martes, 6 de septiembre de 2011

Ada Inés Lerner












Una entrevista especial









Caminaba yo por Perú hacia Avenida de Mayo. La noche se presentaba sombría con sus ráfagas de viento cuando me parece que lo veo en un barcito en una mesa cercana a la puerta. Está solo y quizás por eso me animo a entrar; debería lograr interesarlo en mis preguntas y conseguir el reportaje ¿y entonces? Todo el aplomo del primer impulso se desarma en mi interior. ¿Cómo abordar a un muerto célebre, a ese hombre, a ese escritor magnífico, que lee absorto frente a mí? No se me ocurre absolutamente nada. Busco apoyo en el respaldo de la silla y me enderezo un poco; me quedo mirándolo, sin poder articular palabra. Roberto Arlt, de él se trata, sigue concentrado en lo que hace. Repite la lectura, busca vaya a saber uno qué secretos. Todos los movimientos los hace con calmada precisión, con obstinación, tal como se adivina en sus labios finos y apretados. ¿Es esta una intromisión de la eternidad en la vida? ¿Desaparecerá de pronto?
Periodista - Disculpe la interrupción ¿Usted es Roberto Arlt?
R.Arlt - Otras personas me han preguntado: ¿Dígame, ese Arlt no es seudónimo? Me llamo Roberto Godofredo Christophersen Arlt
P - Bueno, eso ya lo sé, la historia de su familia inmigrante y todo eso..
RA - Entonces usted comprende que no es cosa agradable andar demostrándole a la gente que soy quien soy y que una vocal y tres consonantes pueden ser un ape llido. Yo no tengo la culpa que un señor ancestral, nacido vaya a saber en qué remota aldea de Germanía o Prusia, se llamara Arlt. No, yo no tengo la culpa pero creo ser el que usted piensa.
P - No, claro que no, quiero decir sí, si .
¿Será un sueño? Ahora pierdo de a poco la timidez y sigo observándolo casi con descaro. ¿Cómo serán los pensamientos de un muerto? Me agacho como si se me hubiera caído algo, para hacer tiempo. Al enderezarme, quizá el mismo movimiento, me hace tropezar
RA - Perdón, ¿gusta sentarse, señorita? – las cejas tan pobladas, la mirada contrariada y ése rictus... me hacen dudar pero ya estoy jugada.
Me siento frente a él, parece haber aceptado un contrato implícito.
P - ¿Le molesta si abro mi notebook? Tengo parte de su biografía aquí. Casi como si lo hubiera estado buscando.
RA - ¡Qué invento ése!, ¿no? Permítame ver ... impresionante, lleva todo aquí
P - ¿Le molesta si primero le hago algunas preguntas personales? La verdadera fecha de su nacimiento, por ejemplo.
RA - ¿Es importante? Nací el 2 de abril de 1900 y me anotaron el 26 de abril.
P – Bueno, pertenece usted a dos signos zodiacales, Aries y Tauro. A usted le interesaban las ciencias ocultas, de hecho escribió sobre ellas. En 1920 publica Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires.
RA – Hablemos de mi obra, ¿quiere? Algunos dicen que soy anarquista, otros un precursor del existencialismo, he colaborado con periódicos de izquierda Extrema Izquierda, Izquierda y Última Hora. y fui columnista de los diarios más importantes de la ciudad, hasta de La Nación... Después comienzo a publicar cuentos en Mundo Argentino, colaboro en Ultima Hora, Claridad y El Hogar,
P – Y también en la Revista Don Goyo, de su amigo Nalé Roxlo
RA – Bueno, verá yo era muy joven y él fue siempre mi amigo, un amigo entrañable, la revista era humorística y me gustaba...
P – ¿Se casó muy joven? Allá por 1922, en Córdoba con Carmen Antinucci ¿verdad?
RA – Está informada, sí, allí en 1923: en Cosquín nace nuestra hija Mirta Electra, pero esto pertenece a mi vida privada y habíamos quedado...
- P - Ya en Buenos Aires ... por 1927 se inicia como cronista policial en el diario Crítica. El 4 de marzo muere su padre Karl Arlt.
RA - Mi padre, como todo militar, tenía su lado sádico y perverso. Yo era travieso y solía hacer alguna de las mías, mi padre me amenazaba, mandándome a dormir y diciéndome que apenas saliera el sol me despertaría para darme flor de paliza. No dormía en toda la noche, torturado por la idea de que se hiciera de día. El insomnio ocasionado por esta tortura psicológica me acompañó toda la vida, siempre fui silencioso y huraño. Yo tenía 17años cuando dejé mi familia, como le dije mi padre era un tipo difícil, un padre kafkiano. ¿quiere un café?
P - Cortado, por favor. Lo busqué por los cafetines de Boedo y el barrio de Flores, leí que allí transcurrió buena parte de su infancia y adolescencia y mire dónde lo vengo a encontrar.
RA - Yo aprendí todo en las calles del barrio de Flores. La necesidad me llevó a trabajar como pintor de brocha gorda, en una librería, aprendiz de hojalatero, en una fábrica de ladrillos. Algo sucede todos los días y uno no puede ser el mismo. Ahora soy cronista, un cronista meditabundo y aburrido. Aunque confieso que quiero ser rico.
P - Para no sufrir las humillaciones de ser pobre, como Remo Augusto Erdosain o ¿se siente más cerca de Silvio Astier? Hay quien dice que El juguete ... se acerca más a una autobiografía ¿quizá siente que a veces, usted es Erdosain o Astier? ¿O alguno de los dos es usted? - No me contesta, mira hacia fuera, marcas gestuales perpetradas en su rostro joven le dan un aire rudo; me siento incómoda – Le gusta escribir teatro, es evidente en su bibliografía: estrena, en1932: «El humillado», fragmento de Los siete locos, en el Teatro del Pueblo, la escenificación pertenece a Leónidas Barletta.
RA - (Se toma tiempo para el café y reclamar el vaso de agua, que no nos trajeron) ... del tiempo del grupo de Boedo ... gran amigo, excelente actor y director. En ese grupo estaban escritores como Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, Alvaro Yunque y Elías Castelnuovo; nos reuníamos en la Editorial Claridad, en Boedo al 800, ahí se publicaron algunas de mis obras. Sí, me fascina el teatro.
P - ¿Para usted, la vida, qué sentido tiene? ¿Qué objetivo? – Ay otra vez, qué pregunta estúpida.
RA ­- No, ninguno. Siempre admiré a quienes mostraran poseer la fortaleza necesaria para sobrevivir solos en un medio social hostil. Quisiera organizar mi vida sobre lo que me apasiona, ser inventor pero aún así le digo que si logro miles de pesos me retiraré del oficio de inventor para vivir definitivamente de mis rentas.
P - ¿Y quien hará la revolución social?
RA - La voz de los postergados por el sistema social vigente, ¿no dice algo así el farmaceútico Ergueta?
P - Usted es el autor. Creo que sí. Dígame si me equivoco: En 1926 aparece su primera novela, El juguete rabioso, con un marcado acento existencialista. Comienza a escribir en la revista Mundo Argentino, es redactor de los diarios El Mundo y La Nación, el diario Crítica,
RA - Allí conocí a Salvadora Medina Onrubia, la mujer de Natalio Botana, agitadora anarco feminista, personalidad polémica incluso entre los anarquistas, fue una gran amiga.
P - En 1931 aparece Los lanzallamas, segunda y última parte de Los siete locos, después aparece su última novela, El amor brujo, y comienza con el teatro, estrenando su obra 300 millones, participando del Teatro del Pueblo, fundado por Leónidas Barletta. Las Aguafuertes porteñas y sus cuentos en El jorobadito, Mundo Argentino y las Aguafuertes españolas,
RA - Tuve oportunidad de viajar a España, una España en la que ya se vivía la revolución social en las calles,
P - Y la pronta llegada de la guerra civil.
RA - Sí, los futuros académicos argentinos me reconocerán, y yo habré tenido el placer de haberme muerto sabiendo que años después me levantarán una estatua – volvía la ironía del narrador. Me pareció Erdosain el que sonrió halagado: - Yo siempre me ocupo de cartas de lectores, suelo admitir que se me hacen algunos elogios. Pero no creo que usted sea de las que...
P - No, yo no. Luego estrenó La isla desierta en 1937, África en 1938, y La fiesta del hierro en 1940. Prueba de amor, «boceto teatral irrepresentable ante personas honestas», las «burlerías» La juerga de los polichinelas y Un hombre sensible y El desierto entra en la ciudad, una farsa dramática: A veces parecía usted indagar en territorios de imaginación, rondar la literatura fantástica. Ha sido un autor prolífico y transitado varios géneros. Aunque usted parece conocer bien a la gente y a la sociedad
RA- ­ Sí, algo estudia uno para destruir esta sociedad. La sociedad actual se basa en la explotación del hombre, de la mujer, y del niño. Si quiere tener conciencia de lo que es la explotación capitalista, vaya a las fundiciones de hierro de Avellaneda, a los frigoríficos y a las fábricas de vidrio, manufactura de fósforos y tabaco. Sobre esta tierra quién tendrá piedad de nosotros. Míseros, no tenemos un Dios ante quien postramos y toda nuestra pobre vida llora.
P - Usted, crítico ácido de la sociedad burguesa estuvo relacionado con el grupo de Florida y con el de Boedo: desde este barrio popular defendían un arte comprometido con los problemas del hombre.

RA - No me casé con nadie, frecuenté el grupo de Florida, los llamados martinfierristas que se reunían en el café Richmond.
P – El de Tucumán y Florida
RA – Ya no recuerdo, no me sentía cómodo con esa gente aunque reconozco una deuda con Güiraldes. A mí me divertía contar de mis amistades con rufianes, falsificadores y pistoleros, de las que saldrían muchos de mis personajes: Dios canalla. A nosotros. Te hemos llamado y no has venido ... a veces se me ocurre que algunos santos eran tremendamente ateos. Y los de Florida eran hijos de gente bien... usted me entiende ...
P - Sí, claro, Borges, Ricardo Güiraldes, Pasemos a su salud en 1939 el médico comienza a advertirle sobre sus problemas de salud, sobre todo cardíacos.
RA – ¿Sabe usted eso? Si, es cierto ....- después de un silencio, sorbe un traguito de café y dice suavemente: en el 40 muere Carmen. ...
P - Según mis notas se edita El criador de gorilas, una selección de cuentos, y su última obra de teatro El desierto entra a la ciudad. Se casa con Elizabeth Schine en el Uruguay hasta que finalmente, el 26 de julio de 1942 muere en Buenos Aires tras un infarto. Su esposa declaró “Nunca vi morir a nadie de un ataque al corazón, pero lo de él fue muy angustioso”
La mirada se pierde y el silencio nos abraza. En el confín, tristemente iluminado por oscilantes lunas eléctricas, se veían deslizarse vertiginosas cordilleras de nubes.
P - No debí decirle eso, no lo sabía – Hace una seña para restarle importancia y continúa con su obsesión por la riqueza.
RA - ...en definitiva, el dinero concederá a las ideas el peso y la violencia necesarios para arrastrar a los hombres.
P - ¿No ve en la literatura una posibilidad de contribuir a la transformación de
la sociedad? -
RA – No, pero es una forma de poner la sociedad al desnudo. La literatura se muestra capaz de revelar las dimensiones profundas de la personalidad, mire, aunque Astier formó "el club de los caballeros de la media noche", las empresas colectivas no me interesan, incluso yo, Roberto Arlt formé una sociedad para patentar unas medias reforzadas, gomificadas, que no llegaron a ser comercializadas, y al decir de un amigo parecían botas de bombero .Buscaba hacerme rico con mis inventos. No, no me gustan las empresas colectivas.
P - ¿Ni siquiera cuando van encaminadas a mejorar las condiciones de vida de losdesheredados?
RA - No, soy individualista, aunque reincidí en la institución familiar tengo visión negativa... Puede verlo en mis personajes. Quizá sea temor a la miseria.
P - O...
RA - O en un mundo que se desmorona. - Me parece oír la voz burlona, cínica del narrador... - la falsedad de los valores, la inutilidad de los esfuerzos, lo insensato de las ilusiones, el fracaso inevitable de los proyectos y lo terrible del fin.
P - Sin embargo los hombres de ésta y de todas las generaciones tienen absoluta necesidad de creer en algo ¿usted no? En El amor brujo usted insiste en la presentación de personajes obsesionados ...
RA ... Por la felicidad ,es muy humano, ¿no le parece? es que la fantasía permite evadirse de una existencia gris. Mis detractores aseguran que soy un canalla monstruoso, Soy un hombre que ha padecido mucho. No negaré que dichos padecimientos han encontrado su origen en mi exceso de sensibilidad, tan agudizada que cuando me encontraba frente a alguien he creído percibir hasta el matiz del color que tenían sus pensamientos.
P - ¿No se ha equivocado?
RA - Percibo los furores que encrespan los instintos y los deseos que conllevan las intenciones de hombres y mujeres
P - ¿Y cómo se siente, entonces?
RA - Entonces jamás estuve más solo si ellos y ellas son transparentes para mí. Me ha convertido en un sujeto taciturno e irónico.
Es en ese momento que recuerdo a algunos de sus personajes y al narrador de que le hablaba antes. Esta vez él está sentado allí, atendiendo a hombres y mujeres que se acercan a saludarlo, me repito varias veces: yo estoy despierta y no soy la única en este lugar que lo reconoce. Se lo ve ... tiene esa presencia porteña ... peinado al medio, con el mechón cano que cae
sobre la sienes, ceñudo entre cejas pobladas y oscuras. Desde que tengo memoria he visto el mismo rostro en las revistas y en los cuadros.
La noche ululaba como si fuera un bosque en el que me sentía perdida como solía sucederme entre sus personajes. Comprendía que mi silencio involuntario llevaba la entrevista a su fin.
RA - Señorita, soy un escritor y caminante: debo continuar, pero no crea mucho en lo que le digan de mí, más bien de fe a lo que le dice mi literatura.
Los hombres se declararán en huelga hasta que Dios se haga presente...
Es necesario cambiar la vida. Destruir el pasado. Quemar todos los libros que apestaron el alma del hombre. Hay que hacer la revolución social.





Y así como lo encontré, desapareció. Yo pienso que le era imposible seguir la tarea en su época, en aquel mundo convulsionado.. Por eso se fue y por eso parece querer volver: nuestra realidad necesita un pintor que utilice los materiales de la ironía y la furia de su errabunda vida de inventor.
Al atravesar el mundo Arlt y entrar en la redacción me doy cuenta de que mis pensamientos están desordenados y confusos. ¡Qué oportunidad que me dio la vida o la muerte!: conocer mejor a este hombre que sigue vivo en el corazón de muchos Astier, o en algunas Tacuara y en tanta gente más de ésta Buenos Aires que le pertenece a él y a mí, como su lectora.

(c) Ada Inés Lerner




Castelar, Provincia de Buenos Aires
cuento finalista en el concurso "Universo Arlt", Universidad del Centro, Tandil


imagen: retrato de Roberto Arlt (c) Ricardo Carpani

1 comentario:

Rosa Maria Fiocchetta dijo...

Excelente, el uso de recurso "entrevista" y el despliegue de conocimientos que tiene la autora sobre la persona de Arlt.
Uno umagina que en algún mundo, pudo darse tal repotaje. Es como si el mismo protagonista enamorado del ocutismo hubiera mediante un hechizo preparado el procedimiento...Para que el hecho acaeciera.