Araceli Otamendi
(c) Araceli Otamendi El perfume Adriana se había despedido, ya, del cuarto marido. El último. Dijo que no quería casarse más. Cuando la conocí, integraba un taller literario. Era mucho mayor que yo. Esa mujer, Adriana, me intrigaba. Escribía, sí, escribía, pero escribía sus historias. Me divertía escucharla. Yo tenía otra opinión de la literatura. Una de las historias que más me divirtió, al escucharla, fue la del cuarto marido. Tenía tanta experiencia, Adriana, para una mujer joven, como era yo, cuando la conocí. Parecía que se las sabía todas. De la a a la z. Se conocía todo el diccionario. Pasaron los años y nos hicimos amigas. Ya ninguna iba a un taller literario. Yo los había recorrido a casi todos. Ella, los había abandonado. Las circunstancias de la vida o la vocación, hicieron que yo siguiera escribiendo y ella siguiera contando sus historias pero ahora, en confidencia de amigas. Una de las historias de Adriana que más me divertía era la del cuarto marido. Y sí, tal vez, ...