miércoles, 10 de septiembre de 2014

Facundo Melchionda - Bajar la guardia y otros relatos breves

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Bajar la guardia

 

 

What a sight for my eyes | to see you in sleep
Ian Anderson


Me desperté compartiendo la única plaza con una onírica faltante. Tuve sus cabellos, olvidando los míos. Tuve su cuerpo, abrazando simple aire. Tuve toda fortaleza, advenida sin esfuerzo alguno. Abrí mis ojos convencido de que estaba, pero no. Y la extrañé, como si la hubiera tenido. Me inquietó la idea de la existencia de testigos de semejante sueño, de escuchas de las voces en vigilia; me avergoncé de bajar la guardia. Comprendí el mensaje de mí mismo, y me acobardó hacerme caso. 
 








 
 

microrrelato
Seguía intentando endulzarla desde el desconocimiento de su acidez más ácida, y falto de humedad y locura olvidó sus distintivos, dejando visible sólo carne. Ella podía perdonarle casi todas esas cosas. Por eso no llegó a revolucionarla más que con amistosa ternura infantil.


tercer riel
 
 
Las miradas evasoras no vieron las lágrimas salando sus aún-así-desabridos cabellos. No vieron sus pómulos engarrotarse como los engranajes a sus pies, mientras un escalofrío de calor circulaba paralelo a su asiento de plástico.
Ella sólo intenta ser feliz, tropezando está.


* La última frase un pequeño homenaje al gran Flaco Spinetta, de Dios de Adolescencia.

ignorancia
 
Estaba pensando en lo criminal de esta escritura atrevida. Relajado, alegre y satisfecho, pero aún compelido a sublimar con palabras esa cosa que desconozco pero que está. Y surgen palabras, inadecuadas. Innecesarias tal vez. Melancólicas sin dudas, recordando esta ignorancia que no es felicidad.
Lo complicado es decir sin razones para decir, y evitar decir con razones para evitarlo.


Sorber los ojos,
intuir las partes.
No estimar.


Rajadura perdida,
¿cómo iluminar para verte?

 

pequeña reflexión

 
Let me take a ride, Don't hurt yourself.
Kurt Cobain



No la vi, luego tomé conciencia de que era invisible y se me apareció transparente. Bajé la mirada y la esquivé; aceleré el paso. Frené y estaba delante mío. Vení conmigo, Como quieras. Me arrepentí. De acuerdo, llevame vos, Sabés que no te va a gustar, Pero podemos probar. Me arrepentí. Mejor un rato cada uno, No me lo hubieras creído. Esencial. Te busco, Sólo así me presento, Te encontraré, Sólo abriendo los ojos, Te veré, Dónde quieras, Me conducís, Sólo desde ese momento. Tenía razón. Coraje.


 
 
En busca de algo naranja y algo verde
 


Reconocí la miseria de la monocromía. Decidí dejar de temer al retroceso del verde y al avance de otras tonalidades. Me permití viajar en el rojo, complementariamente, para bajarme en árboles más poblados. Imaginé sumergirme en esas azules aguas del anhelo. Probé las psicodelias de los magentas, las bondades de los carmines. Recorrí los dorados, percibí el aroma amargo de los marrones. Me regocijé. Medí mis fuerzas, mudé de fresca clorofila, evolucioné. Comprendí la virtud invisible de los infrarrojos y los ultravioletas; recordé a Antoine de Saint-Exupery. Me refugié, de todas formas, en la esperanza de un mejor verde.


el título es de Charly García, de Pequeñas Delicias de la Vida Conyugal


 (c) Facundo Melchionda
 

San Martín 
Provincia  de Buenos Aires
República Argentina


Facundo Melchionda

Arquitecto y Docente de Dibujo y de Diseño Arquitectónico en la FADU-UBA. Un multidisciplinar de asiento tomar. Dibujante de trabajo, de placer y de vocación. Melómano total y escritor aficionado. Reside en San Martín, Buenos Aires. Escribe irregularmente en su blog http://kracklite.blogspot.com.ar/ , y se lo puede seguir en Twitter en @f_melchionda."

la imagen enviada por Facundo Melchionda para ilustración del cuento pequeña reflexión.

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