domingo, 14 de noviembre de 2010

Magda Lago Russo


La tierra del demonio
                                                                            

A Burton, aún en las épocas de vida sedentaria, le basta ver un mapa para estudiarlo con ahínco y  proyectar un nuevo viaje a veces casi imposible,  su entusiasmo y su afán de conocer lugares, que parecen imposibles de existir, los hace realidad.
Así cuando Ítalo le propone un viaje casi fantástico, acepta,  tiene ganas de volver a recorrer aquellas tierras que en su momento admiró y no pudo apartar de su retina.
Así le explica a Ítalo:
 -Vas a conocer lugares tan fantásticos que parece imposible que existan en la tierra, iremos primero a Tasmania, la tierra del demonio que sin embargo se parece a un paraíso, es una contradicción que vamos a comprobar.
-Me encuentro tan excitado por tus relatos, le contesta Ítalo, que mi impaciencia a veces no me deja conciliar el sueño
Siguiendo la ruta indicada, llegan a la isla al suroeste  de Australia.
 Burton le comenta:
- Es una tierra  record, tiene el aire más puro, el agua más límpida, la flor más alta y el ser vivo más anciano del mundo: el pino huon de cuatro mil años, que crece sin parar.
Ítalo queda admirado por todo lo que ve, además de montañas, playas negras, ríos de deshielo,  cavernas prehistóricas y árboles milenarios.
Los primeros  pobladores blancos del lugar fueron los presos más temibles.
Tasmania creció como una colonia europea, porque los colonos británicos pensaron que ese lugar aislado era ideal para crear una cárcel.
Cuando pasan a la costa este, todo se transforma, ofrece un paisaje totalmente distinto al anterior, es un verdadero paraíso con colinas onduladas, granjas, pueblos pesqueros y playas doradas.
 -Ves lo que yo te decía del contraste, el infierno y el paraíso.
Ya en el centro de la ciudad, Ítalo  no sale de su asombro ya que está enclavada en la boca de un río y tiene a sus espaldas el marco imponente de las montañas.
Los edificios son de ladrillo rojo, con mercados, restaurantes y puestos de venta de mariscos, posee un barrio colonial con sólo cuarenta edificios del año 1840 restaurados a nuevo,  un sin fin de parques y maravillas naturales, que nadie piensa  que puedan existir y pertenecer a este mundo.
 Ítalo pregunta.   -¿Los demonios de Tasmania existen?
 -Los demonios de Tasmania existen y son poderosos animales de gran fiereza, que se  encuentran protegidos en un parque donde su propietario y cuidador: Mr. Kelly cuenta al público que lo visita todo acerca de estos animales, extraños seres tan temibles de pelo largo y dientes filosos.
Ítalo pasa del asombro a la expectativa, parece estar viviendo en otro planeta, ya que nunca imaginó  que exista tanta diversidad, pensar que la mayoría de las personas viajan a ciudades como  París, Londres o Nueva York y dejan de lado el contacto vivo con la naturaleza de países escondidos en el mapa.
Claro, no todos tienen la posibilidad de tener a su disposición un barco  y un guía como Burton.
Cuando llegan al parque de Mr. Androo Kelly, Ítalo  puede apreciar a los Demonios de Tasmania, un frío recorre su cuerpo, “la verdad, piensa no me gusta verlos  sin protección”.  
-Cómo ven les dijo  Mr. Kelly, el tamaño es el de un perro, tienen una gran fuerza, son marsupiales, poseen un olor desagradable, un grito fuerte y molesto. Se alimentan de animales muertos.
Pueden con sus dientes romper huesos.
Actualmente se considera una especie protegida en extinción.
Después de escuchar las explicaciones de Mr. Kelly, se retiran.
Durante el regreso muy pocas palabras salen de la boca de Ítalo que todavía se encuentra como en un estado de shock por todo lo que ha visto, piensa que esta  sorprendente experiencia no la olvidará mientras viva y que  el viaje que está  realizando junto a Burton, es una verdadera aventura.

(c) Magda Lago Russo

Montevideo, Uruguay

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