viernes, 9 de julio de 2010

Juan Sebastián Ferrón



Comunicándonos 

Ayer hablamos del deseo. Anunciamos que ambos nos deseamos, pero además deseamos a solas. Ella dijo que le encanta jugar con su mirada, con la mirada del Otro. Jugando se encuentra, se atreve y va en busca de la mirada. En cambio yo, no puedo jugar. Ese juego me resulta fatídico, suicida. Colgarme de una mirada, implica entrar en la locura. Y la locura es silencio, y yo espero el silencio a la hora de mi muerte, silenciosamente me mantengo y espero.  








Regresión



En sueños puedo ver claro. Los dos tirados en la cama observándonos. Yo sé que ella me observa, pero no ve. Sin embargo, puedo sentir que desde un rincón de la habitación sedada, alguien me ve. Yo no quiero ver, pero puedo observar que la mirada proviene del placard. La puerta entreabierta deja escapar un halo de luz roja. Yo no quiero ver, pero sin embargo voy a su encuentro y entonces abro la puerta de par en par y puedo encontrar mis ropas, y las ropas de ella. Cuelgan prendas límpidas, algunas en desuso y contaminadas por hongos satíricos. Otras tantas empecinadas en mantenerse sucias a través del tiempo. Dudo un instante, pues la mirada que miraba ya no está, pero introduzco mi mano fálica de cinco cuchillos horrendos y entonces descubro que alli dentro, entre tanta tela y algodón suspendidas por el frío metálico del barral, se halla un pasaje, un tunel oscuro y denso, un canal de parto, un útero vacío, y comienzo a sangrar, pero mi sangre no es sangre, es un sinsabor lleno de espesura, porque mi sangre quedó en el tiempo, quedó en el mismísimo momento que parieron a este cuerpo.  

(c) Juan Sebastián Ferrón

Wilde
Provincia de Buenos Aires




imagen: Pablo Picasso, Desnudo sobre un diván, 1960, óleo s/tela 198 x 142 cm (de la muestra en la Fundación Proa)

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