lunes, 29 de agosto de 2011

Rosa María Fiocchetta


















El regreso


Veinticinco años habían pasado desde el día en que la condenaron por dar muerte a su esposo violento. La llevaron a prisión y pocas veces alguien fue a visitarla en ese tiempo.
Nadie la estaba esperando en la estación. Su madre estaría ya muy anciana ¿para que avisarle? Solo dos kilómetros...los caminaría.
La valija con poca ropa casi no pesaba. Atravesó el pueblo sin que casi nadie le prestara atención. Era una suerte que la máscara del tiempo la hiciera irreconocible.
Había cambiado mucho todo. Aspiró hondo. Un viento insistente y desapacible la acompañaba silbando, y las hierbas al salir del poblado se inclinaban como no queriéndola saludar, como agachándose para el lado contrario, como ocultando y arrastrando hasta las florcitas del campo.
María, caminaba casi sin querer llegar a ningún lado. Pudo ver su viejo calzado lleno de polvo y tierra. Tuvo pena de si misma. Como no la tuvo aquella noche anterior al homicidio, cuando su propio rostro quedó deformado y amoratado del golpe infringido por Daniel. Tuvo miedo, como no lo tuvo ni siquiera cuando contempló a su esposo acuchillado y ensangrentado en la cama.
Pensó en su casa. Por suerte quedaba para el otro lado del pueblo y no estuvo obligada a pasar por ahí. También pensó en la casa de sus suegros que quedaba cerca, repasó la injusticia de que fueran ellos quienes ganaran a su madre la tenencia de sus dos pequeños. Porque no los volvió a ver nunca más. Serían hombres, ¡ojalá que no violentos!
Sintió un poco de frío...sin dilucidar si era por esa sensación que tenía como de venir de otro planeta o si en realidad verdaderamente estaba refrescando. Los ojos se le llenaban de tierra. ¿Sería posible que tuviera que llegar llorando estas lágrimas de sal y viento sin ganas de llorar?.
Se recriminó una vez más la enorme culpa que siempre la atormentó. Esa que ya está paga. ¡Y tan cara!
Mientras contemplaba algún que otro caballo detrás de las alambradas, María solo podía arrepentirse de una sola cosa. De no haber denunciado a tiempo las innumerables palizas. También de haber creído en las palabras de ferviente arrepentimiento con las que siempre en el pasado la terminaba convenciendo Daniel .
Volvió a sentir bronca con el muerto. También quiso estar muerta.
Entre el polvo pudo divisar la humilde casa y el horno de barro. Apuró sus pasos, cambió de mano la vieja valija que ya se estaba volviendo pesada.
Se detuvo frente a la tranquera y la abrió fácilmente. Unos pequeños perros corrieron a detenerla mostrando más dientes que fiereza...Vio a su madre salir limpiándose las manos en el delantal sin reconocerla todavía. Cuando la mirada de interrogación en los ojos de la vieja, se trocó por asombro.. Un grito y una carrera hasta el abrazo la hicieron cambiar el ánimo para volver a sentirse segura en los brazos queridos. ¡Gracias Dios no es poca cosa tener madre!

Ya adentro de la casa la pava invitaba a tomar unos mates y a conversar.

Se dio cuenta que su madre no quería tocar el tema hiriente de sus hijos que la odiaban. En sus rodeos la vieja mujer prefirió hablar de Vilma.

-Tengo una mala noticia hija. Tu amiga Vilma que siempre quisiste tanto murió hace unos días.

María la miró, para ella casi ya no había malas noticias.

-¿De que murió?

-Andaba mal, empezó como a volverse loca, se la pasaba diciendo que ella acababa de matar a su amante y todo tipo de disparates. Se tiró adelante de un auto que pasaba en la ruta a la vista de todos .¡ Fue un desastre!

-¡Mamá ...! Ella no acababa de matar a su amante, lo mató hace veinticinco años.

-Le dije a los jueces que era inocente, se lo dije a todo el mundo. “Nadie me creyó mamita, ni siquiera vos.” ... ah ¡Con que Vilma y Daniel! Pobre infeliz disfrazada de amiga . Ella ni siquiera aprendió que de la violencia no hay regreso. Sin embargo yo he regresado madre...






Nota de autora: De la violencia de género no hay regreso. Es necesario denunciar al violento, “a tiempo”


(c) Rosa María Fiocchetta

Acerca de la autora



Rosa Maria Fiocchetta

Nació en Santa Rosa- Mendoza- Argentina

Residente actual en Buenos Aires

Abogada –Dedicada Asuntos de Familia

Estudio de Postgrado en Pedagogía en la Universidad de Maimonides obteniendo el Titulo de Profesor Universitario

Premio en el Concurso Edición Libro de Cuentos Cuaderno de Cultura N° 2

Impreso en el mes de Diciembre de 1974 en Talleres de Imprenta Oficial- Mendoza –Republica Argentina. Titulo del Cuento “Juan de la Esquina”-

Premio actual Editorial Mellalituil – Resultando finalista en el I Concurso de Relato Corto y ser Coautora del Libro Héroes acompañando a Héroes – México 28 de Marzo de 2011














imagen: Gego, s/t, (1961) (de la muestra en el Malba)

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