domingo, 10 de noviembre de 2019

La casa que se tragó el otoño*(fragmento) - Antonio Costa Gómez


Nuestro mito fue  estar en Buenos Aires  y lo vivimos en el vértigo,  en las plazas elegantes,  en las librerías de noche,   en los teatros , en los cines bullentes.  Lo experimentamos en las cafeterías donde se recordaba a Ernesto Sábato,  en los rincones donde se había quejado Alfonsina  Storni,  en los cruces donde se levantaban torres bohemias.  Lo sentimos en el obelisco que señalaba el cruce de las oleadas de la avenida más ancha del mundo,  en los grandes almacenes de un lujo que quién podría comprar,   en las riberas del río de la Plata.  Lo soñamos en los barcos anclados ,  en los anticuarios de San Telmo,  en los desvanes donde se ensayaba tango , en los trasteros donde se daban clases de baile,  en los bancos donde los viejos se acordaban de Italia o de Croacia.
 Lo supimos en los museos donde soltaba sus locuras Xul Solar,  en las encrucijadas donde Castel se había apretado la cabeza,  en  las vidrieras donde se concibieron los héroes o las tumbas , en los espejos donde se vieron los otros o los mismos.  Lo asimilamos en los restaurantes donde llegaron gauchos despistados,  en los figones donde Oliverio Girondo hizo sufrir a las palabras,  en  las mesas donde Cortázar enloqueció con sus inventos, en las ventanas,  en las fotos de Gardel , en las soledades.  Existimos en las solapas de los libros,  en los claveles,  en los pianos,  en los trozos de canciones ,  en las porcelanas. 
Nos amamos en los jardines, nos besamos en los cines solitarios,  nos peleamos en las callejas ahumadas del centro, nos asomamos a los portales con molduras de yeso,  nos entusiasmamos con las violetas en los espejos, pensamos en cafeterías a las que nunca fuimos, soñamos con vivencias que nunca tuvimos pero que de todos modos en esa forma tuvimos, supimos vislumbres, nos convertimos en humo, nos negamos, nos redescubrimos, tiramos recuerdos en Puerto Madero, nos subimos a un buque escuela del siglo XIX como si nosotros también fuésemos pasados.
Queríamos estar en Buenos Aires y sentimos todo lo que dicen las canciones, lo que asoma en los libros,  lo que imaginamos en las fotos,  lo que olemos en los camiones que van al sur,   lo que se sobreentiende en los orgullos de los taxistas,  lo que callan las porteras.  Conseguimos estar en Buenos Aires  y llevamos todo aquello dentro de nosotros,   cruzamos como imágenes las cafeterías,    atravesamos  las plazas transidas,   respiramos en las tiendas llenas de porcelanas,  tomamos  cerveza donde escribió Sabato,   inventamos formas de bailar en  la cafetería Richmond,     paseamos  por el templete del parque Lezama donde Martín   amó a Alejandra misteriosamente. 
(c) Antonio Costa Gómez

España 

* fragmento de la novela La casa que se tragó el otoño  publicada por Ediciones Europa,  enviado por el autor, se publica con la autorización de Antonio Costa Gómez 




Antonio Costa Gómez  es licenciado en Filología Hispánica y en Historia del Arte. Fue finalista de los principales premios españoles, apareció en antologías y colaboró en muchas publicaciones. Ya ha publicado bastantes libros. En “Las campanas” suenan al mismo tiempo todas las campanas de Compostela para despertar a la gente. En “El maestro de Compostela” un escultor del siglo XII busca la vitalidad infinita en los comienzos del gótico. En “La calma apasionado” el emperador Adriano busca algo que no perezca entre recuerdos y obras de arte en su villa fantasiosa de Tívoli. 

martes, 5 de noviembre de 2019

Una profe singular - José Respaldiza Rojas


                            

Recibimos una invitación de Enma Erésvita Araujo Machuca, natural de Oxamarca, Cajamarca y en razón a ello, considerada como Cajamarqueza, repito recibí una invitación  para cortar una unsha, pero como no estamos en carnavales, debe ser algo especial que no nos lo podemos perder. Elvira ¿tienes la dirección? Vamos Pepe quién no conoce la casa de la paisana Erésvita, hasta un ciego llega con facilidad.
No recuerdo con precisión el año aunque se debe tener en cuenta que la Comisaría de Chaclacayo se situaba a la mitad de la cuadra que se inicia en la panadería de Danilo, frente al parque central, cuando la carretera central era de dos vías.
La casa de doña Erésvita se encuentra a un costado el río Rímac, casi al borde de él. Para arribar a ella debíamos entrar por Huampany, siguiendo la vía del tren, pero preferimos hacerlo por la bajada de las retamas, por un caminito angosto, de una ladera bastante empinada, avanzar hasta la entrada, el caminito es algo angosto y largo, a sus dos lados yerguen filas de frondosos árboles. Llegamos a la puerta, toco el timbre mientras escucho el sonido de un disco, al interior de la casa:

         
Que tarde que has venido ciluló                                                                                          
 por la cuesta del zapote huayluló


Parece que eso va con nosotros ya que nos invitaron al desayuno, para acompañar a su hija mayor que vino desde los Estados Unidos, junto con su esposo. ¿Quién canta? Le pregunto a Elvira y me responde: El indio Mayta  (Miguel Ángel Silva Rubio)
                                   
 Y llegó el carnavalito ciluló                                                                                                  
 diz que decía el abuelo huayluló

Como se demoran en abrir, rezongo, cálmate me dice Elvira, la casa es inmensa y el camino largo, más que seguro están tomando su verde ¿Qué? Digo yo, ¿chacchan coca? No hombre, es una sopa típica, no la hay en otra parte.

 En mi tierra Cajamarca ciluló                                                                                                     
 y en todito Celendín huayluló

En Lima tenemos el menestrón que también es verde, Elvira replica, pero la nuestra es más simple, usa papa amarilla, paico, perejil, ruda y huevo, sal al gusto y a servir se ha dicho. Vaya que son diferentes, tendré que probarla. 
                                   
Se baila con la cara pintada ciluló                                                                                          
 y la cabeza en el hombro huayluló

Abre la puerta Chego, muchacha amiga y chaymanta para más señas, otra de las hijas de doña Erésvita, nos saludamos.

 - Pasen por favor, los estábamos esperando  para servir, pero ya no aguantamos más, y nos tomamos toda la sopa
  -Y nosotros que venimos sin tomar desayuno.
 -Bueno, tendrán que tomar asiento. En verdad estamos terminando de tomar el chocolate, batido con molinillo.

Y así, en medio de broma y broma avanzamos admirando un inmenso jardín muy bien cuidado. Y nos damos con Luz Tello Araujo, su primera hija de Erésvita, su esposo, un gringo, Thomas Reardon, Pepe es el tío Tom, y su hija Kimberly, han arribado de los Estados Unidos, y estarán entre nosotros una semana. También están las amigas de la paisana: La tía Mercedes, las señoras Gilda, Matilde, Inés y María, quienes ayudan a preparar el pan y otras labores. Luego de la presentación y obligado saludo, como ya terminaron el chocolate, nos invitan a que los acompañemos con el verde. Aprovecho para preguntar por los ingredientes y me doy con la sorpresa que es muy simple, papas amarillas peladas y cortadas en cuatro, un atado de paico, otro de perejil, unas ramas de ruda, quesillo y huevos chicoteados, al fin di con el secreto, pero no, porque chicoteado significa simplemente que se le abre un huequito al huevo, se tapa con un dedo y se le sacude para batirlo dentro, luego de lo cual se vierte en la sopa. 
La sopa tiene buen sabor, pero disculpen, enfrascado por la bendita receta olvidé indicar que también están presentes Magda Chávez Araujo, entusiasta chaymanta y un medio sherato  amazónico dándole vueltas: Es Fernando López Morrongo de cariño, igualmente chaymanta de técnica, de la especialidad electricista que quiere electrizar a Magda mientras vuela en la Compañía de Aviación Faucett (ambos serán nuestros compadres, pero no te adelantes)  Sentados a la derecha están Juan, el hermano mayor y Keitel Velásquez.
Antes del almuerzo se asoma en mi mente un recuerdo, de cuando Elvira Chávez Mariñas fue a laborar a una escuela en Santa Inés, allí conoció a Magda Chávez Araujo, a Irma, la esposa del pintor, docente en la UNE. Raúl Picón Lalito para los amigos, a Sara Herrera. Dicho platel lo construyeron sin cerco perimétrico, muy cerca a la vía férrea y los accidentes de los alumnos eran muy frecuentes, ya iban tres muertos y seis con los pies amputados. Como los pedidos al Ministerio de Educación para que levantaran un cerco,  que enviaba la Directora Rosa, se los consumía la burocracia, entonces Magda Chávez convenció a todo el plantel docente para resolver el problema, recaudando fondos mediante rifas, tómbolas, gyncanas, etc. Compraban ladrillos, cemento, arena y los propios padres de familia ponían la mano de obra. Al fin levantaron el cerco perimétrico y ni una felicitación de parte del Ministerio de Educación, pero queda, en cada uno, la satisfacción del deber cumplido. Esos eran los profes de mí tiempo, en especial Magda Chávez no esperaban a que los gobernantes les dieran todo, ellos mismos solucionaban los problemas.
Tras una breve siesta, porque como en Chaclacayo todo el año es verano, el calor te embota, te abochorna, amodorra, cae bien algo de fresco en la tarde, en la mesa hay una jarra con agua colorada, pregunto qué es y me responden que es un refresco de betarraga, me sirvo para probarlo y me doy que es agradable. Se viene el almuerzo con un caldo de gallina (no de pollo) luego sirven una sopa de pan, ¿qué una sopa tras un caldo? Ahora sí que si, a probar que es eso, que de sopa no tiene nada, Ja, ja, ja, ¿verdad que  es sopa? De sopa no tiene más que el nombre, pues no es una sopa, ya verán por qué. Les contaré lo que vi en la cocina. En una mesa estaban los ingredientes: Pan, queso fresco, cebolla china, ajos, sal (en un salero) un recipiente con caldo de gallina. Carajo, qué me camina entre los pies, miro, son dos perros salchicha, uno es mío, dice Shego se llama choclito, al otro no me lo presentaron, bueno en una olla se pone un chorrito de aceite, cuando está caliente se echan seis ajos pelados y picados, se dejan hasta que se pongan dorados, entonces se ahogan con un buen chorro de caldo de gallina. Ese líquido se separa en un pomo. Se parten los panes en trozos pequeños (se usan panes que tengan corteza)  Se vuelve a poner aceite en la olla, al calentarse se coloca una capa con los trozos de pan, encima de ellos va una capa de tajadas de queso fresco, encima una capa de cebolla cortada. Con una cucharita se rocía encima el ahogado que hemos reservado. Ahora se vuelven a repetir las capas de pan, queso fresco y cebolla, mojados con el ahogado, Una tercera capa y se pone todo al horno durante unos quince minutos. Al sacarlo se sirve en tajadas. Lo más parecido es a una pizza, nada que ver con una sopa
Busco una perezosa para descansar mientras la digestión hace lo suyo. Se me viene un recuerdo más, una excursión al Callao, a ese Callao que vio nacer a mi padre José Respaldiza Martínez, al Callao del ¡Chim pum Callao! excursión  que Magda Chávez efectuó con sus alumnos, acompañada de Sara Herrera y Elvira Chávez. Visitaron a la hoy desaparecida fábrica de cerveza Pilsen Callao, vieron cómo se procesa la cerveza, hierven la cebada y el lúpulo ¿profesora qué es el lúpulo? Bueno no lo sé, apúntenlo para averiguar después, profesora ¿qué es eso? Estaban frente a un circuito automático donde pasan las botellas, de a uno en fila para que les pongan la chapa y la etiqueta. Salen, ahora van a la Fortaleza del Real Felipe, vaya que es enorme, es un museo que contiene cañones antiguos, una inmensa colección de uniformes, sables, escopetas, revólveres. Antes de salir piden permiso para almorzar es que Magda preparó un ollón de arroz con olluquito y trocitos de charqui, que se los ofrece a precio de costo. El medio día como que desea retirarse, suerte que es día con sol, entonces vamos a un barco, es que la profesora Consuelo, que tiene un hijo marino les recomendó ira ver un barco de la Marina de Guerra, los alumnos nunca han visto un barco, ¿profesora y flota en el mar? Así es ¿y no se hunde? No tengan miedo, suban nomás Esa experiencia no se la van a olvidar ¡Jamás! Incluso van a la sentina y ven los motores. Recorren todos los compartimientos y al salir se dan que cayó la tarde. Se dirigen al paradero del ómnibus, pero los alumnos se han quedado sin dinero, no tienen para el pasaje ¿qué hacer? A llorar a la playa. Magda habla con las personas que están en la cola y les pide, por favor, que suban con un niño como si fuera su hijo. Es que un mayor puede llevar a un menor, el cual no paga pasaje. Todo está bien hecho, el boletero se rasca la cabeza, todo está en orden jijiji.
Llegan a la escuela cuando la tarde está por despedirse, muchos padres de familia han ido a preguntar por sus hijos, están temerosos, sus hijos corren: Papá las cervezas corrían ¿cómo han tomado cerveza? No papá a las botellas que pasaban en fila india les ponían un sombrero, era un vacilón papá. Los chicos alborotados quieren contar todo, mamá los barcos grandazos nadan, no se hunden, mamá es verdad. Esa impronta les quedará grabada para siempre.
Pepe despierta y salimos, todos junto a tumbar la unsha. Cantamos alegres:
                        
Arriba caballo blanco ciluló                                                                                                                    sácame de este arenal huayluló

Risueña ronda y a cada uno nos ponen serpentinas en el cuello, la pica pica se mezcla en nuestros cabellos.
                        
 Que tengo un desafío ciluló                                                                                                  
 el martes de carnaval huayluló

Alguien saca un tarro de talco para embarrar a quien pueda, la ronda sigue, no vale soltarse y arranca de verdad el carnaval.
                        
 A la una, a las dos y a las tres, mechetazo, te tumbará                                                        
  y el año que viene te reponerá

El gringo tumbó la unsha y de premio le dieron una cachanga.                                          

Vocabulario

Cachanga      Sustantivo Fritura casera, redonda, muy delgada y crocante, tamaño de la sartén, típica de Cajamarca.
Chacchar         Verbo Palabra quechua, masticar la hoja de coca y adsorber su jugo.
Chaymanta  Adjetivo, Expresión quechua que los egresados de La Cantuta usan entre ellos,
Lúpulo            Sustantivo Planta herbácea, trepadora, cuyas flores son usadas para dar ese sabor ligeramente amargo de la cerveza. 
Morrongo      Adjetivo Es un apodo, dicho con cariño.
Shego            Sustantivo  Vocativo usado para las personas que se llaman Segundo,  también se usa para quien está en segundo lugar.
Sherato         Adjetivo que significa enamoradizo.
Silulo, Cilulo   Sustantivo Parece que antaño era el nombre de Ño Carnavalón, un muñeco montado en un burro, que va leyendo su gracioso testamento, antes ser quemado en la plaza. Hoy se usa para indicar  una canción de carnaval cajamarquino, de letra abierta.
Unsha              Sustantivo Yunza, Cortamonte.
Zapote              Sustantivo Árbol amazónico cuyo fruto es comestible, no confundir con el sapote de la costa norte que no es comestible..

                                                          
(c) José Respaldiza Rojas 
Lima
Perú 

José Respaldiza Rojas (Lima, 1940) Decano de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Nacional de Educación (1991) catedrático principal, periodista, se ha especializado en literatura infantil. Es Magister en Ciencia de la Educación. Ha publicado La Maestra, Adivinanza, Las Fabulosas fábulas, Fabulario, Imayllanqui jitanllanqui mil adivinanzas quechuas, Las jitanjáforas en el mundo infantil. El Tangrama, Calcular con fantasía y otros más. Es miembro de APLIJ, CEDELIJ
Ganó el Premio Nacional de Promoción a la Lectura, en el nivel universitario. En 1997 la Biblioteca Nacional del Perú lo galardonó por su creatividad.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Encuentro - Araceli Otamendi



"Todos vivimos lejanos y anónimos; disfrazados, sufrimos desconocidos. A algunos, sin embargo, esta distancia entre uno y sí mismo jamás se les revela; para otros, ella es de vez en cuando iluminada, ya sea por el horror o la pena, por un relámpago sin límites; y hay otros todavía para quienes ésa es la dolorosa constante y cotidianidad de la vida."

                                                                                   Fernando Pessoa
                                                                                Libro del desasosiego

Me reciben los muertos, parecen tan serenos y plácidos.
No hago más que callarme – con todas las palabras que he traído para decir mientras viajaba hasta aquí -. Ha sido un viaje largo, lleno de tiempo para los recuerdos. De música, palabras y flores. Pero llego y me callo de inmediato. Entre ellos y yo se instala un silencio que dice mucho más.
¿Qué iba a decirles yo que no hubiera dicho antes, cuando las palabras significaban algo?
Ahora, sólo me queda el gesto, de estar ahí, frente a ellos, a los despojos, cuando el sol da en las piedras y el suelo frío no lo es tanto. El rumor que me acompañaba durante el viaje se ha ido. Una alegría rara se asienta, de estar ahí, en ese solitario encuentro, donde sólo uno o dos perros en el portón grande, de rejas, parece esperarme. Les he traído flores que dejaré en la puerta. No quiero molestarlos. Seguiremos el diálogo de años cuando me vaya de ahí caminando mientras los perros me sigan, mientras me miran poner agua en el cuenco para las flores. 
Ya no se ve el unicornio azul de Julio ni las diademas de oro, ni los ángeles haciendo sonar las trompetas. La corte del Rey Arturo, la Tabla Redonda y el Santo Grial, Alicia detrás del espejo huyó en el submarino amarillo, John Lennon duerme su siesta de música mientras Yoko prepara una nueva exposición. Borges y Arlt, Bioy y Julio danzan con los tambores inaudibles que sólo ellos escuchan. 
Los muertos, otros muertos … ¿Qué pájaro emitirá el sonido que los despierte de una vez? Bailamos esta danza invisible, sabemos que es difícil el despertar. No nos escuchan. El ruido de las radios y de la tevé se suman a los millones de cedé que dan vueltas y hacen inaudibles a las palabras. Mil años no bastan, están cristalizados en su música y en su ritual, en la belleza de los cuerpos, mil años no bastan para despertar. 
Me dirijo a un solo par de ojos que me mira distante, a los oídos de esa cara de los ojos que me miran y les hablo. No dejes pasar el tiempo: despierta.
Ahora, de nuevo, los muertos, ellos convertidos en arcilla y el polvo circula por ahí, en los senderos, dando vueltas. Seguiremos en diálogo como estuvimos siempre. Ellos me dirán sus cosas, yo les diré las mías. Seguramente intercambiaremos algunos reproches. De tiempos inmemoriales. No estarás de acuerdo con algunas elecciones mías ¿quién podría estarlo? Es tarde para volver atrás. Aflorará también algún reproche de mi parte. También es tarde para hacértelo. No hay vuelta. No hay vuelta para nadie. Ni para ustedes ni para mí. Sólo queda mirar hacia adelante. Y sin embargo…Siento que vienen a buscarme y quieren conversar. Vamos a recordar entonces viejas palabras, vamos a recordar risas y buenos momentos. Vamos a bañarnos al río y a reír y a echarnos agua mientras nadamos y me van enseñando cómo se nada. Quiero atrapar un pez, hay muchos y muchos peces que nadan ahí, debajo del agua. ¿Por qué no puedo atraparlos en mis manos? Vamos a correr sobre la arena dura, oscura y húmeda y a escribir letras y nombres para grabarlos durante la tarde hasta que llegue el agua. Vamos a cortar flores coloridas para poner en los jarrones de la casa. Flores que gritan su color y se dibujan en el aire como una estampa. Vamos a la calesita: eso sí que no, te lo dije antes, ya soy grande para andar dando vueltas en esos autos.
Entonces vamos a tomar algo, entonces sí, vamos, nos sentamos cerca de una ventana y pedimos algo, una gaseosa, como siempre y el diario, para vos.
Todavía no aprendí a leer y miro cómo lees, quiero que me cuentes, con tus palabras qué mundo es ése de las letras. Y vos me lo contás, con tu serenidad para explicar las cosas de este mundo. ¿Y qué más? ¿Y qué más? ¿Ya es hora de irnos, no es cierto?
Son las dos, no quiero que la tarde acabe aquí. Ellos seguirán durmiendo el sueño, yo seguiré con el mío mientras camino y los perros me siguen y me acompañan. Traía tantas cosas para contarles…como siempre ocurre, ésas quedaron para otro momento. Porque ésas son de ahora, de lo inmediato, y con ustedes, dialogamos acerca de cosas sin tiempo, ya no urgen, han tomado forma en la memoria pero nunca acaban. Son silenciosas, dan vueltas y acaban por saltar cuando menos se lo espera. Y saltan, como trapecistas cuando estoy aquí frente a ustedes, porque a ustedes también quieren hablar de estas cosas, tan olvidadas. 
Mientras camino hacia la salida, pienso en este silencio que me acompaña. Me voy llena de recuerdos y de palabras, palabras no dichas, jamás expresadas. Me voy al río, a caminar por la arena descalza, o a sentarme en una mesa frente al agua a escuchar los pájaros que trinan porque ya la tarde se acerca y las sombras van a cubrirlo todo, aunque las flores gritan su color y un chico juega a la pelota en la calle. 
© Araceli Otamendi
Buenos Aires, mayo de 2010


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Susana Szwarc - La resolana -Cuentos reunidos*




Dos microrrelatos del libro La resolana - Cuentos reunidos de Susana Szwarc con prólogo de Ana María Shua - editorial Contexto - colección Los imprescindibles 


MUSICALES



La guitarra se achica cuando llega el contrabajo. El guitarrista también. Después empieza a tocar y crece, crece. Entre las cuerdas de una y de otro parecen caer las gotas de saliva, de sudor. El bandoneonista baila con los dedos, el bandoneón se abre completamente. En el escenario garúa y las sílabas están a punto de chocar, yo de gritar. Acomodo la pollera larga y una parte cae sobre el tablado que enrojece, enrojece más. El cantante sangra, una nota se desfleca y entra en mi boca. Nos aclaramos.


EL METRO

 Estoy, ahora, en el metro de Tirso de Molina en Madrid. Escucho una música, la reconozco, busco el vagón. Sí, el niño rumano es el mismo, un poco más alto, y la mujer que lo acompaña -su mamá supongo- está más arrugada, las canas más grises. Comienzo a seguirlo, por momentos me confundo con la madre. El niño rumano no descansa nunca; temo perderlo porque salto rápido del vagón en una estación para ir al sanitario pero veo que la otra mujer también. El niño rumano, que no deja de tocar, nos espera en la puerta de un nuevo metro y seguimos así, digamos, bajo la tierra. Pasan los días, a veces algunos pasajeros nos dan galletas, chicles, caramelos y hasta gaseosas. No nos detenemos nunca, sólo a veces, para tirarnos sobre un asiento completo cada uno. No somos sólo los tres, hay otros. Con el movimiento del vagón nos despertamos.
Miro por la ventana, siempre andenes, paredes, carteles. De pronto reconozco una tonada, luego otra, hasta algunas facciones reconozco. Pregunto en qué estación estoy, Callao me dicen.
Subamos un momento, les digo al niño rumano y a su madre con una voz que me sorprende, cansadísima y autoritaria a la vez. En la calle parezco ser la única sorprendida: estamos en una esquina de Buenos Aires. Entramos al primer bar.
Miro con admiración al niño rumano que, ahora sí, deja su acordeón sobre una silla y pide un café con leche. Ha dado, otra vez, su vuelta al mundo.

(c) Susana Szwarc
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Susana Szwarc nació en Quitilipi, Provincia del Chaco. Ha publicado libros de poesía y narrativa. Son algunos en poesía: Bailen las estepas (1999), Bárbara dice (2004); El ojo de Celan (2015); Trenzas (1991); La muertita o la novela que (2016); ha sido la antóloga, entre otras antologías, de Puentes poéticos, (2018). Ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Regional por la nouvelle Trenzas, recientemente traducida al alemán; Premio Único de Poesía por la Secretaría de Cultura de Buenos Aires y la Beca del Fondo Nacional de las Artes. 

*La resolana - Cuentos reunidos se presentará en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Pugliese Av. Corrientes 1543, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 10 de septiembre de 2019 a las 19. 

jueves, 1 de agosto de 2019

Ese cantor de tangos - Dolores González Opazo



                     
foto: (c) Julio E. Foster - Festival Peñaflor 

        “Mario Salinas ,un auténtico cantor arrabalero” , así lo anunciaba el gran cartel con múltiples fotografías en la puerta de la quinta de recreo “ El Rosedal “.
        Hoy será día de tangos en la gran y hermosa quinta de recreo  , en ella el cantor  Mario Salinas interpretará , su  amplio repertorio de tangos,  solo como el sabe hacerlo, con su gran voz y su prestancia, irá llevando a su público más allá de la emoción y los aplausos.
        Cada noche llega y hace su entrada  como todo un artista , vestido con su mejor traje para hacerse dueño del escenario y del lugar. Mario no es un adonis de hombre, mas tiene ese algo que no tiene la mayoría, lleva con él una voz privilegiada que sabe usar muy bien . De estatura media , vestido impecablemente   de traje oscuro muy bien  planchado, con el pantalón de raya profundamente   marcada, camisa blanca  de cuello almidonado y corbata afín, con la punta de un  pañuelo asomado sobre el bolsillito de su traje y de engominado cabello, un pequeño bigotito sobre su labio superior y una sonrisa entre melancólica y audaz , que le dan a su rostro moreno ese aire de importante, que solo tienen los cantores argentinos, con la diferencia de que él no lo es . 
      La gran pista de baile está repleta a esta hora , un parloteo incesante de voces y risas  se escucha por sobre el sonido musical . Hombres y mujeres con su mejor vestimenta  se dan cita hoy en el gran “ Rosedal”, lugar de encuentro para la bohemia santiaguina, hermosa y bella quinta de recreo donde solo actúan los grandes .
          Cada fin de semana el paradero 18 de gran avenida enciende sus luces multicolores, para dar paso, al fantástico desfile de grandes artistas por sobre su iluminado escenario .
         Largas filas de automóviles se acomodan, entre las dos vías de la gran avenida , desde el paradero 17 al 19 cubren los dos costados, más el bandejón central. 
       “Parque quinta de Recreo El Rosedal”, allí se cena , se canta y se baila al compás de la orquesta estable de Armando Bonasco, se escucha al Dúo Rey Silva . Toca su bandoneón Quintano y Frigerio.
       Bill Halley y sus cometas en alguna ocasión, han creado la locura rocanrolera  en sus pistas, Lucho Gatica y su enamorado corazón crean el romanticismo  para de esa form , unir a más de alguna pareja que se ha  conocido bajo su embrujo. Pérez Prado, Los Panchos y muchos más han iluminado este escenario. Todo  transmitido a diario  por  radio Sudamérica. 
      Allí, con ese ambiente se codeaba Mario, con los grandes que inflamaban de dicha y gozo su corazón romántico y nostálgico de tanguero, allí en ese escenario de estrellas el presentaba su show, acompañado de bandeones y guitarras.  Su clara y profunda voz emocionaba a las mujeres y envalentonaba a los hombres , interpretaba con alma y sentimiento  su repertorio. Allí, él era el grande , allí se convertía en un artista aplaudido, vitoreado, admirado. Allí entre luminarias y estrellas olvidaba que solo era Mario, allí olvidaba que muy cerca lo esperaba  una familia, una mujer abnegada y laboriosa , olvidaba  que un puñado de muchachitos miraban con ojos ansiosos, en  la puerta de la humilde casa , en espera de lo que él traería en la madrugada.
        Barrio Gran Avenida , donde las estrellas se juntaban cada noche para formar un nuevo cielo, donde los cometas pasaban y dejaban su coleta de luz mágica  brillando por muchos días. Barrio hermoso de antaño, con sus grandes y frondosos acacios guardadores de profundos secretos , de largas y oscuras calles de casonas blancas y tejados rojos. De plazas arboladas donde los amores, prohibidos tenían su lugar secreto, donde se fumaba a escondidas aquel primer cigarrillo , encuentro de amistades divinas e inolvidables .
         Tres pistas de baile y un jardín con hermosos rosales siempre floridos. Una entrada de autos por uno de sus costados y  árboles adornados de miles de luces, son la maravilla del parque  El Rosedal.
         El tranvía que detiene su marcha frente a la puerta, trae gente de todas partes y condición social diversa,  para todos esta noche el disfrute es igual , no existe la diferencia. Un hada pequeñita e invisible desparrama sobre los asistentes el polvo de estrellas que trae dicha, alegría y felicidad, las inolvidables competencias de baile , donde gana la pareja de mayor resistencia  son esperadas por los mejores bailarines . 
        Y frente a tan magnifico y elegante espectáculo la otra cara de la moneda .
         En los alrededores, callecitas arboladas y  de tierra , albergan familias numerosas y chiquillos  descalzos ,que juegan y corren detrás de una pelota  en las calles cada tarde , cabezas mojadas de sudor y pies empolvados de tierra ,  llamándose a gritos , para dar antes que oscurezca el pitazo final y al equipo ganador.
        Allí entre tanto chiquillo, los hijos de Mario el cantor , también juegan su partido diario . Y al llegar  la noche, uno de ellos el mayor, cuando la casa duerme y todos ya están inmersos en el mundo de los sueños , escapa a hurtadillas de su casa, para  ir al fantasioso lugar y desde la puerta muy acurrucado en el elegante dintel, contemplar emocionado la actuación de su padre, frente a tanta gente linda y elegante. Luego de verlo, con lágrimas de alegría en los ojos parte en medio de la oscuridad de la noche ,de vuelta a  su humilde casa orgulloso y feliz . Aquel que tanto aplaudieron, aquel cantor exitoso…. era su padre .
       Hoy ya la Gran Avenida no es la misma, el paso del tiempo, dio también paso a la modernidad de los grandes edificios, de los grandes supermercados y negocios automovilísticos. Aquellos amplios bandejones donde se estacionaban los autos para la diversión, hoy son grandes jardines con palmeras inmóviles . Hoy solo  quedan aun sobreviviendo al tiempo  los nombres de  memorables calles José Ureta , Santa Elisa y Barros Lucos y unas cuantas más 
        Y de aquel cantor arrabalero de soñados grandes escenarios , aún queda el recuerdo de su voz y su prestancia en la memoria de unos cuantos hijos , que  ya no se reúnen para  recordar juntos, la voz magnífica de un padre cantor , o  transmitir a hijos y nietos el orgullo de ser hijos de un tanguero, de ese que brilló con su voz  en un fantástico lugar llamado “ El Rosedal “  ,que ya no existe  pero que aunque parezca un sueño,   si existió.... 
       La vida también nos hace crecer, nos cambia y nos disgrega como familia ,  todos cerca y lejanos a la vez ,han ido olvidando esa voz cantante que cada fin de año y en acontecimientos especiales , reunía a familiares y amigos , para recordar aquellos tiempos de juventud, de libertad,de risas, de dulce irresponsabilidad donde llego a tocar el ciel , a través de aplausos y vítores; en medio de candilejas multicolores, donde cada noche brilló  como un grande más en la magia del  escenario, allí donde cumplió tantas veces el sueño de ser un gran artista.
       También la modernidad acabó ,con el fantasioso camino de estrellas que fue el parque Quinta de recreo El Rosedal, ya no hay brillo ,ni luces, ni risas , ni grandes orquestas  en su interior ; solo una humilde y poco iluminada fuente de soda con una pequeña puerta, donde un par de  desconocidos clientes beben al paso. Un oscuro letrero que conserva el  nombre , nos recuerda que allí hubo alguna vez un cielo divino. Y así quizás ocurra que al llegar la  noche , se enciendan nuevamente las luces , para dar vida a este  brillante lugar, donde al compás de la música y la orquesta  vuelvan a bailar en sus pistas, fantasmales figuras  que ya no están, y que un día disfrutaron ahí de la magia del baile ,y del escenario.
      El barrio ya no es el mismo, todo es diferente . La gente , sus casas , sus calles todo quedo atrás. Sin embargo aunque aquellas estrellas, que iluminaron sus noches ya no esté , aun viven en la memoria de muchos; incluso en aquel pequeño y oscuro letrero cubierto de polvo, que recuerda la majestuosidad y la elegancia de un tiempo pasado. 
       Y aunque aquel cantor tanguero de bella voz, ya hace tiempo  canta en otro cielo yo aún  le recuerdo ,  no lo conocí lo suficiente ;solo lo necesario para decir que fue parte de un tiempo de maravillas y estrellas ,en un hermoso lugar y en un barrio, donde ya no existe el cielo de estrellas , ni los niños corriendo detrás de un balón , ni los acacios que se fueron con sus secretos bajo el hacha podadora  , ni sus antiguas y grandes casas blancas , ni sus rojos techos .
      En una vuelta del destino, las luces del gran parque se apagaron, el  firmamento de estrellas que resplandecía cada noche,  se marchó a otro cielo, el barrio iluminado de brillante escarcha  desapareció. 
       Y aquí…… en una oscura calle  solitaria, entre encendidas candilejas ,un lucero cantor de tangos una helada  noche invernal se marchó, cerró sus ojos para siempre, llevando en su equipaje, los recuerdos de aquellas mágicas noches, de amigos eternos  y  sus  tangos , aquellos que después de su partida , ya nadie volvió a escuchar.  
        Hoy solo habitan en quienes lo recordamos  , sus anécdotas, sus canciones,  y en el recuerdo de la memoria de cada uno la certeza,  de  que vivirá por siempre  calladamente…… sin tiempo, ni olvido , ni distancia .         
© Dolores González Opazo
Santiago de Chile
                          
                       

          Dolores Gonzalez Opazo nacida en Villa alegre ,.tierra de naranjos y viñedos , donde el perfume de los azahares , se confunden con las fragancia de las vides. Allí entre sus naranjales perfumados escribía pequeños cuentos en las hojas de sus cuadernos. Hoy ve la vida pasar sentada en su silla de ruedas, recordando los momentos gratos que esta a pesar de todo  le regaló con generosidad , y aunque falta movilidad y vocabulario felizmente ha vuelto el deseo de leer y de escribir.  Reside actualmente en Santiago de Chile, sin perder la esperanza del regreso a sus raíces.       
Foto: © Julio E. Foster, Festival Peñaflor