sábado, 16 de abril de 2016

El hombrecito de la fortuna amorosa adversa -Facundo Yedro



Facundo Yedro

 
En la ciudad de Agranama, en los tugurios de mala reputación suele recordarse, con cierto aire melancólico la historia del matemático Gentile, el hombrecito de la fortuna amorosa adversa. Según cuentan, la tragedia del amor solo incurría, irónicamente, luego de un beso. Como un desatino cruel, cada ósculo acompañaba el dramatismo del olvido permanente. En ciertas ocasiones, la madrugada lo encontraba retirando su boca de alguien que no recordaba quien era. Y las muchachas entre sollozos y lamentos creían que aquel padecimiento no era más que una indecorosa puesta en escena para no incurrir en los miserables actos de encuentros persistentes.
En el barrio, el deseo de mantenerle oculto aquella afección había sido siempre la principal tarea de su familia. Concluían que la ignorancia siempre atrae la dicha y, como contraposición, lo que se nos revela solo ocurre para acercarnos un poco más al infortunio y la desgracia. Por ello, solo se remitían a ofrecerles respuestas engañosas cuando preguntaba que era besar y porque jamás acaso había experimentado aquella sensación. Sin embargo, las tareas habían resultado infructuosas, en parte por las malas maniobras de algunos vecinos dotados con la torpeza, que se sobrepasaban con comentarios desafortunados:
- ¡Ahí va el besador sin memoria!
Sin más remedios, la familia confesó el mal que lo aquejaba. A partir de conocer su lúgubre destino, Gentile, optó por tomar drásticas decisiones. Comenzó a besar a aquellas muchachitas a las que encontraba poco atractivas y cuya consecuencia de olvido no le generaría tanta desdicha. Con el tiempo llegó a dos conclusiones, la primera que la maniobra resultaba indiferente ya que igualmente jamás recordaba los encuentros, la segunda era que en el barrio habían comenzado a asignarlo dentro de la nómina de personas que mantenían relaciones amorosas esporádicas con mujercitas poco agraciadas:
- ¡Ahí va el bichero!
Solo algunas veces, de puro comedido que era, arremetía a favor de un amor que creía venturoso pero luego recaía nuevamente en los crueles asuntos de la amnesia permanente. Lo que si advertía, y de eso estaba seguro, era que jamás había realizado un contacto con Laura, la chica de la vuelta que tanto anhelaba. Sus silogismos se valían de deducciones realizadas por el simple acto del recuerdo. Cada día podía evocarla casi desde el primer momento que la había observado. Todas las noches antes de dormir rememoraba eventos en las que ella estuviera presente, y al hacerlos concluía que ese día no la había besado. Lo que le generaba sentimientos polarizados, sabiendo que sostenía la gracia del recuerdo pero el infortunio del desamor, algo frecuente en las pasiones no resueltas.
Paradójicamente la leyenda sugería que Laura también guardaba en ella un poder que la alejaba de algunos amantes: sus besos generaban en la otredad la imposibilidad del olvido. Cada enamorado, atraído por los ávidos deseos, permanecía para siempre solo pudiendo recordar aquel suceso. Suárez, el publicista de la ciudad, había sido uno de los primeros afectados por la consecuencia de los arrebatos amorosos. Según comentaban en el barrio, los padecimientos fueron tales que la única solución que encontraron para erradicar el mal era someterlo a una intervención quirúrgica para extirpar la región de los recuerdos. Pero Suárez nunca asistió a la cirugía, quizás porque jamás pudo recordar el día y la hora de la operación.
Gentile proyectaba cálculos matemáticos de probabilidades de recuerdos y olvidos, estudiaba la composición química del beso, realizaba operaciones para determinar la energía de las pasiones, la materia de la indiferencia, el tiempo y hasta el espacio del desengaño. Toda su rutina estaba avocada a lograr predecir qué sucedería si sus labios de amnesia se unieran a los de remembranza de Laura. Algunos compañeros le aconsejaban que se olvidara de ella y él le contestaba que la única forma de lograrlo era besándola, pero ello generaría un recuerdo permanente por la maldición de su vecina, una amnesia recordatoria con consecuencias devastadoras sin precedentes.
Una madrugada, luego de regresar de algún sitio que no recordaba exactamente, Gentile se percató que una silueta de alguien parecida a Laura se acercaba en dirección a su casa. Como una especie de amante clandestino lo asaltó el pánico y corrió en círculo durante unas tres o cuatro vueltas. Finalmente el cansancio lo encontró recostado sobre el asfalto, jadeando, mientras Laura pasaba a su lado sin siquiera percatarse de él.
La leyenda cuenta que un día Gentile, finalmente, dejó de reconocer quien era esa muchachita de la vuelta de su casa y nunca más la pudo recordar. Algunos desconfiados aseguran que eso fue tan solo una lastimosa maniobra, dispuesto a convencerse que algunos falsos relatos suelen ser preferibles a la fatalidad del amor no consumado.

(c) Facundo Yedro

Río Cuarto

Provincia de Córdoba

República Argentina



Facundo Yedro (28), de profesión Odontólogo. Desde el año 2013 asiste al Taller Literario Municipal de la localidad de Coronel Moldes, Córdoba. Obtuvo el primer premio en Concurso Literario organizado por la Sociedad de Escritores de Rio Cuarto, en diciembre de 2014. Participó en la edición de dos libros del taller municipal, Encuentro en cuentos (2014) y Letras de Moldes (2015). Ha publicado cuentos en el diario Puntal y en la revista El Decidor. Disfruta de la lectura de Julio Cortázar, Ray Bradbury, Alejandro Dolina, García Márquez.








3 comentarios:

Laura Cardetti dijo...

hermoso cuento!!!

Laura Cardetti dijo...

hermoso cuento!!! lo recomiendo...

Laura Cardetti dijo...

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