domingo, 30 de noviembre de 2014

Anali Ubalde Enriquez - Supay Creador

Anali Ubalde Enriquez

 
 
Supay creador cuento de Anali Ubalde Enriquez ha sido seleccionado como cuento ganador en el Segundo Concurso de cuento de tema libre Revista Archivos del Sur.
 
SUPAY CREADOR
Caminaba entre los pasadizos iluminados a media luz, a Sandino se le había ocurrido colocar este tipo de focos, de luz amarilla, como estrellas apagándose. Desde la puerta principal, hecha de madera, aunque ya desgastada por la humedad y el tiempo hasta el rectángulo que servía de recibidor, todo tenía ese gesto esplendoroso que Sandino creaba.
Cada casa tenía ese soplo azul de un tiempo paralelo, hechas por igual, con el zaguán iluminado a medias por la noche y el patio con huertas de papas brillando al sol de ese diciembre intenso cuando los pobladores comenzaron a vivir en la ciudad de Sandino. Tan parecidas eran en todo que en algunas ocasiones confundida con la estandarización había llegado a la misma casa para entrevistar a los habitantes, quienes entre monosílabos de su dialecto difícil le indicaban que ya había pasado por allí. En más de una ocasión y cada vez que ordenaba sus sentidos comentaba con Sandino acerca de esta elaboración mágica que podía tal vez causar algún perjuicio en la vida de los pobladores. Sandino le explicaba que por una pura razón práctica, no era buena idea volver al crecimiento de la ciudad de manera empírica como las invasiones en la capital que la habían hecho crecer de manera monstruosa y deforme, aquí tenían la oportunidad de planificar el entorno, la vida y su devenir.
Habían trabajado juntos desde antes que se anunciara la reubicación de los afectados por la minería. Recordó como habían trazado con delicadeza cada casa, cada pozo de agua, lo delimitaron todo juntamente con Manuel León, una especie de patriarca con el que prácticamente vivían. El y Sandino trazaron la ciudad de los sueños rotos de los desarraigados. El éxodo había comenzado en setiembre, los diez mil habitantes en reuniones febriles habían decidido otorgar la ejecución de la obra a la empresa de Sandino, quien con su mirada de otro mundo insertó el estilo rococó en la nueva ciudad ante la sorpresa de Manuel León, que prefería más bien algo muy andino, acorde a los cuatro mil metros de altura donde estaban casi tocando el cielo, que ella todavía recordaba cuando alguna luz le obligaba a entrecerrar los ojos.
La ciudad fue edificada entre el apu Cusipata y el rio Yanamayo, oscuro como la noche, los pobladores habían tenido largas conversaciones con Manuel León y los otros líderes y acordaron que ésta sería la tierra prometida, Sandino tenía su confianza por ser parte de ellos, a ella en cambio la miraban desde adentro como queriendo saber su pasado y hasta su ultimo latido. Sandino tenía aspecto de faquir, en algún momento se había pensado que era un brujo o en todo caso, para ella al menos, alguien distinto, que hablaba el dialecto prohibido pero con la mirada en otro sitio. Ella que trabajaba con él y siempre estaba a su lado concluyó que tal vez no volvería  a verlo.
Había sido una extraña serie de casualidades llegar a trabajar a aquí, desde la capital ella escuchaba las noticias de la creación de la nueva ciudad y cuando llegó a lo que había sido Jayllihuaya, sentir vértigo al ver la enorme boca abierta en medio de la ciudad, el aire viciado en sus pulmones y la visión de Sandino fue todo uno. Parecía haber salido entre los vapores del cobre, como un supay o menos cómico que un muqui, esas fantasías que ella todavía creía cuando vivía en la cordillera nevada de su niñez, a lo largo de los meses de trabajo concluía que el mal era así, como Sandino, con la perversión en el rostro, entre la burla y el juego, como un sarcasmo.
Cuando los planos estuvieron terminados, vio con prudencia la rapidez con que fueron apareciendo la plaza de armas, las quintas y la municipalidad con su retintín de mudéjar. El supay creador, pues Sandino era arquitecto, había pensado con desenfreno hasta los lugares más remotos de encuentros ocasionales, haciendo que el azar sea controlado, las calles empedradas orientaban hacia el sol, sin importar la dirección que tomaba uno y con la misma precisión del teodolito se determinó el tiempo de los paseos familiares y posiblemente la duración de los días.
A veces ella echaba de menos los hados que en su vida anterior en la capital se había regodeado en creer, pero miraba a Sandino y su exactitud rayana en la locura de medirlo todo, y comenzaba sus dudas. De alguna manera extraña se sentía sin ánimos de contrariar a Sandino, porque era agradable sentarse después del almuerzo a conversar con él cerca al río, corregido en su cauce por supuesto, al extremo izquierdo de la ciudad nueva y radiante como una paloma blanca, nunca había tenido al mal tan de cerca, tan tibio y  tan suave.
Cada palabra de Sandino parecía tener un peso especial, tenía un signo intenso en su frente, algo que decía que pertenecía a estos lugares altos, le parecía verse a sí  misma ya lejana, cuando volviera a la capital y el quedándose como el dueño de esta ciudad que más bien parecía un mundo aparte. Manuel León, que al principio se mostraba escéptico con el aspecto del quattrocento que había adquirido la nueva Jayllihuaya, terminó por amoldarse perfectamente a las nuevas construcciones y aplicar a la población misma un estilo que no desentonara con el espacio por completo dominado por las manos expertas de Sandino.
Lo cierto era que Sandino se quedaría a vivir aquí en Jayllihuaya, mientras ella debía volver a la capital, alguna vez en todos los meses que pasaron trabajando se había preguntado si por esas cosas que tienen los golpes de suerte Sandino habría sentido lo mismo, el latido acelerado desde la boca del estómago hasta el temblor en las manos. Posiblemente no, Sandino parecía estar interesado en cosas más altas, la iglesia había sido recientemente inaugurada, el día domingo antes de Navidad lo vio por última vez incitando a los pobladores a ir al templo de trazos exquisitos, vestido de negro, con botas y mirando al crucificado desde la plaza como a un rival, tiempo después incluiría a este atuendo un látigo con el que solía amenazar a los borrachines amanecidos el día sagrado, aunque ella nunca lo sabría.
Una vez en la capital, dejando de lado los espectros, se sentaba mirando a la avenida y se imaginaba a Sandino en el mediodía feroz de Jayllihuaya y sus más grandes temores retornaban a ella, el olor a cobre que había adquirido en casi un año de estar tan cerca a él brotaba cada vez que escuchaba en las noticias acerca de la creación de nuevas ciudades, poblaciones trasladadas por las secuelas de la minería, donde estaría él otra vez levantando desde sus cimientos nuevos universos.
(c)Anali Ubalde Enriquez

Lima
Perú


Anali Ubalde Enriquez nació en Lima el 27 de octubre de 1984, aunque toda su infancia y adolescencia las pasó en el departamento de Puno, al sur del país, lo cual sirvió para orientar sus cuentos hacia este ambiente y vida en provincia. Actualmente es casada, estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tiene un post grado en Literatura con especialidad en Estudios Culturales en la misma Universidad y ha ganado premios literarios en España, Chile y Argentina:
 
Cuento "Un olvido", finalista en el concurso "Voces de mi país" de la Editorial Mar en Proa, España 2011.

Cuento "Las perversiones de Nena Hidalgo", 1er puesto en el concurso de cuento "Bajo el don de la ebriedad" de la editorial Innovalibros, España, 2011.

Cuento "Techos Blancos", 1er puesto en categoría internacional en el concurso "Casa de la UNCO, Mundo Literario de Limache", Chile, 2012.

Cuento "Fantasma", finalista en el concurso "Cuentos por correo" de la Editorial OSIRIS, España, 2013.

Cuento "Planificación", publicado en la Antología "Profesor Dimarco", Argentina, 2013.

Cuento "Letanías de Marzo", publicado por el diario El Comercio, Perú, 2014.

Cuento "Voz en Off", publicado en la Antología de "Vislumbrando horizontes" Editorial Libróptica, Argentina, 2014.

Microcuento "Urbe", publicado en la Antología "Amores" de la Editorial Letras con Arte, 2014.






 

5 comentarios:

Matías Bragagnolo dijo...

Hermoso cuento. Felicitaciones.

Matías Bragagnolo dijo...

Hermoso cuento. Felicitaciones.

abel dijo...

Es absorbente y musicalizador el cuento escrito por la joven escritora peruana : Anali .
Por lo mismo, sorprende la transmisión
de un escrito maduro,ágil y muy transparente.
Premio muy merecido.
fELICITACIONES A LA ESCRITORA Y A LA DIRECTORA DE LA REVISTA ARCHIVOS DEL SUR, MI AMIGA ARACELI OTAMENDI.
Abel Espil

Araceli Otamendi dijo...

¡gracias por el comentario Abel!

Araceli Otamendi dijo...

¡gracias por el comentario! Matías