jueves, 16 de junio de 2011

Abel Espil



La Margarita


                       dedicado a Sara Owenn de Pistocchi



La conocí de niño a la Tía Sara Owenn--hija de Galeses- . Le compraron a mi madre, una pequeña casa con un extenso parque, pocos árboles y ninguna flor.

"Ya llegará el pájaro con una semilla en el pico y elegirá algún lugarcito"

Siempre la Tía repetía estas palabras. Llego el día . Al fondo, en el medio del parque,creció lentamente una margarita.

Era verano. Algunos de los chicos, asesorados por la Tía Sara, le poníamos -- al no tener sombrilla -- un enorme paraguas negro, que la protegía del fuerte sol.

Al llegar el otoño, le cortábamos todos los pétalos, esperando los fuertes vientos.

Con la primavera se puso hermosa, grande, erecta y muy blanca.

Siempre estuvo en el mismo lugar. La Tía ,con un mate en la mano se acercaba por las mañanas a ella, se secaba la mano izquierda---en un delantal ajado y cansado---la acariciaba y al tiempo lo volvía a repetir.

A la llegada del invierno, corrimos a protegerla con una frazada escocesa. No estaba. Miramos a la izquierda, no estaba. Miramos a la derecha, no estaba.

Entramos azorados a la casa, la Tía dormitaba cercana a la chimenea con abundante leña.

Su reposera Thonet, iba y volvía, impulsada por sus pies. Junto a ella , estaba recta y blanca, con todos sus pétalos.

La margarita, disfrutaba la compañía de una madura señora, hija de Galeses.


(c) Abel Espil


Buenos Aires

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