domingo, 13 de marzo de 2011

Héctor Cediel Guzmán

Gachi Hasper



Hablando con los recuerdos



Escucha en silencio, escucha, es mi alma la que te habla; deseo que sientas, lo que siento; que rías o llores en silencio, escucha que esto es para ti. Soy un falso viajero de luz, pero sueño con la desnudez de tu paraíso. Roja es la tinta del impetuoso hielo. Arde la lengua de la estrella del relámpago, que improvisa una lluvia incesante de cantos. La blancura insondable de los misterios de tú piel, se tiende ebria sobre el fuego de los vértigos que te coronan. Estoy enfermo por los cándidos colores de tú belleza, sol de las tormentas que se devoran al sensual verano. La luna se levanta impetuosa, salpicada de rosas; estremecida por las lágrimas que suspiran, los secretos de tus recuerdos. No quiero sentirme como un muñeco de trapo, a merced de tus labios.

Creí querer de nuevo, buen comienzo para volver a amar. Creí en tus besos, en tus caricias, pero, poco a poco tu piel esponja, me hacía percibirla marchita; un cuerpo agotado, un espíritu golpeado, unos sentimientos lacerados. Sabía que no eras virgen, pero tu rostro y tu dulce voz, prometían momentos bellos a tu lado, pero ¡que desencanto al amarte!. Por amor a mí mismo, debí huir de ti y buscar una mujer que tuviera algo por conquistar. Eres una ciudad abierta al conquistador: Fría, triste, sin pasión, sin ilusión. Irradiabas un karma negativo. Observé soñando a los silencios y puse a navegar barcos sobre los hilos del pentagrama. Me encantan las madrugadas milenarias de los inviernos. La locura de los relojes. La voz de tu vientre cuando el milagro lo mancha con estrellas, así pregonen destinos fatales.

Pero... volví a ti, para no desaparecer como un aventurero o un corsario más en tú vida. ¡No funciona el forzar situaciones!, fué tú explicación. Llevo el recuerdo de tus senos y caricias, el sabor de tus labios y aún con cierto sentimiento, mi corazón ahogado exclama: “¡Lo siento!, ¡amarte es imposible!, conservemos de lo nuestro tan solo un bello recuerdo”. La soledad puede ser una muerte dotada de hermosura; por eso, te olfateo para jamás olvidarte. Desenterramos llamas con las manos, pero no pudimos borrar las cicatrices; conservo extrañas imágenes que me desvelan como campanas al aire, dentro de mis oídos.

La mirada triste se pierde, observando la muerte. Hay amores que nunca encuentran el perdón, ni el camino de regreso. Si el ayer son leños para el invierno, tal vez los conservo por eso. Me embriagué de horror con el llanto, de ese absurdo monólogo de la demencia. El silencio es la tumba de mi amor; el amor hizo realidad todo lo que imaginé, pero no encontré su alma en tú cuerpo. Fué como amar la bóveda de un cadáver. No hay peor pesadilla, que compartir con el desamor la misma cama. El encanto es un sueño peregrino, que nos condena a naufragar en embravecidas tinieblas.

El tiempo pasó, se marchitó la rosa, se perdió el diamante. No pudimos inmortalizar el fuego. Mi corazón solo conoció el amargo de los sueños. Me enfermé de la más fervorosa muerte. No le pude ganar la partida al mar, ni al destino. Una sombra manchó los colores que intenté reinventar, para desterrar de mi pecho el sino negro de ese absurdo juego de tarot; el destino invadió mis sueños, con un catastrófico fuego que arrasó, al verde amoroso de mis esperanzas. Nunca pude venerarla desnuda, por pensar en ti…

Te busqué para escuchar tus necias explicaciones y estar seguro que te había perdido. Por ti, arañe la vida y la tierra; hasta pinté de colores  las estrellas. Abrigué al frío al sentirme extraño, pero supuse que mis brazos, tampoco serían el nido para embriagarte, con versos amorosamente soeces. Jamás comprendiste y mucho menos perdonaste, lo que sentí por ellas; conspirando me salvé de la muerte o de haberme jubilado en los manicomios.

Fué inútil esperar tanto tiempo, ¡jamás sanaron mis heridas!. Imagina el infierno que fué aguardar por siempre en vano, una convocatoria amorosa tuya; con otro amor pretendiste dejarme en el tintero, pero traías el alma demasiado apesadumbrada por las silenciosas humillaciones. Para mí, siempre serás la más guapa, hermosa y bien amada. Ahora no vivimos embriagados de desconsuelos, ni sufrimos de insomnio añorando arpegios; el fulgor del amor es cenizo, cuando la vida le roba la alucinación, al amoroso infierno.  

Todo es peregrino y hoy, todo es extraño; no somos los mismos para coexistir como en un principio, ¡nada volverá a ser como antes!. Aunque sacies mi sed y me pierda buceando las noches, descubriendo el “nada-todo” hasta el amanecer. Si mañana despierto: la anhelada esperanza o un bello sueño quisiera ser. Nunca volveré a embriagarme con el vino suicida. El mar es complejo y sería mejor despojarnos de los relojes, dentro de los laberintos de nuestras madrigueras, para no enloquecer por el acoso de sus sombras.

¡Cuantas veces me ensoñé con nuestros recuerdos y viví ausente en el pasado!. Fué como si tú piel apresara, las aguas y el viento del deseo-verano ¡ardiente!. Voy a despertar mi cuerpo, con el tibio rocío de una amante, que no finja el orgasmo. Borraré con lluvia fresca todo su cansancio. No volveré a embriagarme con dolor ni a endosarle mi alma a una fulgorosa alucinación. Sé que nunca intentaré conquistar de nuevo el infinito contigo. He resistido las embestidas del fuego de muchas tempestades; pero ya me siento cansado, como los viejos lobos del mar, cuando se resignan y acuden al llamado de la querencia…

La luz de la vela desgarró la penumbra y algunas sombras. Hay tiempos de ilusión, alegrías o penas. Te llamaré, si la vida vuelve a despertar de su invernal letargo; si ese encanto que brota como aroma primaveral es falso, no deseo que lo intentemos vivir. Te amaré hasta siempre en el saqueado recuerdo; sintiendo la sensación de tus besos y caricias, como un mundo que se reconstruye sobre sus escombros. No nos sintamos envejecidos, como adolescentes faltos de imaginación. Solo cuando se desean y se aman de verdad, se desollan con bestial ternura los ardorosos amantes.

Soy un mar de tristeza, que se rebozó de nostalgia. Desearía perder la noción del tiempo, la memoria y la voluntad. Deambulo como un cometa perdido por el espacio; podría por culpa de esta loca carrera, alterar el sosiego de una ingenua y extraña estrella.

Soy ese solitario azotamundo que sabe enfrentar un whisky, un libro, un paisaje, una noche; sin más compañía que los recuerdos, que fueron borrando todas las ilusiones; como esas hojas viejas de calendario, que caen como hojuelas secas en el otoño; se fugan como románticas notas musicales o un trinar del bosque lleno de esperanzas, anunciando la primavera y días de millones de colores. Añoro una chimenea encendida, al borde de un lago sabanero, que me permita rescatar entre el fuego, remembranzas hechas razones para sobrevivir. Hoy, vivo el primer día de mi vida. Morí hace unas horas para siempre. Vivo la maldición del resucitado, a veces necesitamos desconectarnos y olvidarnos que el amor existe. Voy a contar estrellas, para patear algunas como agüero de buena suerte. ¿Como podría transmitirle a los jóvenes, que la vida es una maravillosa experiencia?. Intentaré ganarle una partida al dolor y a la belleza. Es increíble que los versos necesiten del dolor y de la tragedia, para sentir hermosa su música y más sumisa la piel de su hermosura.

Necesito sentir la sombra de una mujer madura, que jamás deje de vivir, el más mínimo momento; así sufra la angustia otoñal y la acosen los miedos o inseguridades, en todo instante; sin embargo, que no deje sin enmendar ninguna de sus decisiones, así se confunda con las sombras de los recuerdos de su primer verano. Hay caricias que no se borran, así como el primer beso nunca se olvida; luego vienen más y más, hasta sentirnos sucios y terminamos confundiendo nuestros sentimientos, ante el alud desmesurado de emociones. Algún día otros dirán las mismas palabras; se besarán en los mismos sitios; se amarán y querrán como nosotros; pero los dos ya no seremos más que un par de amargados, si dejamos de vivir la magia de “ese instante”. Un brandy despierta añoranzas y nos arranca suspiros con sentimiento, de las paredes del alma. Las flores nos acompañarán con la misma fidelidad de un perro, o un maldito libro, un maldecido cigarrillo o una mujer resignada a servirnos hasta la muerte como la mejor ama de llaves. Las relaciones absurdas envenenan al sosiego y marchitan a las esperanzas.

Voy a apagar la luz, para sentir los suspiros de la vida y escuchar los consejos sabios del silencio. Tu sonrisa narra el ambicioso sueño de un espejo, asustado por las piedras que descienden del desnudo bosque.

Jamás pude comprender como una sonrisa fué tú adiós. Las arenas movedizas siempre terminan por derrotar al cuerpo. No comprendo el por qué otros viven la felicidad, que debió ser nuestra; sin sentir lo que siento por tí. ¿Morderá el otoño, la sombra de los leones?.  Recordar no basta, así como llorar o inventar sonrisas, para confundir los sentimientos y retener por piedad, a un amor imposible; cuando un amor se va, nunca será el mismo si regresa. Las mujeres pueden tejer sueños con los mitos del dolor que silban en los oídos, como la violencia que persiste en el curioso infierno cuando las azota. El amor no son solo auroras, ni los lutos tragedias; siempre será una furia fresca de música, el color púrpura de los relámpagos, la lluvia ciega de las campanas, el canto amoroso de los sueños. Recuerda: antes de regalar una ilusión, borrar de tus labios mi nombre, ya que no me dejaste hacerlo. Todo el esplendor de las cóncavas cumbres, se borran con el agua del crepúsculo. Escucha el susurro del viento…el amor siempre habla en voz baja; es la sabiduría oculta de los silencios de Dios.

Recuerda aquel día de desesperación, en el que creí que había muerto el sol y la rosa. Los cabellos se encendieron con el repique de los bronces y las cenizas del tiempo; sentía como si me hubiese hartado el salvaje olor de tú carne, con la pasión, con tus besos y las utopías ígneas del fuego. Los colores de los vitrales, esculpieron poemas, con el resplandor de los versos ofrendados. No me sentía ni aquí, ni allá, ni en ninguna otra parte. La sangrienta soberbia se disgregó en el tiempo. Tampoco encontré un lugar en ningún período de espacio, ni en otra época. Creía que se habían podrido las estrellas en el cielo y que las rosas se habían secado como naturaleza muerta. Desterré la esperanza del brillo de mis ojos; como si las canciones cayeran heridas de muerte, flechadas por el doloroso desencanto. Los nombres más amargos se hundieron en el mar como piedras. No pude soportar más un “hasta nunca”. Conjuré una tormenta de arenas del desierto, mientras aguardaba, el tiro de gracia del invisible dolor. Creí que era demasiado tarde para amar de nuevo. La soberbia de la puerta de tus labios, inexplicablemente se cerró. Fué como si lo mejor de mí, hubiese quedado enredado en labios, sabanas y cuerpos. Sentía latir mi corazón a paso fúnebre, o como el de un corcel sin monta ni comandante. Solo coronas de flores sin esperanza, ninguna de laurel, ni orantes piadosos con fervor. Como dije: “Había muerto el sol y la rosa”. ¿Acaso no te había olvidado?. Se incendiaron los colores de la soledad,  con la locura de las llamas que arruinaron mi destino.

Amor, a veces pienso que me avergonzaba quererte y ese es el precio que me cobra la vida. Los caminos del invierno son ciegos. Siento como si el amor por ti, hubiese sido fruto de un ridículo capricho. El amor debe vivirse como un mundo de un surrealismo fantástico; no sé si fue buena idea ilusionarme o ensoñar mañanas a tu lado; hoy con toda razón me niegas, como si la vida también contara hasta tres veces. Tus ojos no soportan la sal que los azota;  igualmente soñé como ayer, que nuestro amor  iba a ser eterno; me dolerá partir cuando llegue el inevitable día. ¿Quién se beberá el vino de tu jardín?.  Sé que tengo que desembrujarme del encanto de tus caricias; sé que no  podría aprender a olvidarte, ni a odiarte. Escucha el bramido impetuoso de los metales, inventando una dolorosa agonía del alma, para robarse un espacio en la inmortalidad.

Voy a desencantarme, caminando bajo la lluvia, hasta perder mi nostalgia en las huellas de mis pasos. Desaparece el color del rostro de los muertos. Voy a alejarme, hasta borrar los motivos de mi tristeza. Morderé palabras hasta sangrar y salvar ese poco de dignidad, que conservamos los miserables. Dejaré algunos versos en tus manos, para que recuerdes que fuiste insensible como una piedra y que heriste mi amor de muerte. Las premoniciones del fuego blanco, me hablaron de extrañas aventuras; que me pararían al borde de la tumba, a aguardar el cañonazo de gracia, ¡el misericordioso!.

Te amo y te amaré hasta siempre. Intentaré salvar tus sueños con el resplandor de la luz de mi muerte. Dejaré que tus manos reinventen un amor, con la diabólica lucidez de la desnudez. Cada día el verano garabatea un corazón ebrio con alas. No sé si pueda volver a levantarme después de este invierno. Te amo y te amare hasta siempre. Sé que me estas suicidando, y sin embargo deseo decirte: ¡Gracias!

TU PERRO VAGABUNDO

(c) Héctor Cediel Guzmán

Bogotá 

Colombia

imagen:

Gachi Hasper
Colección Alberto Goldenstein
(de la muestra en la Fundación Proa)