lunes, 17 de noviembre de 2014

Margarita Wanceulen Rivas - La enfermedad


Margarita Wanceulen Rivas
En la sala pequeña donde él esperaba los resultados de la última prueba, se podía oír apenas un hilillo de música ambiental, que salía por los pequeños altavoces instalados al efecto para amenizar aquellas largas horas. No estaba del todo mal aquella idea, sobre todo teniendo en cuenta que a veces los resultados se hacían de rogar bastante y los pacientes, así entre medio aterrorizados y medio aturdidos por una conciencia suspendida, presuponían amargamente como sería así, de golpe, transitar de repente por el lado oscuro de la vida donde nadie desea habitar, en el de la enfermedad.

Él lo sabía bien. No era la primera vez que acudía a aquella sala. Todo comenzó cinco años atrás aproximadamente, cuando en una revisión de rutina, le diagnosticaron aquella enfermedad innombrable. Recordaba cuando acudió con su esposa. Fue entonces la primera vez que transitó por el lado cenagoso, en esa espera oscura donde el cuerpo no tiembla, no grita, no llora, sino que se encuentra suspendido en ese paréntesis del tiempo que significa la espera de los resultados que le devolverán como con una ola gozosa a la orilla, a salvo como un niño reconfortado por una caricia. O lo tragará el océano si los resultados no son buenos y se verá envuelto en una tormenta permanente, encontrándose mañana en una hora velada, en un despertar ausente, donde no se sabe a ciencia cierta si es posible el futuro.

Varias veces fue engullido por estas olas, por esta mar bravía, varias fue expulsado del paraíso que transitan con normalidad por la calle los que pensaban en otras historias: qué comerán mañana, qué prenda vestirán o quién se encargará de recoger a los niños del colegio.

"La vida no deja de transitar", pensó mientras se apretaba con fuerza la chaqueta. Tenía frío. Estaba solo. Su mujer había volado, se había esfumado años atrás. No aguantó la presión.

"Hizo bien, después de todo, ¿qué hace una mujer joven como ella al lado de un enfermo?".

No se contestó a sí mismo. No hacía falta.

Se preguntó si hubiera aguantado él la situación en caso de ser al revés, y qué habría hecho de ser ella la que hubiese enfermado gravemente.

No se atrevía a contestárselo a sí mismo. Si era realmente honesto no lo sabía del todo. En realidad no habría puesto la mano en el fuego por él tampoco. Quizás habría salido corriendo como hizo ella aquel primer día en que él se sostuvo de pie, después de la intervención.

"Lo he arreglado todo. No te preocupes, no te quedarás solo. He hablado con tu hermana la menor, ella te auxiliará. Después de todo, sabes que lo nuestro ya hacía tiempo que había terminado. No me guardes rencor, tú mejor que nadie sabes que no soy tan cruel, solo es que esta situación ya no la aguanto. Es imposible que continuemos así. Hoy ya has dado un paso adelante hacia tu curación, te han extirpado el mal. Ya verás como todo sale bien".

Y firmaba la carta con un "Te quiere. Isabel". Ese "te quiere, Isabel", le pesaría como una losa a lo largo de toda su vida. Cuando se encontraba ante situaciones como la de hoy, en la frontera, como él las definía, siempre recordaba las últimas palabras de la misiva de su esposa, las que le dejó el corazón paralizado:





"Te quiere, Isabel"

"Te quiere, Isabel"

"Te quiere, Isabel"










Y lo seguía repitiendo como un mantra, como una secuela de su enfermedad de la que no lograba desprenderse. Ya no la odiaba, al principio sí, la detestaba, no quería ni oír hablar de ella, la definía delante de sus familiares como "el gran error de su vida". Nunca creyó que llegaría a perdonarla. Pero ahora la veía de otra manera, el tiempo lo había suavizado todo:

"El tiempo lo suaviza todo", repetía mentalmente también, como si en esa repetición se convenciera de que el rencor ya hacía tiempo que había curado.

Su hermana menor le aconsejaba continuamente:

"Olvídala, era una mujer que no te merecía, pero no le guardes rencor hermano, el rencor te pudre las tripas"

Y entonces ella, volvía de nuevo a las tareas domésticas que le ayudaba a realizar ya que desde la primera operación él ya no había sido el mismo. Andaba con dificultad y se cansaba con frecuencia. No sabía exactamente si todo aquello era producto de la debilidad o era resultado del puro abatimiento.

Ahora allí se encontraba de nuevo en esta sala, como tantas otras veces. Se sabía de memoria el escenario: el cuadro con una fotografía donde aparecía un mar revuelto, con oleaje. Parecía un mar del Norte, quizás el Cantábrico en un día de temporal. Desde luego no era el Pacífico. Allá la litografía un tanto ajada por el tiempo donde se representaba una escena cotidiana del centro de la ciudad, sus puentes, el tornasolado del río, las luces de un día que bien podría ser del intenso verano. Era un cuadro bien elegido, reconfortaba, invitaba a disfrutar de la vida.

En ese momento, se escuchó una voz femenina que salía del fondo del pasillo:

"Señor Miravet, pase a la consulta del doctor Ibáñez"

Se levantó del sillón que había ocupado durante todo el tiempo con un impulso vigoroso, jovial que no le permitían sus piernas habitualmente.

La puerta del doctor se abrió lentamente y engulló a aquel hombre desorientado por la larga espera, como si no hubiese existido nunca. Como si nada, nunca, hubiera ocurrido.

© Margarita Wanceulen Rivas

Sevilla

España


Margarita Wanceulen Rivas  nació en Sevilla, lugar en el que reside y donde cursó sus estudios universitarios.

Ha realizado numerosas colaboraciones en blogs y revistas digitales, tales como:

- MUNDOPALABRAS.

- CANAL LITERATURA.

- ALAS( Asociación Literaria de la Sierra Norte).

- ASOCIACIÒN CULTURAL EL LABERINTO DE ARIADNA.

- REVISTA LETRAS TRL.

- REVISTA ESTILO AÚREO.

Hasta la fecha son dos los libros que ha publicado:

- " EL GRITO", selección de cuarenta relatos que significó su estreno ilusionado de la mano de Editorial Círculo Rojo en 2013.

- " LOS INOCENTES: CUENTOS, POESÍAS E HISTORIAS FELICES"( Uno Editorial, 2014), donde aborda el tema del maltrato animal y que constituye el nexo de unión de todos los relatos y poemas que en él aparecen.

Entre los reconocimientos recibidos, se pueden enumerar los siguientes:

- Segundo premio de poesía" LIBRO DEL TRIMESTRE MP" (diciembre, 2013)

- Seleccionada para formar parte de las siguientes Antologías: una de poesía " VERSOS EN EL AIRE III, y otra de relatos, que surgió del CONCURSO DE MICRORRELATOS DE TERROR, ambos convocados y publicados por Diversidad Literaria.


El cuento La enfermedad, biografía de la autora y fotografía han sido enviados por Margarita Wanceulen Rivas para su publicación en la Revista Archivos del Sur.



No hay comentarios: