jueves, 24 de septiembre de 2009

Alicia María Rita Sant Tochón






Cuento ganador del Concurso de Cuento Archivos del Sur 


FRIO, ALCOHOL Y TANGO




Llegó al bar temprano. La noche estaba bastante fría, traía bien envuelto el cuello con la bufanda que le tapaba además la nariz y la boca. Arturo le abrió la puerta y le dijo que en el mostrador le tenía preparado un vasito de ginebra para ir calentando la garganta hasta que llegaran los parroquianos.
Arturo y él se habían hecho amigos por casualidad, sentados en el mismo asiento del tren que los traía todos los días desde Saavedra a Retiro.
El hombre le contó una vez que tenía un bar cerca de Parque Lezama y que no le estaba yendo muy bien-Los clientes de siempre ¿viste?, pero algunos, creo que por viejos, ya no están viniendo, debe ser por el frío ¿viste?- dijo como al pasar y siguieron conversando del clima mientras seguían con la mirada a la rubia que se había parado para bajarse.
No terminaba el invierno cuando se animó a ir a visitarlo a La Percanta. Era un boliche desabrido de esos en que se leen los diarios de ayer y todavía se ofrecen a lustrarte los zapatos, pero el olor a café prometía cosas buenas.
-Mirá hermano, a este boliche le falta vida-dijo Oscar sin que le preguntaran.
-¿Se te ocurre algo?-le contestó  Arturo, sobrándolo.
-Si comprás tragos buenos, y lo dejás abierto hasta tarde, yo vengo y te canto unos tangos- ofreció sin pudor.
Arturo lo miró fijo y lanzó una carcajada tan sonora, que los que estaban en el bar se dieron vuelta a mirar a ese par que estaba acodado en el mostrador.
  - ¿No me creés? - insistió Oscar.
-Si vos lo decís-  arriesgó Arturo.
Sellaron el trato chocando las tacitas de café: Arturo desconfiado, Oscar seguro de lo que decía.
El escenario que habían montado a la par del mostrador estaba en penumbras. Dos guitarreros que olían a wisky barato, puntearon el comienzo de un tango. Oscar comenzó a cantar con su voz viril y profunda que hacía que todos se callaran, escucharan y bebieran.
Arturo vendía ginebra, wisky y litros de café, mientras admiraba la voz del amigo que cantaba con tanta pasión que tenía emocionados a todos.
Una mujer sola que estaba sentada a una mesa cerca de la puerta, lo llamó con un ademán, el que Arturo vió por la brasa del cigarrillo. Pidió más  ginebra y una cita con el cantante, dijo que esa voz la estaba volviendo loca, que andaba por los bares buscando alguien que la enamore desde un buen tango.- Delirios de borracha- pensó Arturo y esperó que Oscar deje de cantar para pasarle el dato.
-Che cortito, la mina de la puerta te requiere de amores- le dijo riéndose  burlón.
Oscar asintió con la cabeza, bajándose del escenario penumbroso.
Ya era de madrugada cuando Oscar se puso el sobretodo y salió a la calle. La mujer lo estaba esperando en la vereda hecha un ovillo por el frío, lo vió venir con indiferencia.
  • ¿Vos querías estar conmigo?- le habló seguro. La mujer reconoció la voz del cantante y abrió los ojos horrorizada -¡sos enano! – exclamó con la voz empastada por el alcohol.
Oscar cerró los puños sintiendo como la furia le subía a la cara y aguantando las ganas de putearla le contestó irónico -¿Quién, Yo? –y siguió caminando a esperar el colectivo, una vez más, haciendo como si nada.
         
(c) Alicia María Rita Sant Tochón

Alicia María Rita Sant Tochón (Tucumán, 1960) vive en la ciudad de Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina.

imagen: Marino Santa María

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