sábado, 27 de noviembre de 2010

Araceli Otamendi

Alighiero Boetti
                                                           


La salina

Llegué a la salina como por casualidad, todavía no sé. Es como un paisaje muy blanco y desértico, tal vez… El suelo se parece a un desierto, hay lomas y bajadas, hay laberintos.
Me imaginaba que estaba dentro de un cuadro de Xul Solar que alguna vez vi. Me gusta la pintura de Xul, me gustan sus paisajes llenos de fantasía y al mismo tiempo  reales.
Hace tiempo que camino por la salina – he decidido llamarla así – porque parece estar hecha de sal. Sin embargo, miro hacia lo alto y veo  ahí algunos transeúntes. Lo bueno es que el suelo no es fijo, es de sal o de arena. Se puede caminar, subir y bajar, entrar a los laberintos. Siempre que entro a uno de esos laberintos busco la salida y la encuentro. Lo bueno y tal vez lo malo de esto es que nunca sé en qué lugar está la salida. Voy a tientas. Cuando llego a algún lugar, siempre dentro de la salina, si estoy en un nivel alto, se acercan transeúntes y me saludan aunque no los conozca. Parecen pobladores del desierto, de la salina.  Si aparezco a la salida del laberinto más abajo, ahí no veo a nadie. Parecería que todos se han ido, quién sabe. Es un paisaje extraño, casi amenazador, aunque no sabría explicar por qué. Una vez encontré una puerta en la salina, una abertura en la sal. Salió corriendo un conejo blanco, parecía dibujado. Quise pasar y no pude. Me asomé. El lugar estaba lleno de conejos como en el cuento de Julio. Esto no era un living, era una salina, un paisaje vacío y desértico. A medida que caminaba por la salina la iba conociendo mejor. Pensé si era cierto, si esto que vivía era real. Para confirmarlo, volvió a aparecer otro conejo. Y luego más y más conejos.
Asumí que eran tan reales como los conejitos del cuento de Julio. Me dejé llevar. A veces me siento tentada de correr detrás de ellos y ver adónde van. A veces me canso del paisaje y quisiera leer un libro. Como si alguien me hubiera leído el pensamiento, aparece un libro ante mí: Los dos reyes y los dos laberintos, y luego leo: Jorge Luis Borges. Abro el libro.

© Araceli Otamendi


imagen:


Alighiero Boetti

"Historia natural de la multiplicación", 1975

  Birome s/ papel cuadriculado entelado
  12 hojas, 70 x 100 cm. c/u
  Col. Agata Boetti, Paris, Francia

  (de la muestra en la Fundación Proa)

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