viernes, 22 de enero de 2016

Sopas de mi recuerdo *- José Respaldiza Rojas




Ahora que Gastón y Mistura han puesto a nuestra gastronomía a nivel mundial. Quiero rescatar un plato muy poco promocionado: la sopa No soy cocinero aunque se cocinar ya que mis padres concibieron sólo hijos varones y debido a ello nos fue menester aprender a cocinar, barrer, zurcir, lavar, planchar, conocer los diferentes tipo de carne de res, reconocer si es fresco el pescado que adquirimos en el mercado. Debo confesar que el cocinar no es algo de mi preferencia, mis dos hermanos, Luis y Alfonso fallecido- lo hacen con maestría, por eso mi aporte será literario.

Cuando los niños dicen algunas incoherencias, los adultos meneamos la cabeza, esbozamos una sonrisa y decimos, pera nuestro adentro: Que les podemos pedir si son niños, pero los adultos también tropezamos con la misma piedra y nadie dice nada, así es como debemos entender que bauticen como sopa algo que sabemos no es sopa.
En este recuerdo hallarás sopas que no son sopas, entonces sonríe y di: Son cosas de los adultos.
Quiero dejar en claro que soy limeño, nacido en los Barrio Altos, pero no me agrada el ají, y debido a ello omito poner el ají en los ingredientes, a quienes si les agrada el picor están en total libertad de incluirlo en las recetas.
Se me quedan en el tintero el Chairo, nunca escuché hablar de él, el Salmorejo que tomé en algún lugar Francia limítrofe con España, la Patashca que también la tomé, pero mi memoria es renuente a colaborar indicándome dónde la probé y en qué circunstancias, y la Sopa a la minuta que preparaba mi madre, con mucho amor, pero poco sabor,



SOPA CHAYMANTA

La Universidad Nacional de Educación más conocida como La Cantuta nació como Escuela Normal Superior y de pronto, en 1959, el gobierno de Manuel Prado le quitó su categoría universitaria. En el Auditorio Central se reúnen profesores, alumnos y trabajadores y tras un prolongado debate, por unanimidad se rechaza esa absurda e injusta medida gubernamental y se declaran en huelga hasta que se respete su calidad superior y su autonomía universitaria.
El gobierno decreta cercar la Institución y da la orden: Nadie puede entrar y el que sale no entra.
Había dificultad para adquirir nuevos víveres con los cuales alimentar a los estudiantes internos, se recurrió a los animales de la granja y entonces la solidaridad flameó en el horizonte de Chosica, muchas madres de familia se organizaron para obtener víveres donados por los comerciantes de la zona, los trabajadores del ferrocarril central disminuían su velocidad para que al pasar por el paradero de la Cantuta se pudiera descargar, al paso, los costales llenos de productos alimenticios.
Corrió el rumor que la Cantuta sería recesada, había que entregarla al Ministerio de Educación, bueno pues, que la recibirán vacía. Un 21 de Abril de 1960, a las nueve y media de la noche, los estudiantes proceden a retirarse, luego de escuchar al doctor Walter Peñaloza cuyas palabras finales fueron una fábula de Esopo: El sapo tenía prisionera a la luciérnaga y casi sin respiración le preguntó ¿Por qué me matas? Su respuesta fue: Porque brillas mucho.
Se dio inicio a la Marcha de Sacrificio, rumbo a Lima a donde llegaron al día siguiente y se alojaron en el Gimnasio de la Universidad Mayor de San Marcos, que también estaba en huelga pues le habían arrebatado el co-gobierno a la Facultad de Medicina.
No bien estuvieron en el gimnasio una gran mayoría se sentaron en el suelo, en un ordenado desorden, se quitaron los zapatos, las medias y sus pies, ahora en libertad, latían en procura de sosiego, algunos decidieron dormitar, el necesario descanso cundía cuando una voz pide la atención de todos:
-Muchachos tenemos que organizarnos. - Deja descansar habló desde el fondo un cachimbo. - Y mañana ¿quién te dará de comer? Debemos conformar comisiones para ir a los mercados y recolectar víveres, otros a buscar leña. - ¿Algo más patrón? dijo alguien en son de broma. - Esto no es un juego, hay que visitar restaurantes para conseguir que nos presten ollas grandes, cucharones y todo lo indispensable. - ¿Y quién va a cocinar, si todos somos hombres? - Levanten la mano quienes sepan cocinar.

Nadie levantó la mano, sea por un exceso de machismo o por un abrumador cansancio, pero felizmente ese año, mediante una beca especial, ingresaron un grupo de alumnas a estudiar inglés, sin sospechar que lo primero que tuvieron que aprender sería a cocinar, algunas sabían hacerlo, pero no era lo mismo preparar un potaje para cinco familiares que hacerlo para cien personas.
A eso de las diez de la mañana empiezan a llegar los costales de yute repletos de comestibles.
-Esta leña humea mucho rezonga Sara Gonzales- parece que todavía está verde sigue mascullando y con el canto de su mano se refriega sus llorosos ojos.


En una mesa algo larga ponen a un lado las verduras, en otro las menestras, más allá, las carnes.

-¿Dónde pongo la hierba luisa?

- Al lado del toronjil y la pimpinela.

¿Y la receta? ¿Qué cocinaremos hoy? ¡Qué receta ni que ocho cuartos! Hay que improvisar salga pato o gallareta. Deciden picar muy menudo todo, sin desperdiciar nada, salvo las partes secas o malogradas. ¿El rabo de la betarraga? También entra al cuento.

Un voluntario va anotando las cosas que deben pedir: Sal, detergentes, azúcar, estropajos, escobas, un recogedor, sillao.
-También anota Ajinomoto acota presurosa Maura Ito.


-¿Qué es ajinomoto?

-Un sazonador.

Digamos que al tercer día ve la luz la sopa chaymanta, prima hermana de la porciúncula franciscana, de la que escribiremos luego, sopa elaborada con gran esfuerzo y sobre todo mucho amor, sopa hoy algo olvidada, pero que yace en el recuerdo de muchos chaymantas, ¡Gloria eterna a la sabrosa sopa chaymanta!

Casi me olvido, acompañaba a esa sopa, un delicioso vaso con Agua ´e locos, nombre popular con el que se designa al refresco de manzana.





LA SOPA DEL POBRE


Era 1969, de pronto recuerdo que debo pagar mi cuota mensual en la Librería Studium, situada en la Plaza Francia, para tal efecto debo cruzar la Plaza San Martín y zasss me doy con un señor de dos dimensiones por lo terrible flaco que es y para colmo enjuto, lucía un polo a rayas horizontales, un sombrero negro de tarro coronaba su cabeza. Del bolsillo saca un pote, lo abre, mete el dedo índice de su mano derecha y con él embadurna su cara de blanco, mientras con su mano izquierda sostiene un pequeño espejo, con lápiz de ceja acentúa su color, con un lápiz labial los enrojece aún más. Enseguida luego saca una tiza y pinta un círculo algo grande, si alguna persona intenta pasar sobre él, le hace una señal para lo rodee.

La gente se va agolpando alrededor de ese círculo, a los menores se les permite sentarse en el suelo. Hay gran expectativa por lo que hará. Cumplo con el deber de informar que en Lima vagan muchos locos mansos, son famosos Ño vela ´e sebo, Pan frío, Ño cagaleche, Fray Tomate, Mataobispo Manongo Moñón, pero el que se lleva la bandera es Cordero y Velarde, que se pasea vestido de frac y una banda presidencial cubre su pecho, se considera Presidente del Perú. Valla, usted a saber si aquel caballero es un candelejón más.

Transcurre un prudencial tiempo y se pone en movimiento, hay varias actuaciones como La carta, la bandera, el hombre que se baña en la piscina, pero la que rememoro se inicia cuando recoge del suelo un cartel que dice:

LA SOPA DEL POBRE

Pone casi al borde y al revés, su sombrero en el piso, es decir con la abertura mirando al cielo. Comienza arrastrando una olla pesada, la coloca en el centro del círculo y vierte agua, Mete algo debajo y hace como que le prende fuego, es la leña.

El que está desarrollando una función popular es Jorge Acuña, mimo peruano que acaba de cumplir sus Bodas de Oro como actor en el Teatro de la calle, actúa en total silencio, solo con gestos y movimientos, es un teatro donde no se paga entrada, no hay ningún cobro ni tampoco hay asientos de primera, segunda, todos pueden verlo, o no por igual, de pie, a los niños se le permite sentarse en el suelo, no hay discriminación, pero volvamos a su famosa sopa, mete el cucharón, prueba, hace un mohín y busca en la alacena, saca un frasco y empieza a echar su contenido, vuelve a probar, pone cara de satisfacción, claro le puso sal. Vuelve a probar y como que la falta algo, en eso ve pasar una mariposa y se decide cazarla, le cuesta algo de trabajo y zasss la chapa y la mete en la sopa, con el cucharón mueve un poco. Cuando, ve pasar por el piso algo que cruza con rapidez, estira un pie para pisarlo y se le escapa. Corre y le mete otro pisotón, se agacha y recoge algo que no sabemos si es una cucuracha o un ratón, pero va a parar en la sopa, la mueve. La prueba, hace un gesto de aprobación y ahora recorre el círculo para que los concurrentes también tomen un poco. Baja los brazos, inclina el cuerpo y el público aplaude con furor, muchos avanzan para poner unas monedas en el sombrero, en eso también avanzan dos policías y se llevan preso al mimo, lo meten en una comisaría situada al final del jirón Sandia. ¿Qué sucedió? Que al costado del Cine Colón queda el Club Nacional, local donde come la crema y nata de la sociedad limeña, allí todos los potajes son de primera, se come con cubiertos y servilleta de tela, mozos uniformados sirven los pedidos y por cierto les desagrada los olores de esa sopa del pobre, pero si es ficción, nada señor, que coman así en su casa.

Dentro de la comisaría el capitán comisario que no entiende porque lo han detenido, pero lo mete en el calabozo y allí el mimo da una función y como es del agrado de muchos policías, éstos lo ponen en libertad. Al día siguiente vuelve a la carga, llega de nuevo a la Plaza San Martín y presenta de arranque la sopa del pobre, ahora le pone como nuevo ingrediente, una pulga.

-¡Qué terco es este hombre! Que lo detengan otra vez, para que aprenda.

Con las justas logra terminar su función pues cuatro policías cargan con él, en la comisaría el capitán pregunta: ¿Cometió algún delito? Le responden que No. El capitán comisario menea la cabeza y vuelve a preguntar ¿Cometió alguna falta? La respuesta es negativa. Entonces sentencia siéntelo en la banca. Se repite lo de siempre, da una nueva función La sopa del pobre es vista con agrado y queda libre.

Como la calle es del pueblo y hay libertad de expresión, la plaza San Martín recibe al mimo como todos los días. Mira para todos los lados, no ve ningún guardia, de su bolsillo saca una tiza y marca su círculo, luego procede a maquillarse.

-Este no escarmienta, si cree que vamos a ceder, está muy equivocado.

Muestra su cartel, pone su sombrero en el suelo y a trabajar se ha dicho.

-Aló comisario, vengan y detengan a ese loco.

-¿Qué delito comete?

-No son suficientes las arcadas que nos produce su nauseabunda sopa.

-Pero la porciúncula de los padres franciscanos.

-Nada señor, eso sucede en el Rimac y no en el centro de la ciudad.

Apenas tiene tiempo de completar su sopa del pobre, cuando esta vez lo llevan con esposas. Al poner un pie en la comisaría, le quitan las esposas y el capitán comisario le pide que haga La bandera, por supuesto también pone en escena La sopa de pobre y queda libre.

En esta cuarta vez, cansado de que lo metan preso, llega a la Plaza San Martín como viniendo del Callao, mira con atención para todos lados, entra a uno de los portales, no ve nada extraño, pero no bien pisa el centro de la plaza, de inmediato sale un grupo de policías que se lo llevan a la comisaría de Monserrate, donde no le permiten dar su función y lo tienen dos días en el calabozo. Al salir, una voz amiga le aconseja que tenga cuidado porque lo quieren desaparecer. Entonces Acuña decide llevarse su sopa del pobre a Suecia donde reside hasta la fecha. ¿No te has formulado la pregunta del porqué de tal persecución? Claro, se debe a que estaba enseñando a los pobres a vivir al margen del mercado de consumo y eso ya ocurrió en la India, con Gandi y tuvieron que matarlo.

(c) José Respaldiza Rojas

Lima

Perú

*fragmento del libro "Sopas de mi recuerdo" enviado y autorizado por el autor para
la publicación en la revista Archivos del Sur.
José Respaldiza Rojas (1940 Lima Perú) Decano de la Facultad de Pedagogía, de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, ensayista de temas pedagógicos, se ha especializado en literatura infantil. Es Magíster en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra Adivinanza, Las fabulosas fábulas, Fabulario y otras obras. Es miembro de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil APLIJ del Centro de Documentación e Información de Literatura Infantil y Juvenil CEDELIJ- y del Centro de Investigación y Difusión de la Literatura Infantil Andina y Amazónica del Perú





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