viernes, 1 de abril de 2011

Juan Carlos Gómez

Joaquín Torres García - Teatro 



La pluma del oso

Dicen que había una vez una niña a la que le gustaba escuchar cuentos, cada día su padre le contaba uno antes de dormir y los fines de semana cuando salían a pasear. Ella se divertía con cada narración pero había una que le parecía la más tierna y desopilante. Tenía sus dudas acerca de si se la había leído o se la había improvisado, como tantos juegos que hacían, como por ejemplo la niña le hablaba en catalán y el padre le respondía en portugués acerca de una palabra que escribía una vez cada uno en castellano, así se entretenían aprendiendo.
Un día sábado cuando la niña esperaba a su padre, muy especial por cierto, ya que le había prometido un regalo.
Abordó en Barcelona el bus ochenta y uno en la Plaza España, como era su costumbre iba leyendo en el camino unos cuentos cortos de Juan Arreola el mejicano y del tucumano Anderson Imbert, soñoliento en un estado de sopor se despertó en la última parada, lo había vencido el sueño, bajó rápidamente en la calle Joan Carles de Gavá frente a la rotonda. La niña lo esperaba con su perrito Black, de una francesa rapera que se lo prestaba cuando salía de gira. Fueron a pasear   por un parque, entre las conversaciones le preguntó cómo era en verdad la pluma del oso.
El padre le recordó el cuento y se rieron mientras hacían el circuito de gimnasia informalmente. Luego se sentaron en la parte más alta del Auditori y de allí veían el paisaje, las montañas, el verde de la grama, el pasto seco, los pinos y demás coníferas, las casas, y un canal inmenso que lo atravesaba.
De allí fueron hasta el mercado de Gavá a los Tres Chavales; aquel día pidieron fideuá, la niña un jugo de naranja y el padre un quinto de cerveza, Black descansaba como un Pegaso debajo de la mesa sin chistar.
En una animada conversación, como era habitual en aquellos dos soñadores, la niña le mencionó el cuento de la pluma de oso y le preguntó directamente si existía tal pluma. Lo que no se sabe es si no escuchó, por el sonido de la música o el ruido de las conversaciones de la gente o hizo que no escuchaba,  mientras buscaba en los bolsillos de su chaqueta tejana, afanosamente,  el regalo que le había prometido y que tanta expectativa había provocado en la niña. Entre su ansiedad y al advertir desconcierto y desolación en la mirada de su padre, le preguntó: ¿Qué pasa papá?  A lo que el padre le respondió distraídamente: Nada; sacando la pulserita de plata, tenía enganchada azarosamente una pelusa violácea y gris ante la estupefacción de los dos y la fascinación de la niña mientras el padre le ponía la pulserita ella miraba enternecida la pluma del oso estallando de felicidad. El padre sólo atinó a compartir aquel momento mágico, preguntándose de dónde salió aquella minúscula pluma, tal vez de alguna paloma de la Plaza Catalunya. Sin imaginarse cómo habría llegado a enredarse en su regalo. 

(c) Juan Carlos Gómez

Barcelona

Juan Carlos Gómez : Nació en San Miguel de Tucumán, Argentina el 30 de agosto de 1961; estudió Letras en la Universidad Nacional de Tucumán; ha publicado fragmentos de sus obras, poemas cuentos, novelas, ensayos, artículos, etc; en revistas y diarios locales de Argentina; también publicó en diferentes revistas digitales como www.pontodevista.net, www.losnoveles.netRevista Archivos del Sur
 www.poetalatino.com; www.lamaquinadescribir.com. Actualmente vive en Barcelona, donde ha participado como coautor de documentales en los talleres de videos del TEB, www.ravalnet.org; conjuntamente con OVNI, Observatori de Vídeos No Identificat del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

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