domingo, 24 de julio de 2011

Jorge Durán



Para Elisa

Todos los días viajo en el subterráneo de la línea C (Constitución – Retiro) en la ciudad de Buenos Aires.

En algunas oportunidades encuentro a personas que ya las he visto anteriormente.

A este hombre que ahora no dejo de mirar creo haberlo visto con anterioridad, pero no en el subte, de esto estoy segura.

Cabello blanco no muy abundante arriba, pero si largo atrás y se toma la colita con un elástico dorado. Alto, delgado, las manos muy blancas, pulcras, los dedos largos. Lleva un anillo con una piedra negra. Su rostro realmente habla. No es una persona común que pase desapercibida.

Sobretodo gris, camisa blanca y corbata negra.

No, este hombre no es una persona cualquiera…

En uno de los bolsillos del sobretodo que sobresalen hacia arriba, lleva algo así como hojas pentagramadas mezcladas con piezas de música.

Hoy hubo mucho trabajo en la oficina. Estuve muy ocupada y me olvidé totalmente del hombre del subterráneo.

Ahora que estoy en mi departamento, me vuelvo a acordar del hombre, tanto que no puedo leer el libro que empecé hace unos días en virtud de los pensamientos que me acosan.

Hace ya un par de semanas que no lo he vuelto a ver.

No se porqué causa quedé tan preocupada por esa persona…

Pasaron varias semanas y esta tarde lo he visto desde el taxi que me lleva.

Hago detener el coche y bajo raudamente.

Por más que busco y busco por las calles alrededor de donde lo vi no puedo encontrarlo. Es por el barrio de San Telmo.

Entro a un café y me recrimino a mi misma esta circunstancia tan absurda que me ocurre. Me prometo sacarme esta idea de la cabeza.

-¡Que me importa quien es!

-¿Me importa acaso?

-¡No, no, para nada!..

Esta última semana también he tenido mucho trabajo.

Después de ocho días de no haberme acordado del hombre, hoy mientras que caminaba por San Telmo rumbo a casa de una amiga creí escuchar su voz. Si, creo haber escuchado sus voz.

-¿Pero acaso lo he sentido hablar anteriormente?

-¿Acaso conozco su voz?

Volví a la casa donde creí escuchar la voz.

Casita pequeña. Una puerta muy alta con vidrios biselados y dos ventanas a los costados con cortinas blancas pesadas.

Alguien tocaba el piano. Mejor dicho, alguien ejecutaba torpemente “Para Elisa”.

Estoy segura que alguien habló. Pero si seguía parada ahí tendría problemas. Opté por retirarme.

Cuando llegué a la casa de mi amiga pensé en contarle el caso pero se me fue de la mente. Entonces tomamos el té y hablamos cosas banales.

Mas tarde, ya a solas, me sentí contenta por eso.

Han pasado algunos días y no me he acordado del hombre hasta hoy.

Caminaba por Recoleta y vi de atrás un hombre de sobretodo gris con papeles en el bolsillo. Lo seguí hasta pasarlo y al darme vuelta para cerciorarme de su aspecto noté que no era El.

-¡Así no puedo seguir! -me dije. -¡Así no puedo seguir!..

Días después caminaba por la vereda aquella de San Telmo y al pasar por la casita pequeña escuché la voz. Alguien tocaba “Para Elisa” torpemente.

Si, escuché perfectamente cuando dijo: -Mi bemol, mi bemol, corrigiendo al alumno torpe.

Corrí a la casa de mi amiga y le conté todo de un tirón.

Fuimos hasta la casa donde escuché la voz y le preguntamos a la señora que nos atendió acerca del profesor de música.

-Si, -nos dijo. -Mi hijo que hoy tiene treinta años y es pianista fue su alumno, pero el profesor ya murió hace muchos años. -Se llamaba Germán.

Trajo entonces una foto del hombre. Ahí estaba: De pie al lado del piano vertical. La camisa blanca, la corbata negra, el sobretodo gris con las partituras en uno de los bolsillos. Una mano sobre el hombro del niño mostraba el anillo con la piedra negra.

Claro, su rostro era más joven…

(c) Jorge Durán

Acerca del autor:

Jorge Durán Estudiante en el conservatorio músico actoral de la profesora

Rita Alberto en Villa Huidobro (CORDOBA- Argentina-.)

Participante en  talleres radio teatrales en Mendoza. Argtna.

Participa durante un año y medio a talleres en el conservatorio Nacional de Buenos Aires.

Alumno de la directora Galina Tolmacheva, “regisseur” del Instituto de Arte Escénico de la Universidad Nacional de Cuyo.

Fundador en la ciudad de Mendoza del teatro independiente del hombre. Director de la puesta en escena de La mujerzuela respetuosa de Jean Paúl Sartre, en Mendoza.

Co -fundador de Pequeño Teatro. En Mendoza.

Ayudante de dirección de la obra de Hugo Betti Delito en la isla de las cabras, en Mendoza.

Co fundador del teatro independiente La Avispa en Mendoza.

Actor en las siguientes obras: Trescientos millones de Roberto Arlt. El puente de Gorostiza. Farsa y justicia del corregidor de Alejandro Casona. Un amante en la ciudad de Ezio de Rico y otras. Tiene una novela, un libro de cuentos y un radio teatro escritos que permanecen inéditos.

Ganador de un concurso de la sociedad Mendocina de escritores por su cuento Marcelina y publicado por la revista Mediterránea de Córdoba. Premiado por la FAO por su cuento La Fidela con mención honorífica. Y publicado en una antología.

Premiado por Ediciones del Árbol de Buenos Aires, por el mismo cuento y publicado en una antología. Premiado por Ediciones Orola DE Madrid (España) por su cuento ADIÓS MAMÁ y publicado en antología tomo III. Escribe en varias publicaciones internacionales. Escribió por varios años en el semanario PROPÓSITOS, de la ciudad de Mendoza, sobre temática teatral.

Escribe cuentos como actividad principal. Tiene un libro terminado con el título: “ Cuentos para leer en voz alta “.

En el teatro del colegio Esqiú de Mar del Plata presentó con su dirección y puesta: La zorra y las uvas de Guillermo Figuereido.

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