domingo, 22 de mayo de 2011

Magda Lago Russo


El hijo pródigo


Ella piensa que no importa la edad, siempre debe haber una caricia que escape de las manos para esconderse en los cabellos, la cara o la espalda encorvada sobre los libros o el trabajo.
Esta vez como siempre le demostrará, que ha pesar de los años pasados, tiene miles de caricias guardadas entre los dedos, marchitos quizá y las volcará en él.
Vuelve después de años y a pesar de la comunicación cotidiana, no es lo mismo tenerlo frente a sí.
Al mirar sus ojos, sabrá de los años de desilusiones, angustias y alegrías
Con sólo mirarlo, aguzando los sentidos, descubrirá una arruga prematura o un rictus desconocido.
Sabe todo, su instinto de madre se lo dice, aunque se lo oculte, las lágrimas de los primeros meses, la nostalgia, el desarraigo.
A la distancia ella ha sentido lo mismo, nunca lo manifestó en los mails casi diarios no quería que supiera de su dolor.
Deseaba que la recordase altiva sin lágrimas, sonriente igual al día que lo despidió en el aeropuerto, aunque cuando el avión se elevó se desplomó como una marioneta a la que le han cortado los hilos.
Ya no puede levantarse con elegancia, poco a poco el dolor de la ausencia y los años pasados le han doblado la espalda.
No derramará una lágrima, lo saludará como si volviera de un paseo diario, aunque en el abrazo pierda hasta la última de sus fuerzas
Siente como la puerta se abre y un murmullo la estremece, se vuelve, da una mirada alrededor.
Se acerca guiada por las voces, cuando lo ve sus piernas flaquean, no tiene tiempo de caer, unos brazos la sostienen y dos sonoros besos caen sobre sus mejillas.
Por un momento, le parece que los años no han pasado, eleva el rostro mira aquellos ojos amados y por ellos sabe de una juventud madura, firme, sólida.
Una cálida paz la invade.
Se desliza de los brazos, se aleja un poco para mirarlo de frente, ahora más que nunca sus caricias van a perderse en las sienes grisáceas.
Porque piensa que cuando vuelva la próxima vez, ellas se han escapado del hueco de las manos y como espectros irán recorriendo la casa en soledad.



(c) Magda Lago Russo

Montevideo

Uruguay



imagen: Rosemarie Trockel, Lana, patrón a cuadros- s/t (de la muestra en la Fundación Proa)

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