domingo, 10 de noviembre de 2019

La casa que se tragó el otoño*(fragmento) - Antonio Costa Gómez


Nuestro mito fue  estar en Buenos Aires  y lo vivimos en el vértigo,  en las plazas elegantes,  en las librerías de noche,   en los teatros , en los cines bullentes.  Lo experimentamos en las cafeterías donde se recordaba a Ernesto Sábato,  en los rincones donde se había quejado Alfonsina  Storni,  en los cruces donde se levantaban torres bohemias.  Lo sentimos en el obelisco que señalaba el cruce de las oleadas de la avenida más ancha del mundo,  en los grandes almacenes de un lujo que quién podría comprar,   en las riberas del río de la Plata.  Lo soñamos en los barcos anclados ,  en los anticuarios de San Telmo,  en los desvanes donde se ensayaba tango , en los trasteros donde se daban clases de baile,  en los bancos donde los viejos se acordaban de Italia o de Croacia.
 Lo supimos en los museos donde soltaba sus locuras Xul Solar,  en las encrucijadas donde Castel se había apretado la cabeza,  en  las vidrieras donde se concibieron los héroes o las tumbas , en los espejos donde se vieron los otros o los mismos.  Lo asimilamos en los restaurantes donde llegaron gauchos despistados,  en los figones donde Oliverio Girondo hizo sufrir a las palabras,  en  las mesas donde Cortázar enloqueció con sus inventos, en las ventanas,  en las fotos de Gardel , en las soledades.  Existimos en las solapas de los libros,  en los claveles,  en los pianos,  en los trozos de canciones ,  en las porcelanas. 
Nos amamos en los jardines, nos besamos en los cines solitarios,  nos peleamos en las callejas ahumadas del centro, nos asomamos a los portales con molduras de yeso,  nos entusiasmamos con las violetas en los espejos, pensamos en cafeterías a las que nunca fuimos, soñamos con vivencias que nunca tuvimos pero que de todos modos en esa forma tuvimos, supimos vislumbres, nos convertimos en humo, nos negamos, nos redescubrimos, tiramos recuerdos en Puerto Madero, nos subimos a un buque escuela del siglo XIX como si nosotros también fuésemos pasados.
Queríamos estar en Buenos Aires y sentimos todo lo que dicen las canciones, lo que asoma en los libros,  lo que imaginamos en las fotos,  lo que olemos en los camiones que van al sur,   lo que se sobreentiende en los orgullos de los taxistas,  lo que callan las porteras.  Conseguimos estar en Buenos Aires  y llevamos todo aquello dentro de nosotros,   cruzamos como imágenes las cafeterías,    atravesamos  las plazas transidas,   respiramos en las tiendas llenas de porcelanas,  tomamos  cerveza donde escribió Sabato,   inventamos formas de bailar en  la cafetería Richmond,     paseamos  por el templete del parque Lezama donde Martín   amó a Alejandra misteriosamente. 
(c) Antonio Costa Gómez

España 

* fragmento de la novela La casa que se tragó el otoño  publicada por Ediciones Europa,  enviado por el autor, se publica con la autorización de Antonio Costa Gómez 




Antonio Costa Gómez  es licenciado en Filología Hispánica y en Historia del Arte. Fue finalista de los principales premios españoles, apareció en antologías y colaboró en muchas publicaciones. Ya ha publicado bastantes libros. En “Las campanas” suenan al mismo tiempo todas las campanas de Compostela para despertar a la gente. En “El maestro de Compostela” un escultor del siglo XII busca la vitalidad infinita en los comienzos del gótico. En “La calma apasionado” el emperador Adriano busca algo que no perezca entre recuerdos y obras de arte en su villa fantasiosa de Tívoli. 

martes, 5 de noviembre de 2019

Una profe singular - José Respaldiza Rojas


                            

Recibimos una invitación de Enma Erésvita Araujo Machuca, natural de Oxamarca, Cajamarca y en razón a ello, considerada como Cajamarqueza, repito recibí una invitación  para cortar una unsha, pero como no estamos en carnavales, debe ser algo especial que no nos lo podemos perder. Elvira ¿tienes la dirección? Vamos Pepe quién no conoce la casa de la paisana Erésvita, hasta un ciego llega con facilidad.
No recuerdo con precisión el año aunque se debe tener en cuenta que la Comisaría de Chaclacayo se situaba a la mitad de la cuadra que se inicia en la panadería de Danilo, frente al parque central, cuando la carretera central era de dos vías.
La casa de doña Erésvita se encuentra a un costado el río Rímac, casi al borde de él. Para arribar a ella debíamos entrar por Huampany, siguiendo la vía del tren, pero preferimos hacerlo por la bajada de las retamas, por un caminito angosto, de una ladera bastante empinada, avanzar hasta la entrada, el caminito es algo angosto y largo, a sus dos lados yerguen filas de frondosos árboles. Llegamos a la puerta, toco el timbre mientras escucho el sonido de un disco, al interior de la casa:

         
Que tarde que has venido ciluló                                                                                          
 por la cuesta del zapote huayluló


Parece que eso va con nosotros ya que nos invitaron al desayuno, para acompañar a su hija mayor que vino desde los Estados Unidos, junto con su esposo. ¿Quién canta? Le pregunto a Elvira y me responde: El indio Mayta  (Miguel Ángel Silva Rubio)
                                   
 Y llegó el carnavalito ciluló                                                                                                  
 diz que decía el abuelo huayluló

Como se demoran en abrir, rezongo, cálmate me dice Elvira, la casa es inmensa y el camino largo, más que seguro están tomando su verde ¿Qué? Digo yo, ¿chacchan coca? No hombre, es una sopa típica, no la hay en otra parte.

 En mi tierra Cajamarca ciluló                                                                                                     
 y en todito Celendín huayluló

En Lima tenemos el menestrón que también es verde, Elvira replica, pero la nuestra es más simple, usa papa amarilla, paico, perejil, ruda y huevo, sal al gusto y a servir se ha dicho. Vaya que son diferentes, tendré que probarla. 
                                   
Se baila con la cara pintada ciluló                                                                                          
 y la cabeza en el hombro huayluló

Abre la puerta Chego, muchacha amiga y chaymanta para más señas, otra de las hijas de doña Erésvita, nos saludamos.

 - Pasen por favor, los estábamos esperando  para servir, pero ya no aguantamos más, y nos tomamos toda la sopa
  -Y nosotros que venimos sin tomar desayuno.
 -Bueno, tendrán que tomar asiento. En verdad estamos terminando de tomar el chocolate, batido con molinillo.

Y así, en medio de broma y broma avanzamos admirando un inmenso jardín muy bien cuidado. Y nos damos con Luz Tello Araujo, su primera hija de Erésvita, su esposo, un gringo, Thomas Reardon, Pepe es el tío Tom, y su hija Kimberly, han arribado de los Estados Unidos, y estarán entre nosotros una semana. También están las amigas de la paisana: La tía Mercedes, las señoras Gilda, Matilde, Inés y María, quienes ayudan a preparar el pan y otras labores. Luego de la presentación y obligado saludo, como ya terminaron el chocolate, nos invitan a que los acompañemos con el verde. Aprovecho para preguntar por los ingredientes y me doy con la sorpresa que es muy simple, papas amarillas peladas y cortadas en cuatro, un atado de paico, otro de perejil, unas ramas de ruda, quesillo y huevos chicoteados, al fin di con el secreto, pero no, porque chicoteado significa simplemente que se le abre un huequito al huevo, se tapa con un dedo y se le sacude para batirlo dentro, luego de lo cual se vierte en la sopa. 
La sopa tiene buen sabor, pero disculpen, enfrascado por la bendita receta olvidé indicar que también están presentes Magda Chávez Araujo, entusiasta chaymanta y un medio sherato  amazónico dándole vueltas: Es Fernando López Morrongo de cariño, igualmente chaymanta de técnica, de la especialidad electricista que quiere electrizar a Magda mientras vuela en la Compañía de Aviación Faucett (ambos serán nuestros compadres, pero no te adelantes)  Sentados a la derecha están Juan, el hermano mayor y Keitel Velásquez.
Antes del almuerzo se asoma en mi mente un recuerdo, de cuando Elvira Chávez Mariñas fue a laborar a una escuela en Santa Inés, allí conoció a Magda Chávez Araujo, a Irma, la esposa del pintor, docente en la UNE. Raúl Picón Lalito para los amigos, a Sara Herrera. Dicho platel lo construyeron sin cerco perimétrico, muy cerca a la vía férrea y los accidentes de los alumnos eran muy frecuentes, ya iban tres muertos y seis con los pies amputados. Como los pedidos al Ministerio de Educación para que levantaran un cerco,  que enviaba la Directora Rosa, se los consumía la burocracia, entonces Magda Chávez convenció a todo el plantel docente para resolver el problema, recaudando fondos mediante rifas, tómbolas, gyncanas, etc. Compraban ladrillos, cemento, arena y los propios padres de familia ponían la mano de obra. Al fin levantaron el cerco perimétrico y ni una felicitación de parte del Ministerio de Educación, pero queda, en cada uno, la satisfacción del deber cumplido. Esos eran los profes de mí tiempo, en especial Magda Chávez no esperaban a que los gobernantes les dieran todo, ellos mismos solucionaban los problemas.
Tras una breve siesta, porque como en Chaclacayo todo el año es verano, el calor te embota, te abochorna, amodorra, cae bien algo de fresco en la tarde, en la mesa hay una jarra con agua colorada, pregunto qué es y me responden que es un refresco de betarraga, me sirvo para probarlo y me doy que es agradable. Se viene el almuerzo con un caldo de gallina (no de pollo) luego sirven una sopa de pan, ¿qué una sopa tras un caldo? Ahora sí que si, a probar que es eso, que de sopa no tiene nada, Ja, ja, ja, ¿verdad que  es sopa? De sopa no tiene más que el nombre, pues no es una sopa, ya verán por qué. Les contaré lo que vi en la cocina. En una mesa estaban los ingredientes: Pan, queso fresco, cebolla china, ajos, sal (en un salero) un recipiente con caldo de gallina. Carajo, qué me camina entre los pies, miro, son dos perros salchicha, uno es mío, dice Shego se llama choclito, al otro no me lo presentaron, bueno en una olla se pone un chorrito de aceite, cuando está caliente se echan seis ajos pelados y picados, se dejan hasta que se pongan dorados, entonces se ahogan con un buen chorro de caldo de gallina. Ese líquido se separa en un pomo. Se parten los panes en trozos pequeños (se usan panes que tengan corteza)  Se vuelve a poner aceite en la olla, al calentarse se coloca una capa con los trozos de pan, encima de ellos va una capa de tajadas de queso fresco, encima una capa de cebolla cortada. Con una cucharita se rocía encima el ahogado que hemos reservado. Ahora se vuelven a repetir las capas de pan, queso fresco y cebolla, mojados con el ahogado, Una tercera capa y se pone todo al horno durante unos quince minutos. Al sacarlo se sirve en tajadas. Lo más parecido es a una pizza, nada que ver con una sopa
Busco una perezosa para descansar mientras la digestión hace lo suyo. Se me viene un recuerdo más, una excursión al Callao, a ese Callao que vio nacer a mi padre José Respaldiza Martínez, al Callao del ¡Chim pum Callao! excursión  que Magda Chávez efectuó con sus alumnos, acompañada de Sara Herrera y Elvira Chávez. Visitaron a la hoy desaparecida fábrica de cerveza Pilsen Callao, vieron cómo se procesa la cerveza, hierven la cebada y el lúpulo ¿profesora qué es el lúpulo? Bueno no lo sé, apúntenlo para averiguar después, profesora ¿qué es eso? Estaban frente a un circuito automático donde pasan las botellas, de a uno en fila para que les pongan la chapa y la etiqueta. Salen, ahora van a la Fortaleza del Real Felipe, vaya que es enorme, es un museo que contiene cañones antiguos, una inmensa colección de uniformes, sables, escopetas, revólveres. Antes de salir piden permiso para almorzar es que Magda preparó un ollón de arroz con olluquito y trocitos de charqui, que se los ofrece a precio de costo. El medio día como que desea retirarse, suerte que es día con sol, entonces vamos a un barco, es que la profesora Consuelo, que tiene un hijo marino les recomendó ira ver un barco de la Marina de Guerra, los alumnos nunca han visto un barco, ¿profesora y flota en el mar? Así es ¿y no se hunde? No tengan miedo, suban nomás Esa experiencia no se la van a olvidar ¡Jamás! Incluso van a la sentina y ven los motores. Recorren todos los compartimientos y al salir se dan que cayó la tarde. Se dirigen al paradero del ómnibus, pero los alumnos se han quedado sin dinero, no tienen para el pasaje ¿qué hacer? A llorar a la playa. Magda habla con las personas que están en la cola y les pide, por favor, que suban con un niño como si fuera su hijo. Es que un mayor puede llevar a un menor, el cual no paga pasaje. Todo está bien hecho, el boletero se rasca la cabeza, todo está en orden jijiji.
Llegan a la escuela cuando la tarde está por despedirse, muchos padres de familia han ido a preguntar por sus hijos, están temerosos, sus hijos corren: Papá las cervezas corrían ¿cómo han tomado cerveza? No papá a las botellas que pasaban en fila india les ponían un sombrero, era un vacilón papá. Los chicos alborotados quieren contar todo, mamá los barcos grandazos nadan, no se hunden, mamá es verdad. Esa impronta les quedará grabada para siempre.
Pepe despierta y salimos, todos junto a tumbar la unsha. Cantamos alegres:
                        
Arriba caballo blanco ciluló                                                                                                                    sácame de este arenal huayluló

Risueña ronda y a cada uno nos ponen serpentinas en el cuello, la pica pica se mezcla en nuestros cabellos.
                        
 Que tengo un desafío ciluló                                                                                                  
 el martes de carnaval huayluló

Alguien saca un tarro de talco para embarrar a quien pueda, la ronda sigue, no vale soltarse y arranca de verdad el carnaval.
                        
 A la una, a las dos y a las tres, mechetazo, te tumbará                                                        
  y el año que viene te reponerá

El gringo tumbó la unsha y de premio le dieron una cachanga.                                          

Vocabulario

Cachanga      Sustantivo Fritura casera, redonda, muy delgada y crocante, tamaño de la sartén, típica de Cajamarca.
Chacchar         Verbo Palabra quechua, masticar la hoja de coca y adsorber su jugo.
Chaymanta  Adjetivo, Expresión quechua que los egresados de La Cantuta usan entre ellos,
Lúpulo            Sustantivo Planta herbácea, trepadora, cuyas flores son usadas para dar ese sabor ligeramente amargo de la cerveza. 
Morrongo      Adjetivo Es un apodo, dicho con cariño.
Shego            Sustantivo  Vocativo usado para las personas que se llaman Segundo,  también se usa para quien está en segundo lugar.
Sherato         Adjetivo que significa enamoradizo.
Silulo, Cilulo   Sustantivo Parece que antaño era el nombre de Ño Carnavalón, un muñeco montado en un burro, que va leyendo su gracioso testamento, antes ser quemado en la plaza. Hoy se usa para indicar  una canción de carnaval cajamarquino, de letra abierta.
Unsha              Sustantivo Yunza, Cortamonte.
Zapote              Sustantivo Árbol amazónico cuyo fruto es comestible, no confundir con el sapote de la costa norte que no es comestible..

                                                          
(c) José Respaldiza Rojas 
Lima
Perú 

José Respaldiza Rojas (Lima, 1940) Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, se ha especializado en literatura infantil. Es Magister en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra, Adivinanza, Las Fabulosas fábulas, Fabulario, Imayllanqui jitanllanqui mil adivinanzas quechuas, Las jitanjáforas en el mundo infantil. El Tangrama, Calcular con fantasía y otros más. Es miembro de APLIJ, CEDELIJ
Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario. En 1997 la Biblioteca Nacional del Perú lo galardonó por su creatividad.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Encuentro - Araceli Otamendi



"Todos vivimos lejanos y anónimos; disfrazados, sufrimos desconocidos. A algunos, sin embargo, esta distancia entre uno y sí mismo jamás se les revela; para otros, ella es de vez en cuando iluminada, ya sea por el horror o la pena, por un relámpago sin límites; y hay otros todavía para quienes ésa es la dolorosa constante y cotidianidad de la vida."

                                                                                   Fernando Pessoa
                                                                                Libro del desasosiego

Me reciben los muertos, parecen tan serenos y plácidos.
No hago más que callarme – con todas las palabras que he traído para decir mientras viajaba hasta aquí -. Ha sido un viaje largo, lleno de tiempo para los recuerdos. De música, palabras y flores. Pero llego y me callo de inmediato. Entre ellos y yo se instala un silencio que dice mucho más.
¿Qué iba a decirles yo que no hubiera dicho antes, cuando las palabras significaban algo?
Ahora, sólo me queda el gesto, de estar ahí, frente a ellos, a los despojos, cuando el sol da en las piedras y el suelo frío no lo es tanto. El rumor que me acompañaba durante el viaje se ha ido. Una alegría rara se asienta, de estar ahí, en ese solitario encuentro, donde sólo uno o dos perros en el portón grande, de rejas, parece esperarme. Les he traído flores que dejaré en la puerta. No quiero molestarlos. Seguiremos el diálogo de años cuando me vaya de ahí caminando mientras los perros me sigan, mientras me miran poner agua en el cuenco para las flores. 
Ya no se ve el unicornio azul de Julio ni las diademas de oro, ni los ángeles haciendo sonar las trompetas. La corte del Rey Arturo, la Tabla Redonda y el Santo Grial, Alicia detrás del espejo huyó en el submarino amarillo, John Lennon duerme su siesta de música mientras Yoko prepara una nueva exposición. Borges y Arlt, Bioy y Julio danzan con los tambores inaudibles que sólo ellos escuchan. 
Los muertos, otros muertos … ¿Qué pájaro emitirá el sonido que los despierte de una vez? Bailamos esta danza invisible, sabemos que es difícil el despertar. No nos escuchan. El ruido de las radios y de la tevé se suman a los millones de cedé que dan vueltas y hacen inaudibles a las palabras. Mil años no bastan, están cristalizados en su música y en su ritual, en la belleza de los cuerpos, mil años no bastan para despertar. 
Me dirijo a un solo par de ojos que me mira distante, a los oídos de esa cara de los ojos que me miran y les hablo. No dejes pasar el tiempo: despierta.
Ahora, de nuevo, los muertos, ellos convertidos en arcilla y el polvo circula por ahí, en los senderos, dando vueltas. Seguiremos en diálogo como estuvimos siempre. Ellos me dirán sus cosas, yo les diré las mías. Seguramente intercambiaremos algunos reproches. De tiempos inmemoriales. No estarás de acuerdo con algunas elecciones mías ¿quién podría estarlo? Es tarde para volver atrás. Aflorará también algún reproche de mi parte. También es tarde para hacértelo. No hay vuelta. No hay vuelta para nadie. Ni para ustedes ni para mí. Sólo queda mirar hacia adelante. Y sin embargo…Siento que vienen a buscarme y quieren conversar. Vamos a recordar entonces viejas palabras, vamos a recordar risas y buenos momentos. Vamos a bañarnos al río y a reír y a echarnos agua mientras nadamos y me van enseñando cómo se nada. Quiero atrapar un pez, hay muchos y muchos peces que nadan ahí, debajo del agua. ¿Por qué no puedo atraparlos en mis manos? Vamos a correr sobre la arena dura, oscura y húmeda y a escribir letras y nombres para grabarlos durante la tarde hasta que llegue el agua. Vamos a cortar flores coloridas para poner en los jarrones de la casa. Flores que gritan su color y se dibujan en el aire como una estampa. Vamos a la calesita: eso sí que no, te lo dije antes, ya soy grande para andar dando vueltas en esos autos.
Entonces vamos a tomar algo, entonces sí, vamos, nos sentamos cerca de una ventana y pedimos algo, una gaseosa, como siempre y el diario, para vos.
Todavía no aprendí a leer y miro cómo lees, quiero que me cuentes, con tus palabras qué mundo es ése de las letras. Y vos me lo contás, con tu serenidad para explicar las cosas de este mundo. ¿Y qué más? ¿Y qué más? ¿Ya es hora de irnos, no es cierto?
Son las dos, no quiero que la tarde acabe aquí. Ellos seguirán durmiendo el sueño, yo seguiré con el mío mientras camino y los perros me siguen y me acompañan. Traía tantas cosas para contarles…como siempre ocurre, ésas quedaron para otro momento. Porque ésas son de ahora, de lo inmediato, y con ustedes, dialogamos acerca de cosas sin tiempo, ya no urgen, han tomado forma en la memoria pero nunca acaban. Son silenciosas, dan vueltas y acaban por saltar cuando menos se lo espera. Y saltan, como trapecistas cuando estoy aquí frente a ustedes, porque a ustedes también quieren hablar de estas cosas, tan olvidadas. 
Mientras camino hacia la salida, pienso en este silencio que me acompaña. Me voy llena de recuerdos y de palabras, palabras no dichas, jamás expresadas. Me voy al río, a caminar por la arena descalza, o a sentarme en una mesa frente al agua a escuchar los pájaros que trinan porque ya la tarde se acerca y las sombras van a cubrirlo todo, aunque las flores gritan su color y un chico juega a la pelota en la calle. 
© Araceli Otamendi
Buenos Aires, mayo de 2010