sábado, 12 de junio de 2010

Carlos Almira Picazo


El inmortal




Al igual que otras veces, fue la casualidad la que le desveló que era inmortal. Un domingo por la mañana, mientras podaba en el jardín, aspirando el fresco de la calle, Carlos Frías se hizo un corte en la mano. Un hilo de sangre casi transparente, apenas líquido, asomó por la herida, que cicatrizó al instante.



Entonces levantó la cabeza como si acabase de oír un pájaro. Se contempló la mano lastimada, sin huella ya de cicatriz; y suspiró:



-¿qué ocurre cariño?, oyó a Elena a su espalda.



Néstor y Aquiles flanqueaban a su madre, con un vago gesto de burla.



-nada, dijo, creí que me había cortado.

(c) Carlos Almira Picazo
 
España

imagen: Jesús Rafael Soto, Grand Blanc, 1974, Pintura sobre madera, metal y nailon, Col. Renault, París (de la muestra en la Fundación Proa)

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