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Magda Lago Russo - La caja de Nyco

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LA CAJA DE NYCO                                               Inés Álvarez de Torres es una mujer de temple fuerte, segura de sí misma, que lo encubre con un trato amable y cortés. Su actitud frente a la vida es optimista y no permite flaquear ante los inconvenientes. Su vida social es muy activa, su foto se encuentra en las revistas más conocidas junto a personajes destacados en el arte y la cultura. Nicolás Torres Jiménez, su esposo, había recibido de sus ascendientes una editorial muy conocida en el país por donde pasaron hasta su muerte, los escritores de todas las épocas. Inés provenía de una familia donde la lectura era una de las disciplinas más importantes, por lo tanto al casarse con Nicolás aumentó el aporte formativo para la prosperidad de la empresa. A través de los años, conocieron autores que se hicieron famosos  con ...

Reinaldo E. Marchant- Me gusta más cuando la sueño (fragmento)

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Reinaldo Edmundo Marchant Me gusta más cuando la sueño (novela-fragmento) Alguien tal vez se pregunte por qué he decidido soltar a los bichitos que dormían en mí y sólo puedo responder: "ni yo lo sé. Simplemente tenía que hacerlo". Sí he dispuesto todo esto para que dejaran de comentar que parecía estúpido y boquiabierto  el día completo. He de afirmar sin tardanza: lo que sostienen tus manos no es una novela. Es la puerta que abrí para que toquen mis carnes. O la inercia vital que las sacude. Hasta ahora nadie conoce mi nombre y ello me enaltece. Quedaré agradecido si descubren al hombre que se oculta en la montonera de colores. Al hombre aislado, sin relación con los demás, que viene a ofrecer el amor de sus movimientos, retablo que se desborda en inocencia (perdón por hablar con este modo: no tengo otro). He amado profundamente un sueño y no sé qué significa. Lo mismo que la vida, que un día comienza y nunca se sabe como termina. Ya ...

Sofía Santaclara

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Lacrimatorio Hoy se ha roto el frasco de las lágrimas, hace algún tiempo decidí que algo que dolía tanto debía de ser valioso, dolor en esencia, y se me ocurrió coleccionar lágrimas, las vertía ahí, en un antiguo frasco de perfume, alargad o y transparente, ese cristal que tanto me gusta, el sistema era sencillo, sólo tenía que encajar mi ojo en su boca y arrastrarlo con cuidado, por mucho que me pareciese que había llorado, apenas aumentaba el volumen, deben de ser densas mis lágrimas. Era su castigo, hacerlas cautivas, como si de una pócima se tratase, me gustaba observarlas dolor en estado líquido. Hoy necesité usarlo y me escondí con él y me resbaló de las manos y se rompió y me quise morir de la rabia, o de la pena, todas por el suelo, derramadas por segunda vez, y quise llorar, y no pude llorar, pues no tenía donde guardarlas y las necesitaba con las otras, todas mezcladas, todas distintas, cada una de un sitio, porque las hay que duelen en el pecho, en la cabe...

Diego Niño

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Desencuentro* Tropiezan en una encrucijada. Se presentan las preguntas y respuestas de protocolo y bajo este diálogo se escuchan las sombras arrastrando miradas, brisas apolilladas, pronombres empolvados, hasta llevarlos al presente que tiene algo de eternidad y de brevedad. Conservas los ojos de melancolía, dice él; los guardé para ti, responde ella, sonríen sabiendo que no hay más palabras ni más horizonte que este breve instante. Ella le da la mano y continúa su camino al tiempo que él ve que le ha quedado una brizna de esperanza aferrada a la palma de la mano… © Diego Niño  Diego Niño  (Bogotá, 1979) es matemático de profesión. Vive en Bogotá, Colombia *el microrrelato Desencuentro resultó finalista en el Primer concurso de microrrelatos organizado por la revista Archivos del Sur 

María Antonia Sassi

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María Antonia Sassi  JARDIN DE INFANTES Nº … Conduciendo  mi  pequeño automóvil blindaje enchapado que cubre el  ser tras las nubladas y ennegrecidas ventanillas, protección escasa  en  las calles  excesivamente transitadas del pueblo hoy convertido en ciudad,  trato de ser puntual con la hora de entrada del turno tarde del hermoso Jardín de Infantes al cual pertenezoc, pero el tránsito a veces me lo impide.                                                                                                                                                           ...

Beatriz Helena Ramos Amaral

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Beatriz Helena Ramos Amaral  Valladolid    Es temprano, pero ya preparo la fiesta, limando los rebordes. Atravieso el pasillo del departamento  y alcanzo  la primera puerta. Una más. Otra. Y otra. Son puertas con grietas que no reconocen límites. Yo sé que, en cualquier momento, entre los vacíos de un tejido ancestral, Valladolid vendrá, como siempre,  como un emblema o cimiento de una resonancia casi legible. Sé que se extenderá por  los patios y monasterios, diciendo septiembre, septiembre, con su tono de ayer y su timbre extraordinariamente grave. Abrigos de colores desvaídos  tejen ilusiones en mapas imprevistos. Navegaré  noches abiertas e ibéricas siempre hacia el  noroeste, cruzando los barrios, Vadillos, Delicias, San Isidro, Victoria, Parque Alameda, Paseo Zorrilla-Campo Grande.   ¿Por qué, Valladolid? ¿Sabré rehacer contornos de otro continente? ¿Podré fingir que ignoro contrastes y transparencias? ¿Por ...

José Respaldiza Rojas

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                                            PASIÓN  Y  MUERTE                                             Era un domingo de otoño, era la tarde de un domingo de otoño, eran las tres y media de la tarde de un domingo de otoño, eran las tres y media de un aciago domingo de otoño.   Para comenzar diré que siempre me gustó más jugar fútbol que verlo jugar, no soy y no fui buen jugador, incluso una vez me puse un chimpún, pero no acertaba a patear, digo esto para que se comprenda porque fui tan pocas veces al Estadio Nacional y las pocas que fui las tengo grabadas en mi memoria.   Diré de paso que alcancé a ver el viejo Estadio Nacio...