domingo, 28 de octubre de 2012

Andrea Paula Garfunkel




Cámara… ¡Acción!*

Un callejón entubado entre muros de ladrillos raídos. Una atmósfera cenicienta precariamente oxigenada. A esto le sumaste el infaltable y maloliente basural: un tacho de hojalata a medio abrir, una rata, una escalera oxidada que lleva a ningún lado sobre la pared. A la mujer la imaginaste rolliza y la vestiste absurdamente de varieté. En el elástico del portaligas la proveíste de un arma. Inventaste una venganza, le dibujaste una expresión mordaz y le impusiste coraje para gatillar. Un disparo sórdido curvó de espanto a un gato. Anticipaste al cuerpo desplomado un impacto bermellón ineluctable: la revancha satisfecha.



(c) Andrea Paula Garfunkel
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

*cuento ganador en el Primer concurso de microrrelatos Revista Archivos del Sur - 10 años - categoría más de 30 años-

nota de la editora: el cuento y datos de la autora se publican con la autorización de Andrea Paula Garfunkel.







De un tiempo a esta parte comenzó a perseguirme la idea de que alguna vez me pedirían una reseña biográfica. Eso me perturbaba; me perturba hoy porque llegó el día. Comencé a bocetear, pero resultaron tantos prefijos “ex” y tanto verbo conjugado al pasado, que más que una bio parece una necro. Me voy a centrar en este nuevo presente ya que ni mi formación anterior, ni mi profesión, rozan a la Literatura ni por un ápice. Ésto, a veces, es bueno para correrse de los estándares aunque no pueda afirmar que sea mi caso. Ser escritor -escribir, refiriéndose a mí- no es algo que haya decidido, sino algo que simplemente pasó. Descubrí a muy corta edad que era capaz de sublevarme a los imperativos, al “eso no se hace”, a fuerza de inventar historias para encubrir travesuras de infancia y evitar así penitencias. Construí un mundo en donde todo era posible gracias al relato. Este ejercicio de inventar más una naturaleza inquieta por investigar creo que sirvieron de base para el comienzo de la escritura. Y ya no pude evitarlo. Decidí entonces rodearme de buenos maestros: fui alumna, en Casa de Letras, de Aníbal Jarkowski, Jorge Consiglio, Leopoldo Brizuela, Martín Kohan, Damián Ríos, José María Brindisi, y de Leila Guerriero, en Periodismo narrativo. De ellos aprendí, fundamentalmente a leer. Así, provocada por la conmoción de buena y mala Literatura, surgieron cantidad de textos que andan sueltos por ahí, que ya no me pertenecen. Transitan por medios digitales, reposan en otros tantos de papel. Me libré de ellos. Se libraron de mí.

Post Sriptum :Ah, ¿También hay que decir la edad? Estoy a la altura del almanaque en que se engrosan tus caderas y la putas hormonas juegan al sube y baja con tu estado de ánimo. Ya.APG

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