una pausa y con la voz un poco embargada siguió hablando:  - Cuando era niño me gustaba observar los colores de todo lo que me rodeaba, en especial de los pájaros y de las plantas. Pasaba largas horas en el patio junto al aljibe observando el pequeño mundo a mi alrededor. Pero poco a poco los colores fueron nublándose, ya tendría mis nueve años y me llevaron al oculista y regresé con unos lentes pesados, gruesos como de fondo de botella… Todo cambió, ya no podía participar de los juegos torpes, con los niños torpes de mi época, ni de las grescas callejeras, tenía que cuidar mis lentes… ¡Ah! Yo tuve que dejar de ser un niño torpe y tornarme formalito… Recibí nuevas instrucciones para seguir viviendo y según crecía me enteraba que la lista era grande, muchas cosas que no haría como ir al cuartel, por ejemplo; tú sabes… Después, los colores fueron abandonándome progresivamente y las formas también: en los últimos tiempos, antes de la noche oscura, pude descifrar el verde y el azul.  En cambio, el amarillo me fue fiel… El blanco desapareció o se confundió con el gris. En cuanto al rojo, ha desaparecido del todo, junto con el negro, por eso escribí: “Nadie rebaje a lágrima o reproche/ esta declaración de la maestría/ de Dios, que con magnífica ironía/ me dio a la vez los libros y la noche”[i].

Sus palabras me llegaron como una punzada en el alma, seguramente porque imaginé al niño juguetón que tuvo que frenarse y adaptarse a las circunstancias y dejar de trepar en los arboles y hacer cosas de niño. Seguramente, por eso se sumergió en los libros y descubrió otros mundos, mientras el problema de la vista se agravó. Me hubiese gustado ayudarlo, mínimamente leerle Joyce o prepararle alguna comida, empero, me percato, que vivimos en planetas diferentes, apenas conectados por la nebulosa de la literatura que, no necesariamente, es retroalimentada; ya que yo navegaré en sus versos miles de veces, como quien navega, regularmente, río arriba, río abajo y nunca llega al puerto donde los niños descalzos juegan con pelota con sus camisas blancas abiertas en el pecho; y él, lector eximio, a quien siempre lo atrajeron las obras que abarcan un mundo como las de Dante, Shakespeare, Tomás de Aquino, Aristóteles,  jamás se enterará que escribo textos cortos, para un mundo líquido que vive apresurado y cada vez más, aprecia menos la lectura.

Con certeza, él percibió mi desolación y dijo: - Un escritor ciego, “o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte, tiene que aprovecharlo”[ii], créame, me hubiese gustado recibir, alguna vez por lo menos, tus mimos: una lectura en una tarde de lluvia, una taza de té con gotas de limón frente al hogar… Pero yo viví casi un siglo y el destino no nos permitió encontrarnos. Entonces, vine hoy…

Dijo eso y se dirigió al espejo, tan pronto se acercó empezó a hablar:  

- “No sé cuál es la cara que me mira\cuando miro la cara del espejo; \no sé qué anciano acecha en su reflejo\ con silenciosa y ya cansada ira.\Lento en mi sombra, con la mano exploro\mis invisibles rasgos. Un destello\ me alcanza. He vislumbrado tu cabello \que es de ceniza o es aún de oro. \repito que he perdido solamente la vana superficie de las cosas.\ El consuelo es de Milton y es valiente, \Pero pienso en las letras y en las rosas. Pienso que si pudiera ver mi cara \sabría quién soy en esta tarde rara.”[iii]

Me quedé impresionada, mirándolo detenidamente, en un lapsus, dormí profundamente. Cuando desperté, Borges seguía allí…

(c) Márcia Batista Ramos

 

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Vive hace  más de un cuarto siglo en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Columnista de la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, además. Colaboradora Revista Dominical, Periódico La Patria, Oruro; es colaboradora de varias revistas culturales en diferentes países.
 Está incluida en el DICCIONARIO CULTURAL BOLIVIANO;
Anexo en Diablo- Diablada De Oruro Al Mundo – Antonio Revollo Fernández (2019);
Tiene cuentos, ensayos, crónicas, novela publicadas en libros y antologías.
Publicaciones en revistas  y Blogs: Revista Regatul Cuvantului, Rumania; Faro Cultural Santa Cruz, Santa Cruz, Bolivia; Revista Oxímoron, Sucre, Bolivia; Revista Plaza Catorce, Cochabamba; Revista Culturel, El Salvador; Letras Itinerantes, Colombia; Musuq Nuna, Bolivia; Centro Cultural Francisco Solano, Argentina; Revista Tabaquería, México; Revista poética "Azahar" de España; Revista Paréntesis, México; Piedra y Nido, Argentina; La Literatura del Arte, Paris, Francia; Revista Relieves, Argentina; Revista Brevilla, Chile; Movimiento Poético Riba –Turia, España; Leamos cuentos y crónicas BLOSSPOT. COM, Argentina; Plumas Hispanoamericanas, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Colombia; Revista Km0, Argentina; Alpiedelapalabra, Argentina; Bloghemia, Argentina; Nube Cónica, Chile. Ha publicado varias colaboraciones en la revista Archivos del Sur
 


 

 

 

 



[i] Jorge Luis Borges: Poema de los dones; El hacedor (1960).

[ii] Jorge Luis Borges: Siete noches; donde se recogen las conferencias que pronunció en 1977 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires (1977).

[iii]Jorge Luis Borges: Un Ciego; La rosa profunda (1975).

domingo, 16 de enero de 2022

Mis tíos - Cecilia Vetti

 

 


 

       Mis tíos eran muy machos allá por el 1900, siempre pegaban a sus mujeres. Era una herencia del padre que resplandecía en cada hijo. Mi abuelo Agustín, golpeaba a la abuela María en la madrugada, porque no podía hacerle un huevo frito entero e impecable. Inevitablemente se rompía ante los ojos adormecidos de la abuela, corriendo por la sartén como una sombra amarilla.

Mi abuela se quedaba quieta viendo venir la trompada sobre su ojo titilante. Por la mañana, trataba de ignorar el ojo violeta, se miraba al espejo y sonreía complacida. El macho la había  compensado con una noche de alborotado amor.

Mis tíos heredaron esa manera de tratar a las hembras. Eran admirados en el barrio como verdaderos machos.

Hasta que un día, tío Pancho, casado legalmente con Catalina, se quedó dormido en la casa de Tania, su amante de los martes. Cuando él se acercó, Tania tomaba un mate amargo cerca de la ventana cerrada. Todo a media luz y sin ruido. No vaya a ser que los vecinos chismorrearan y le sacaran la honra a la pobre mujer.

–A su hombre se le sirve el primer mate– le dijo en tono de mando, y allí nomás le largó el bofetón. Ella se tocó la boca y un hilo rojizo comenzó a brotarle. Él le dio una palmada en el trasero y se rió con ganas.

Tania se acercó a la hornalla y retiró la pava. El agua cayó sin prisa sobre el mate espumoso.

Tío Pancho se estiró sobre el acolchado azul y esperó. La voz de ella sonó cerca, casi como un murmullo.  Nada parecida a la de Catalina.

–Al macho de los martes se le sirve primero. – dijo Tania volcando el mate en la oreja de Pancho. Él dio un aullido que no se parecía a nada.  Los gritos salieron por el balcón y recorrieron la calle. Corriendo, corriendo, como lo hacen los machos.

(c) Cecilia Vetti

Banfield

Provincia de Buenos Aires                                               

Cecilia Vetti nació en el barrio de Boedo en la ciudad de Buenos Aires pero hace 60 años que vive en Banfield. Su universidad literaria fue estudiar en los talleres de Mirta Arlt y Mempo Giardinelli junto con los que después fueron famosos escritores. Pertenece a la SADE  de Lomas de Zamora. Dicta un taller Literario en el Teatro Ensamble de Banfield desde hace 12 años.

Editó los libros La soga del tiempo (Faja de Honor de la SADE 2002), Corredor de silencios, Sueño de alas azules, Acurrucada en la luz, Disfrazada de sombra, El despojo, Los botones de mi cuerpo y el libro de poesía premiado con la Faja de Honor de la SADE  2017 Entre las hojas. Su próximo libro es Caminando el después.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 2 de enero de 2022

Un domingo - Araceli Otamendi

 



V i a un hombre robusto, todavía joven, llevaba de la mano dos nenas vestidas con calzas y buzos de color rosa. El vestía pantalones negros ajustados, camisa y moño rosa del mismo color de la ropa de las nenas,  el pelo muy corto, los vi entrar después en una iglesia evangélica. Vi a otro hombre con una nena vestida de bruja, con sombrero y una varita en la mano y ya no era Halloween.

Después vi a dos hombres, cada uno de ellos llevaba dos perros de diferentes razas con correas distintas, conversaban entre ellos.

Entré a un bar notable, hacía años que no iba ahí, había algunas personas conversando, sentadas en las mesas, adentro y afuera del bar.

Todo eso vi y de eso soy testigo.Pero no vi mucho más. Y también acerca de eso quiero testimoniar. No sé si era el cansancio o el aburrimiento, me refugié en la música y en las series de televisión. Y en las redes sociales.

¿Y qué pasó con Mick Jagger? ¿Cuántos hijos tiene? ¿Así que la ex se casó con un famoso empresario multimillonario? ¿Y Mick Jagger habrá sido invitado? ¿Así que el vestido de casamiento de la ex era de Vivien Westwood? 

El vestuario del viaje que hizo la reina, una de ellas, ¿fue diseñado por Givenchy? A cada rato aparecían en Facebook videos cortos con la vida de esas estrellas. 

De cuántas cosas se venía a enterar una, durante la pandemia, a través de las redes aunque no quisiera.

Hubiera sido mejor leer Jane Austen, DH Lawrence, tal vez a Henry James. Después de todo se hubiera entretenido mucho más que viendo un programa de televisión o viendo las redes.

Ahora, apenas se había despertado veía un pequeño toro arriba de la biblioteca. La biblioteca estaba en el cuarto, tenía a mano los libros como si fueran medicinas. Para cada enfermedad un remedio, la biblioteca era su farmacia, los libros sus medicamentos. Durante la pandemia y el aislamiento social preventivo, por el cual salía poco a la calle, se dedicó mucho a leer en redes sociales, y descuidó los libros.

El toro sobre la biblioteca era la primera vez que aparecía. Como todavía no tenía las lentes, no podía comprobar dónde había salido semejante figura.

Otra de las cosas que la inquietaba era la cara de ese tipo, medio de perfil y con boina sobre una pila de ropa mal ordenada. Nunca había sido buena para hacer orden con la ropa. Le molestaba, incluso, tener que hacerlo. Para orden y limpieza estaban los museos, donde todo tenía su espacio y su lugar.

Cuando necesitaba orden en sus pensamientos, frecuentaba algún museo, de esos donde se respiraba olor a piso encerado, con enormes dimensiones y techos altos, ahí sí que se podía pensar, aunque no hubiera nada interesante para ver o a ella tal vez no le interesara. Salía del museo como había salido alguna vez de la casa de alguien, con la sensación de salir de algún lugar al que había ido por obligación y la sensación de respirar libertad.

Amaba la libertad, caminar por la calle, detenerse a mirar las flores de los árboles, sentir el viento en la cara, sentarse en un bar y mirar a las otras personas que ahí estaban. Olvidar, por un tiempo los problemas que se presentaban sin avisar.

Porque si lo que no tiene solución no es un problema, ¿qué era entonces un problema?

Era un domingo, había salido a la mañana, a hacer unas compras, tomar un café como hacía siempre y además leía el diario. En el bar sólo estaban los viejos, los que quedaban solos mientras los jóvenes se iban de vacaciones a disfrutar el verano. Esa misma mañana, cuando estaba por sentarme en una mesa, en la vereda que todavía tenía restos de un desayuno, apareció de repente una mujer joven, muy delgada y tomó la botella de jugo de naranja, casi vacía  y un vaso y se alejó un poco para beberlo. Después dejó el vaso y la botella sobre la mesa y se fue caminando rápido hacia la avenida. También por ahí circulaban los cuidadores de ancianos y otros enfermos que quedaban al cuidado de ellos. En el edificio había un chico, también, de unos catorce años, no caminaba y la familia pasaba el verano en Punta del Este, con los demás hijos. Al chico lo veía cuando la cuidadora lo sacaba un rato a la calle, en la silla de ruedas para que tomara aire. Todos estos quedaban en el barrio, que no parecía un barrio donde la gente es solidaria y se ayuda, sino todo lo contrario. Era un conglomerado de departamentos y cada uno de los departamentos era un mundo.

Y yo tenía el mío, con mí Pinscher enana. Mientras le diera agua y comida y la sacara a dar una vuelta, ella no me molestaba.

Los que me molestaban eran los otros, con sus chismes, con esas ganas de hablar mal de los demás. Como esa mujer, Marta, que vivía en el sexto b, y que ni bien llegué a vivir aquí me invitó a tomar un café en el bar de enfrente y me ofreció contarme la vida íntima de los habitantes del edificio: yo sé todo, de cada uno de ellos, los amantes, la orientación sexual, te puedo contar si querés, dijo, haciéndome un guiño. Ofrecimiento que rechacé enseguida porque nunca me gustaron los chismes. De las personas reales, se entiende. Ella de joven había sido instrumentadora quirúrgica, y también después cuidadora de enfermos y ancianos. Ahora casi no podía caminar, tenía la espalda deformada, y se ayudaba con muletas o con un andador. Un médico era el padre del único hijo que había tenido, el que algunas veces venía a verla. Y al que el padre nunca quiso reconocer. Me compré el departamento con mi trabajo, decía pero ahora me las tengo que arreglar como puedo. A partir de ese momento, sólo cruzamos un saludo en la calle, o en el supermercado chino,pero nunca más un café compartido.

Será por eso que me alejé de la vida social de ese lugar y sólo compartí charlas intrascendentes con los dueños de otros perros en la calle.

¿De qué raza es? Pastor australiano, caniche toy, labrador, pomerania. La mia es una Pinscher enana repetía yo a quien quisiera saberlo. Se parece al chihuahua pero no es. El único vecino solidario ahí era Jorge, el coiffer que trabajaba a domicilio, ganaba mucho dinero gracias a su profesión y siempre decía: si necesita algo avíseme. Tenía una gata de diecinueve años que era como la hija y a la que de vez en cuando escuchaba maullar a través de la puerta.

Cuando oscurecía era indispensable salir a la calle a tomar un café en algún bar, o comer un pedazo de pizza. El crepúsculo me afectaba desde que tengo recuerdos, desde que aprendí a manejar y supe que a esa hora ocurre una desconexión de los sentidos, la hora de la angustia dicen que es en los niños porque lloran mucho, sin motivo. esa hora, y volvía a casa ya de noche, para que no me afectara el crepúsculo.

Esa noche, después de volver de la calle, estaba exhausta, había caminado mucho, por Plaza Francia, la feria de artesanos, la vuelta por el museo, tantas cuadras había caminado que me dormí y no escuché a la madrugada los gritos de la mujer ni los insultos del hombre, y no supe nada hasta el día siguiente, cuando leí en el diario:

Una mujer asesinada

el hombre la había asesinado en plena calle, de madrugada, todo fue por una joya, discutieron, eran pareja desde hacía rato, parece, eso dice la noticia. Ella era una vecina, del barrio, tal vez la crucé algunas veces en la playa de estacionamiento, o en la verdulería, no sé. El charco de sangre estaba ahí en la calle, todavía no lo habían lavado, a la noche salió con él, los vidrios del negocio, de la peluquería estaban rotos, porque primero la aplastó contra el vidrio, dicen, y él era un violento que la mató. Por celos, seguramente, o por la joya, que ni siquiera se sabe si él se la había regalado. O tal vez estaba drogado o había tomado mucho alcohol.

La peluquería hoy está cerrada y nadie tiene ganas de hablar, me crucé con Marta en la planta baja pero sólo intercambiamos un saludo, no sé nada más, nada más puedo testimoniar.

 

© Araceli Otamendi

Cuento de la serie Cuentos policiales, de la autora

https://revistaarchivosdelsur.blogspot.com/p/araceli-otamendi-escritora-y-periodista.html

sábado, 1 de enero de 2022

China de mi alma - José Respaldiza Rojas

 


                                 CHINA DE MI ALMA

        

                                                                     A la manera de Rafo León

 

Cuadró su carro muy junto a la vereda y casi pisa a Chiuic, la mascota del Club. Es un distinguido perro sin pelo, que dicen viene desde la Cultura Mochica, claro ellos los criaban para mejorar su ración de calorías, porque a nadie van a josefinear que los tenían por amor a la madre naturaleza, ellos se los comían a la pachamanca con su ají mas. Estaba algo molesta, pues en el cruce de Javier Prado con Canadá hay un semáforo donde el ojo rojo la obligó a pararse, pero un chiquillo, de esos chibolos nuevo rico de Comas, que le hizo recordar a Pepe del Salto, un antiguo enamorado, detuvo su carro al costado suyo y a la hora de arrancar, le rayó el tapabarro. No sabes como cuida su cuatro por cuatro, todo terreno y viene un cualquiera le hace yaya, eso es insufrible, pucha no sabes. 

 

Se bajó para ver el daño y saber cómo se lo arreglan, pero ese chiquillo bajó su luna y asomando su mano le alcanzó una tarjeta al tiempo que le decía:

 

-        Pucha, sabes my brother, estoy recontra apurado, aquí está mi teléfono, tengo seguro. Arregla con él.

 

Unos saltimbanquis hacían volantines pirueteando, para mendigar algo de dinero, claro no son los niñitos de Jesús de Praga, porque a lo que pasan miran si tienes radio, si tienes cartera, claro, eso a ella le va y le viene, porque para eso tiene paralaizer, basta un chorrito en los ojos y queda ciego por un buen rato. A ella nunca le habían robado, parece que va a morir virgen de robo, claro que virgen de algo más y todo por culpa del quedadazo de Pepe del Salto, que nunca le dijo nada y por todos los vientos voceaba que es su novio, pucha qué si era tímido el muy hue, pero ella dijo no me llamó China si no lo hago hablar, claro que primero lo hará silbar, para desquitarse todo el tiempo que me ha hecho suspirar y perder otros pretendientes.

 

Los modales de ese aprendiz de chofer la sacaron de quicio, ni pidió disculpas, por eso estaba molesta. Parecía que compró baratito nomás su brevete, claro que ella no podía escupir al cielo porque consiguió el suyo mediante un canje.  Miró su reloj longines tres estrellas, herencia de su abuelo y se dio cuenta que llegaba a solo cinco minutos de su mach de tenis. Se bajó del auto, entró con rapidez dirigiéndose al camarín, debía cambiarse de zapatillas Nike, de las legales, esas eran legítimas, acabadas de traer de USA. Los gringos son lo máximo, han hecho que esa jodienda de Hecho en China, aparezca en letras muy chiquitas y las ponen en donde nadie las pueda ver. Pucha, ¿por qué no hay zapatillas francesas? Terminó de vestirse y raqueta en mano fue directamente a la cancha. En eso sonó su celular, lo desconectó. Antes de comenzar abrió una lata de energizante y bebió tres sorbos, no fuera que le faltaran fuerzas, se quitó el chicle de la boca. Atendería su celu al término de su mach de tenis.

 

Para haber estado de para cuatro meses, ese partido lo jugó bien, claro que sudó bastante. Se fue directo a la ducha, se puso su gorro plástico en la cabeza para no mojarse el pelo, el arreglo de la peluquería todavía se veía bien, pucha, sacó su jabón febo traído del Brasil, después de enjuagarse y mientras se secaba se miró al espejo, estaba regia.

Ya no era la jovencita que debutó como periodista en un conocido semanario, los años no pasan en vano, ya estaba bordeando la base cinco, pero conservaba una envidiable su cintura, sin necesidad de fajardo, tenía caderas moderadas, duras; los balcones aún no se habían caído, pucha, esfuerzo que le costaba no excederse con los finos chocolates ingleses que le convidaban o evitar esos medios pollos en Pardos Chikens, felizmente su amiga Susi, nutricionista de la de Lima, le preparaba cada semana, la receta de lo que debía comer. Su adición por el tenis se le pegó desde que vio jugar al cholo Alex Olmedo, claro, era cholaipa, pero campeón del mundo, nacionalizado en yanquilandia y para colmo cuerazo, claro que así lo veía cuando era chiquilla, ahora se da cuenta que es trinchudo, cobrizo, no masca muy bien el inglish y para colmo tiene pezuña.

 

Ella, limeña por sus cuatros costados, se mirafloreó cuando sus papis se mudaron a Shell, a pocas cuadras de la Tiendecita Blanca. Algo alta, de contextura delgada, piel corriendo a blanca con un poco de pecas, ojos enormes como dos luceros y pelos negros. Estudió en el San José de Cluny y de allí pasó al San Silvestre, mientras pudo pagar la pensión, o sea, mientras su father fue asesor del secretario de Palacio. Después, gracias a una beca siguió estudiando, pero, o sea, te obligaba a puros azules, o sea full chancona o adiós gratuidad.

 

Nacida entre familia de rancia aristocracia, de pronto flota un chisme, su padre no es su padre, empero un señor Rafo León le quiere quemar la película, justo cuando el problema de Rómulo León, pucha los dos son leones sin melena, que vergüenza, tener que ir a visitar al que dice ser su creador, en la carceleta de Palacio de Justicia; ¿qué? ¿Ese no es? Zorry. No sabes el huevo de plata que gastó haciendo su árbol genealógico y le meten un injerto, eso le da cosa. Se le viene el sofocón. Y ahora cómo va a reclamar parte de su herencia de su abuelo Pancho, el longevo multimillonario, que reside en La Paz City, porque algo le tiene que tocar, ella es Lorena Tudela Lodevay, desde que nació. En todo caso es la palabra de ese señor contra la versión de la cigüeña, porque ese albo pájaro conoce muchas intimidades de su family.

 

De niña creció escuchando el inglés y el francés, por eso ella es trilingüe, cómo te quedó el ojo; señores del APEC, my name is China Tudela, una china que no es hecha en China, sino Made in Peruvian, tan peruanaza como el turrón de Doña Pepa, el tiradito de tramboyo o el arroz con mango, así que califico para traductora en instantáneo, algo así como el café Nescafé, con un poco de agua, puedo parlar en franchute, gringoscano, espanglish con jerga incluida. Mi currículo lo pueden ver on line vía Internet, basta poner www.lchtl.com. También monto bici, moto y taximoto, camino en zancos y se jugar mundo y lingo.

 

O si prefieren una guía turística, mi saber only guariques chéveres, cómo pasarse de la Catedral, donde duerme la calavera de Pizarro, hasta la que fue su casa, esa que ahora la alquila García, pero vía subterránea, clarín clarinete, mismo topo. Ese primer Pancho vino en un barco y se coló como ilegal por Tumbes, no traía contrato de trabajo, ni green card, él era, un cría cuchis y se la pasó remitiendo monedas de oro y plata, pero ya está ampayado y si no arregla su situación lo devolvemos, claro que respetando los derechos humanos.     

 

Para los que deseen hacer negocios puedo ofrecerles cebo de culebra for exportation, ceviche en bolsa y sopa en botellón. Tenemos stock de tronchos y piticlines, a pague dos toneladas y lleve tres sin usar warrend. Marijuana, de la moñuda, cocaleca en pasta y para uso inmediato, bolsitas filtrantes de dos variantes, uno con sabor a maní confitado y otro a chupa y di que es menta, pastillas para dormir y pastillas para no dormir, tenemos de todo como en botica. Hay petróleo en barriles y en lotes. Hay oro en la tienda y en los cerros. También compramos bancos quebrados, nuestros cachineros arreglan todo y si tienen falta de liquides, no se hagan problema nosotros en Azángaro podemos proveerles cualquier cantidad de billetes de cualquier país y cualquier denominación, mismo Mandrake el Mago, pucha que somos lo máximo, o sea mismo potencia del primer mundo, creatividad nos sobra. ¡Viva la China, pero Tudela¡.! ¡Viva Fidel!, pero Tubino ex Rector de la Católica.  Nos vemos en la próxima APEC, apec..nas pueda yuju yujo, si Dios y la Crisis internacional lo permiten.

 

Con sus cuarenta años de edad y ejerciendo el periodismo cada semana, de pronto se esfumó, nadie sabe nada de ella, pueda que esté secuestrada o que se fugó del país o que por hacerse la lipu esté descerebrada Último minuto se rumorea que está clandestina chambeando de corresponsal.

 SECUND RAUN

 

Me cuenta un amigo, que un amigo de mi amigo, le dijo haber visto a la china Lorena Tudela, al costado de la Tiendecita blanca, atibando al pairo, por si algún comensal, al retirarse, deja algo de comer, entonces ella, con algo de disimulo, aunque con suma rapidez, corre a engullir esa sobra, mismo saca vueltas, pues lleva dos días con hambre. Realmente es una gran pena saber eso, ya que ella, la china Lorena Tudela que conocimos, sólo ingresaba a comer, en establecimientos exclusivos, con mesa separada de antemano.

 

Tenía el cubrebocas algo sucio, su cabellera se mostraba descuidada, su ropa arrugada, a todas luces, llevaba varios días de puesta, es triste verla así, ella que sólo lucía prendas traídas de Francia, uno de sus zapatos sufrió una rajadura por eso fue parchado, además le falaba un taco. Una pierna mostraba una media cubanita y en otra una de nylon con dos grandes corridas. No, esa no era la china Tudela que conocimos, en cuyo ropero sólo podían verse ropa importada, sí, porque nunca usaba el mismo vestido cada día.

 

Todo esto ocurrió cuando su mentor sin querer queriendo, le pisó el cayo a una dama de la familia del diario peruano más antiguo. Entonces ella se defendió moviendo cielo y tierra para ello, logrando que el Ministerio de Cultura le impusiera una multa y el Poder Judicial lo condenara a cuatro años de prisión suspendida, por el delito cometido, pucha que no hay libertad de opinión.

 

Desde esa fecha ella quedó abandonada a su suerte, no aparecía por ninguna tribuna, era como si se la hubiera tragado la tierra. Por más que la buscaran nunca daban con ella. Ese salir a opinar cada quincena, ese recoger los chismes de las altas esferas, ese dar a conocer el último desliz de un señorón, Eso no volvió a ocurrir. La libertad de opinión está de duelo. Ella que en su haber indicaba haber publicado varios libros, inscritos en la Biblioteca Nacional sin ningún problema.

 

La china Lorena Tudela, pucha que quedó abandonada a su suerte, sin residencia fija, dormía donde la agarraba de noche, en algún banco refundido de algún  parque, su mayor problema era dónde hacer sus necesidades fisiológicas, pero sabía salir airosa, claro que siempre tenía escondido en su bolsillo un trozo de periódico pasado, de esos que el viento arrastra por las pistas, Cuando la tarde empezaba a convertirse en noche, ella enrumbaba a la parte trasera de algunas grandes tiendas comerciales, en especial donde expendían comida rápida, ya que allí arrojaban lo no consumido, entonces ella sacaba sus cubiertos de plástico y a buscar qué comer se ha dicho, claro que no eran como los exquisitos platos que acostumbraba, pero algo es algo.

 

Tengo la leve sospecha, sin atreverme a confirmarlo, que su padre no ha firmado su Partida de Nacimiento, reconociéndola como su hija, ya que no mueve un dedo por allá, ahora se dedica a pintar, pese a que es daltónico. En fin, abrigo la esperanza que la cincuentona china Tudela no se convierta en un cadáver, tirado en una fosa común, Pepe no desvaríes, un personaje de ficción jamás irá a una fosa común, chau chau.     

 

 

 

                                           COMO CONOCÍ A SU PAPÁ 

 

                                                 José Respaldiza Rojas                                                                                                  

 

Cuando aún me movilizaba por todo Lima, mirando puesto de periódicos, ingresando a donde venden libros usados, visitando librerías, de pronto me topé con el suplemento de una revista que llevaba un título novedoso, pero raro, creo que se llamaba Si o tal vez NO. Bueno, en las páginas de esa revista nació ella, me refiero a la China Lorena Tudela Lodevay y es así como conocí a su señor padre: Rafael León Rodríguez más conocido como Rafo León.

 

Rafo León, educado en la Universidad Católica es creador de personajes, escritor y periodista, él es una de las pocas personas, cultas, que se atreven a decir lo que piensan, con algo de mordacidad y veces, con algo de cachondeo, pero sin causar escozor.

 

Tuvo un hijo, una hija y dos gemelos, me refiero a Pepe del Salto Cadbury, a la china Tudela y a Caín y Abel. Me consta que realizó enormes esfuerzos por amamantar a todos, aunque el complejo de Edipo lo inclinó a dedicar su vida por la china.

 

Dice el castizo refrán No le pidas peras al Olmo, pero entre nosotros el Olmo no solo puede dar peras sino también mandarinas, tunas, llaveros, encendedores o lo que se le ocurra, aunque parezca imposible. Para entender el refrán a la peruana, basta saber que nuestros penales carcelarios edificados para albergar doce mil presos terminan recibiendo 48 mil, que circulan vehículos de transporte público con capacidad para doce pasajeros, pero que en realidad llevan, en las horas punta, hasta treinta personas, que un bien inmueble pueda ser vendido, sucesivamente, hasta seis veces y sea inscrito en el Registro de la Propiedad de Inmuebles sin que lo sepa su propietario. Nosotros somos el Record Guines.

 

Solo así entendemos como Santiago Sanguinetti demandó a la señorita Lorena Tudela Lodebay por desacato a la imagen presidencial de Fujimori y al abogado de Rafo León le demandó un gran esfuerzo demostrar que era un personaje de ficción y evitar que fuera recluida en una prisión y allí no queda la cosa, Judith de la Matta amenazó a Lorena, con llevarla a los tribunales por difamar al presidente Alan García.

 Todo se debe a la pluma de Rafo León quien hizo que la china Tudela alcanzara una gran popularidad, y pese a que, en algún momento, deseó desaparecerla ya que cobraba mayor importancia que su creador, la china continúa opinando, sin ningún desparpajo, acerca de lo que sucede de manera cotidiana.

Un domingo lo vi ingresar a la panadería de Danilo, en la Plaza Principal de Chaclacayo, luego de un rato salió, se le veía vestido con elegancia, de caminar pausado, llevando en la mano derecha un paquete con pastelillos diversos, quizá iba de visita a casa de alguna antigua amistad. Día con sol y él con cabeza descubierta mostrando una calva que se le viene sí o sí. Tiene diez años menos que yo, aunque parezca mi mayor y tiene una capacidad extraordinaria para que la realidad conviva con la imaginación al mismo tiempo. Su rostro pasa de una ligera seriedad a una incipiente alegría, su mirada es tierna e ingenua. Nunca lo he visto molesto o triste como tampoco le he escuchado alguna interjección o ponerse corbata Su timbre de voz goza de una amplia acogida entre el público, así como su habla fluida sin dejar de reconocer que sabe escuchar.

 

Desde el 2004 en Tiempo de viaje ha creado un moderno Quijote que lucha contra el centralismo limeño y mostrándonos, al mismo tiempo, muchísimos lugares desconocidos de nuestro Perú, para tal efecto recorre, cada semana, lugares de la Costa, Sierra y Amazonía y a veces cruza la frontera y se va de visita a otro país. Rafo León predica con el ejemplo, lo he visto cruzar un río en oroya, bañarse en las Huaringas, saborear un cuy chactado, participar en una sesión de limpia practicada por un curandero, tomar tragos de San Pedro, un alucinógeno norteño, saborear cremoladas de fruta, transitar caminos olvidados del Capac Ñam, cabalgar en un caballo de paso, para él nada es imposible.

 

Tiene en su haber ser el guionista de Los colores de la fe, un excelente documental de la Peregrinación al Señor de Qollority, además publicó Lima bizarrra.

 

Feliz Día por tal creación.

(c) José Respaldiza Rojas

Lima

Perú

 José Respaldiza Rojas (Lima, 1940) Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, se ha especializado en literatura infantil. Es Magister en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra, Adivinanza, Las Fabulosas fábulas, Fabulario, Imayllanqui jitanllanqui mil adivinanzas quechuas, Las jitanjáforas en el mundo infantil. El Tangrama, Calcular con fantasía y otros más. Es miembro de APLIJ, CEDELIJ

Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario. En 1997 la Biblioteca Nacional del Perú lo galardonó por su creatividad.

 

sábado, 18 de diciembre de 2021

Inundación - Márcia Batista Ramos

 

Juan Bassani, Inundación en La Boca

Márcia Batista Ramos


Tengo una lejana memoria de que afuera se escuchaba la lluvia, torrencial e impiadosa, que no daba tregua a la noche oscura. Los ríos y quebradas aumentaban su caudal a cada segundo llenando las calles, las calzadas y los parques. Los autos parqueados, empezaban a flotar como góndolas venecianas, por las calles canales de la gran ciudad. Los pájaros, abandonando sus nidos mojados, cargados de dolor, buscaban resguardo en los edificios.

Adentro, el agua escurrió por el piso, subió por la cama, por las paredes… Lavando los cuadros, el Cristo de mi cabecera, los muebles, el empapelado. Alcanzó la araña que colgaba del techo y luego el techo. En medio del sonido silencio, que produce el agua, vi un manojo de cartas amarillas, amarrado con una cinta rosada, en el cajón semi abierto del velador, donde guardo los pralinés con el retrato de Sissi en la lata. Pensé: - “Son las cartas que nunca recibí.”

Miré la alfombra rosada, anegada, el cubre cama encharcado y el “robe de chambre” mojado, como todo en la habitación: cortina, ventana, almohada, sillón, cama, sábana, espejo, ropero… ¿El oso de peluche? Por supuesto, el oso de peluche y los zapatos, abrigos, vestidos…

El frasco de perfume de maderas del oriente se deslizó hasta el fondo, como en cámara lenta, ante mi mirada atónita, fue a dar encuentro al collar de perlas que llegó antes a la alfombra, sin que yo me percatara, fustigando sentimientos y angustias.

El agua, movía los objetos en la habitación, acomodándolos a su manera, como anunciándome que, ya no me pertenecían.

Al fin y al cabo, son cosas… Hay gente que siempre sufre más, siempre se lleva la peor parte de cada situación. Pensé en ellos, que estaban inundados, sin pared, sin techo, sin abrigo, en la noche oscura y fría, bajo la lluvia torrencial, anegados; sin poder sujetar el tiempo, ante el firmamento que se derrumba líquido sobre sus cabezas. Ante su mirada trunca se paralizó su vida.  Perdieron todo… ¡No importa! Ya duermen en lo eterno.

En el jardín los nardos azules ahogados. Los pastizales, volviéndose algas y los peces, nadando en los altares, mientras las luces se extinguen, haciendo de la noche oscura y fría, un lugar imposible de permanecer.

Seguramente, en la biblioteca, todos los poetas zambullidos con las palabras oportunas, del léxico preciso, ordenado alfabéticamente, sin poder devolver la vida, ni el espacio, ni el tiempo. Algunos libros abiertos, donde las palabras se remojan y se vuelven transparentes, según se destiñe la página, para volver a su estado primigenio.

Me sentí en la proa del tiempo y agarré mi cabeza mojada, luego toqué mi camisola mojada, miré mis manos mojadas, parecía un naufragio y no una inundación. Quise gritar, pero debajo del agua existe un sonido silencio, que no permite otros ruidos. Entonces en mi pensamiento exclamé: - “¡Por Dios, todo inundado!” Enseguida: lloré… Fue, entonces que vi, que, mis lágrimas eran las gotas que faltaban para hacer el agua desbordar la habitación.

 (c) Márcia Batista Ramos


  

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Vive hace  más de un cuarto siglo en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Columnista de la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, además. Colaboradora Revista Dominical, Periódico La Patria, Oruro; es colaboradora de varias revistas culturales en diferentes países.
 Está incluida en el DICCIONARIO CULTURAL BOLIVIANO;
Anexo en Diablo- Diablada De Oruro Al Mundo – Antonio Revollo Fernández (2019);
Tiene cuentos, ensayos, crónicas, novela publicadas en libros y antologías.
Publicaciones en revistas  y Blogs: Revista Regatul Cuvantului, Rumania; Faro Cultural Santa Cruz, Santa Cruz, Bolivia; Revista Oxímoron, Sucre, Bolivia; Revista Plaza Catorce, Cochabamba; Revista Culturel, El Salvador; Letras Itinerantes, Colombia; Musuq Nuna, Bolivia; Centro Cultural Francisco Solano, Argentina; Revista Tabaquería, México; Revista poética "Azahar" de España; Revista Paréntesis, México; Piedra y Nido, Argentina; La Literatura del Arte, Paris, Francia; Revista Relieves, Argentina; Revista Brevilla, Chile; Movimiento Poético Riba –Turia, España; Leamos cuentos y crónicas BLOSSPOT. COM, Argentina; Plumas Hispanoamericanas, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Colombia; Revista Km0, Argentina; Alpiedelapalabra, Argentina; Bloghemia, Argentina; Nube Cónica, Chile. Ha publicado varias colaboraciones en la revista Archivos del Sur
 

imagen: Juan Bassani, Inundación en La Boca - Museo de Bellas Artes de la
Boca Benito Quinquela Martín 

 

jueves, 25 de noviembre de 2021

La primavera de 1649 - Márcia Batista Ramos

 

Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte (fragmento)

Márcia Batista Ramos 


"La primavera invita a una fiesta y a veces, a fiestas macabras, tan espantosas, como de la peste en Sevilla."

Todos vivimos en paz, armonía y esplendor, hasta que la gran maldición cayó sobre nosotros, entonces, cuando el desorden y el caos cayeron sobre el mundo, como una llovizna que moja suave y constante penetrando los campos, las ciudades y las gentes, todo cambió radicalmente, de muchas formas todos nos vimos afectados por aquella purga desbocada de mediados del seiscientos que no tuvo compasión con ningún cristiano.

En los soleados y agradables días de primavera, en las primeras semanas del mes de mayo de 1649, sucedió aquella gran catástrofe: la peste.

En los siglos anteriores, otras pestes, asolaron nuestra ciudad, así que, con la experiencia que la historia nos proporciona, de inmediato, el Ayuntamiento creó una Junta de la Salud, que ordenó medidas preventivas con fórmulas de protección que ya conocían, por eso, no se podía circular libremente. Con la firme decisión de prevenir el contagio, la ciudad fue cerrada.

Nosotros, llevábamos la lista de las pestes, no por sus nombres o síntomas, sino, por los años: peste de 1302; de 1350; de 1599 … la de 1649.

Como siempre buscamos un culpable para nuestros males, en algunos círculos culpaban a los judíos por la peste, otros, decían que los gitanos de Cádiz trajeron el mal en un cargamento de ropa infectada, con la intención de venderla en Sevilla, nadie pudo probarlo, pero los gitanos murieron. Yo nunca supe si era cierta esa versión, pero, escuché en algún lugar, y me parece más razonable: que el bacilo ya estaba presente en la ciudad a principios de 1649 y sólo fue necesario que se dieran las condiciones de temperatura y humedad que favorecieron su contagio en la primavera.

Fue todo tan rápido, que muchos decían, que las medidas tomadas por las autoridades municipales fueron tardías… No puedo aseverar nada, en particular, no me di cuenta del problema, hasta que el tabernero, enfermó y su casa, como la de los demás apestados, fue cerrada.

Las usuales carretas coloridas, cargadas de flores y vegetales que llegaban de las quintas para abastecer los mercados, habían desaparecido. Solo encontrábamos carretas cargadas de muertos apilados, hediondos en una imagen espeluznante, que causaba ansias de vómito.

A la puesta del sol, cualquiera querría estar recluido en su cama, para olvidar las imágenes del día.

Los contagiados aumentaban por hora y las autoridades, hicieron cuánto era posible para tratar de frenar la mortandad. Lo que no lograron hacer fue atenuar el pánico, ya que los síntomas de la atroz peste, se manifestaban de un momento a otro, en cualquiera, a la vista y para terror de todos.

No entiendo, dónde estaba la divinidad, cuando ocurrió estas cosas… Los difuntos, no tenían misa, ni intención por su alma, tampoco funeral. Eran cientos de cadáveres apestados, enterrados en amplias fosas comunes, donde la mayoría de los cadáveres eran hacinados y enterrados, prácticamente a flor de suelo. Rápidamente, los cementerios se quedaron insuficientes, los diputados sanitarios mandaron hacer otros cementerios en el extrarradio.

Muchos hombres masticaban tabaco para disfrazar el olor y el sabor acre de la muerte. Cundió el miedo desatado por la posibilidad de morir entre atroces sufrimientos, con el cuerpo cubierto de llagas supurantes e inflamaciones, algunas de ellas del tamaño de una manzana, sumado a mucho dolor.

Para empeorar los males, la peste llegó después de que Sevilla hubiera sufrido una crisis de subsistencia por falta de cosechas debido a las intensas lluvias e inundaciones. En la misma época en que el comercio con las Indias declinaba. Pienso que los dioses, conspiraban contra la ciudad, por eso, en mi calculo personal, estimo que más de la mitad de la población murió. Las autoridades hablan del deceso de 45% de la población. Pero ¡hombre! La ciudad parecía un pueblo fantasma y los que sobrevivimos, siempre hemos lamentado haber sobrevivido, por haber visto tanta desgracia acumulada.

Mucha gente huyó, pienso que de nada sirvió, apenas fueron a morir lejos. Porque cuando la muerte llega persigue a moros y cristianos, donde quiera que vayan. Tanto es así, que en las parroquias extramuros el efecto de la peste también fue mortífero. La peste se llevó, mayormente, decenas de millares de mujeres y niños.

El aislamiento fue grande para intentar frenar el mal, muchos, adoptaron una dieta alimenticia especial; restringieron las relaciones sexuales y empezaron a portar amuletos, además de ir a la iglesia a confesar sus pecados.

No se podía ir a muchos lugares sin portar el particular certificado de salud. Tampoco era muy fácil adquirirlo y como siempre sucede, mucha gente se quedó a merced de las circunstancias…

Sevilla era una ciudad con muchos atractivos y movimiento, desde el establecimiento de la Casa de Contratación de Indias en 1503 y de las bodas del emperador Carlos V en 1526, Sevilla se convirtió en un foco de atracción internacional. Por lo mismo, cuando llegó la peste, me consta, porque estuve allí, que la ciudad estaba habitada por una multitud de gente de todas las naciones, donde los tratos de los negocios se hacían en la plaza. Las calles eran una especie de hormiguero humano.

Con el azote de la peste, las puertas de la ciudad fueron guardadas y custodiadas, fortificadas con maderas, también colocaron vigilancia en las afueras. Por otro lado, pensaron que, haciendo limpieza general de las calles, podrían frenar el mal, sin embargo, los que salieron a limpiar se infectaron y murieron. Entonces, hubo una prohibición de comerciar con mercancías y celebrar reuniones, además de aglomeraciones, hubo el cierre inmediato de locales públicos.  Aun así, el contagio estaba en aumento a cada instante.

Rápidamente, muchos barrios se vaciaron, porque los vecinos murieron en todas las casas, dejando sus casas desiertas y sus perros abandonados en las calles vacías.

Sin saber cómo combatir la enfermedad y por desconocimiento, los responsables de la salud pública, mandaron matar a todos los gatos y perros de Sevilla antes que termine la primavera.

También, se prohibió el uso de la ropa de los difuntos y se procedía a su quema, ya que las pulgas se quedaban en la ropa y cuando alguien empleaba la misma era picado por la pulga y transmitida la enfermedad. La ciudad dispuso quemaderos y durante todo el día se veía el humo de la quema de la ropa de los difuntos… Cenizas de terciopelo y seda de la china: adiós lujos terrenales, adiós, adiós…

Solo quedaba el miedo, el llanto, las miserias, todo era horror y la certeza de vivir un episodio apocalíptico, conforme los días pasaban.

Los contagiados fueron agrupados en hospitales, que inmediatamente, se vieron abarrotados, pero decenas morían en la puerta de los nosocomios, los sanitarios sevillanos realizaron una labor encomiable, pese a la falta de medios y la situación límite que se vivió.

Gran parte de la ciudadanía sevillana dio muestras de su capacidad para mantenerse a la altura de las circunstancias, intensificando su labor de atención a las personas más vulnerables. Otros, hacían piadosas procesiones de rogativas que se organizaban de noche, espontáneamente, con el resultante disgusto de los funcionarios municipales. Otros, a los que los rezos no les alcanzaban, sencillamente, morían.

Después de ser una de las ciudades más importante del mundo, Sevilla, se transformó en un escenario de luto y dolor, donde sucumbían familias enteras en un momento y faltaba sepultureros para enterrar a tantos muertos.

Las vendedoras de plantas aromáticas, para purificar el aire, casi no daban cuenta de tanta venta que tenían, no obstante, muchas murieron de forma sobrecogedora, como todo lo que era humano y estaba expuesto al mal. Ya que no bastó la pulverización de las casas, ni cumplir con las medidas higiénicas ordenadas, nada fue suficiente.

El mundo pasaba con sus deseos, pero ¿qué hacia la voluntad de Dios?

La medicina, incapaz de frenar el avance del contagio, ofrecía bálsamos corporales y consuelo espiritual a la población. Empero, ante tan dantesca catástrofe el 20 de julio se cerró el hospital de Triana, con los enfermos adentro...

La idea corriente, era de que había llegado el fin de los tiempos, comentaban que el mundo se estaba acabando, también hablaban del juicio final… En fin, era una primavera sombría, donde la muerte estaba en todas las esquinas.

El brote se dio oficialmente por extinguido hacia el último tercio de 1649 con la llegada del calor seco, cuando la ciudad ya estaba despoblada y siempre con el temor de un rebrote. Entonces, desinfectaron la ciudad tales como picar las paredes de las casas o limpiar con vinagre, quemaron la ropa de los muertos y trataron de eliminar la pulga.

Los efectos de la peste fueron desgarradores a todo nivel. Después, en la próxima centuria, Sevilla logró salir adelante y recuperarse de la hecatombe económica que supuso esta peste y la gente volvió a reproducirse y a repoblar la ciudad.

Cada primavera, tiene el don de ser única y llegar con su belleza singlar, pero, en 1649, la primavera aturdió a todos, causando una turbación perpetua…

 

 (c) Márcia Batista Ramos

Márcia Batista Ramos, nació en Brasil, en el Estado de Rio Grande do Sul en mayo de 1964. Es licenciada en Filosofía por la Universidad Federal de Santa María (UFSM)- RS, Brasil. Vive hace  más de un cuarto siglo en Bolivia, en la ciudad de Oruro. Es gestora cultural, escritora y crítica literaria. Columnista de la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y Columnista del Periódico Binacional Exilio, Puebla, México, además. Colaboradora Revista Dominical, Periódico La Patria, Oruro; es colaboradora de varias revistas culturales en diferentes países.
 Está incluida en el DICCIONARIO CULTURAL BOLIVIANO;
Anexo en Diablo- Diablada De Oruro Al Mundo – Antonio Revollo Fernández (2019);
Tiene cuentos, ensayos, crónicas, novela publicadas en libros y antologías.
Publicaciones en revistas  y Blogs: Revista Regatul Cuvantului, Rumania; Faro Cultural Santa Cruz, Santa Cruz, Bolivia; Revista Oxímoron, Sucre, Bolivia; Revista Plaza Catorce, Cochabamba; Revista Culturel, El Salvador; Letras Itinerantes, Colombia; Musuq Nuna, Bolivia; Centro Cultural Francisco Solano, Argentina; Revista Tabaquería, México; Revista poética "Azahar" de España; Revista Paréntesis, México; Piedra y Nido, Argentina; La Literatura del Arte, Paris, Francia; Revista Relieves, Argentina; Revista Brevilla, Chile; Movimiento Poético Riba –Turia, España; Leamos cuentos y crónicas BLOSSPOT. COM, Argentina; Plumas Hispanoamericanas, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Santiago de Chile, Chile; Bajootroscielos, Barcelona, España; El Espectador, Bogotá, Colombia; Revista Km0, Argentina; Alpiedelapalabra, Argentina; Bloghemia, Argentina; Nube Cónica, Chile. Ha publicado varias colaboraciones en la revista Archivos del Sur