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Carolina Pérez

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Garganta del diablo - (c) de la fotografía Araceli Otamendi El viaje de Isabella* El diablo enfurecido hace gárgaras con las piedras y expulsa su aliento fresco en forma de vapor. El agua estalla contra las rocas y brama. En el horizonte, el cielo descarga relámpagos sobre el Iguazú. Entrar en la Garganta del diablo con el farol de la luna llena, tiene el vértigo de la alucinación. “El calor es inmenso. Hace meses que no llueve,” dijo la mujer y dejó un juego de toallas. La más nueva, todavía conservaba los hilos que dibujaban “ Hotel Buen Día ”.  Me acosté vencida por el sopor del mediodía. El último pensamiento que recuerdo, antes de abandonar la vigilia, fue “no sé cómo será Macondo, pero seguramente debe tener algo de este lugar... más allá de la soledad, claro”. El sonido del viejo teléfono a disco me despertó. “Tiene una llamada desde Buenos Aires señora, es de parte de Carlos. Bueno señora, sí señora,  le digo eso. No, el ventilador funciona, lo que pasa es q...

Rafael Ángel Valladares Ríos

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Joan Massanet, Visión surreal Rafael Ángel Valladares Ríos El sobresaltado amanecer de la Señora Nuila* Poco a poco despuntaba el día, y pasmosamente todo aparecía transfigurado por la tenue luz del alba. El horizonte comenzaba a alumbrarse, en su lejanía mística e inalcanzable, con tintes de anaranjado añejo; tonos evocadores del fuego en redención. La brisa soplaba tímidamente, sin estorbar, cargada de hálitos agradables y perfumes que encontraban su nacimiento en las entrañas de las húmedas y cercanas cordilleras, en las diáfanas aguas de los ríos cantores, o del más lejano y ansiado mar. Se escuchaban rumores apacibles, bullicios de numerosos insectos que anunciaban el fin de sus himnos farfulladores y la hora póstuma de la noche. Absolutamente todo abrazaba nuevamente la vida que viajaba, desde el cosmos oscuro y vacío, hasta el nuevo sol ardiente de aquella mañana profusa. En la más grande y extensa hacienda del pueblo de San Francisco de Yojoa, nadie despertaba aú...

Magda Lago Russo

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Eugenio Daneri, Mi madre Buscando una estrella                                                                            Llega a la casa, guiado por el aviso, que al descender del tren se hamacaba en un tronco y ofrece cobijo. Se queda un rato en la puerta, mirando a su alrededor como cae la tarde de junio y un viento gélido juega con las pocas hojas, única señal de movimiento. La casa está al final de la calle que   continúa con un camino de tierra y se pierde en un bosque de pinos. Es antigua y ostenta la vejez que el tiempo estampa en sus paredes agrietadas y en una puerta de hierro a medio pintar. Eleva los hombros, res...

Ángel Balzarino

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EL RECUERDO DE  JULIETA  BAILANDO Y  UN  ACORDEON REPENTINAMENTE TRISTE Ya no es lo mismo. Aunque seguimos respetando la costumbre de reunirnos en la plaza a las seis de la tarde y don Batista sigue tocando  su  acordeón desvencijado, todo resulta distinto. Falta ella. Y  no podemos sentir  la excitación y el júbilo que nos había deparado el espectáculo a lo largo de tantas jornadas, ni los dedos del viejo se muestran ágiles y entusiastas sobre las teclas sucias, ni la música representa un bálsamo vital y gratificante.  Nos cuesta aceptarlo, admitir sin protesta que por culpa de la intolerancia y el despecho de unas solteronas ya no podemos gozar del esplendor y la algarabía que Julieta lograba  conferirle a las últimas horas de la tarde.                Instintivamente aguardamos su  regreso. Para seguir cumpliendo la cita iniciada cinco meses atrás, ...

Ana María Manceda

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                  Un concierto en la bahía                        Estaba la Bahía , el mar   viajaba calmo arribando a la playa en suaves olas, llegando quién sabe desde que puntos lejanos del océano. Las montañas coronaban el paisaje, los barcos pesqueros iban en sentido contrario a las olas en busca de los frutos del mar. En la playa, una mujer con un niño en brazos saludaba a uno de los pescadores   que partía a su trabajo.   Juan sacó la luna   del paisaje, tomó un medio sol color herrumbre y lo colocó hacia el este, de tal manera que asomara entre la cima de las montañas. Ahora sí tenía sentido la escenografía, era un perfeccionista. Para él tocar el violín era un acto religioso, tenía que existir un equilibrio entre su estado espiritual y la armonía   en los colores y disposición de los objetos que...

Araceli Otamendi

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Alighiero Boetti                                                             La salina Llegué a la salina como por casualidad, todavía no sé. Es como un paisaje muy blanco y desértico, tal vez… El suelo se parece a un desierto, hay lomas y bajadas, hay laberintos. Me imaginaba que estaba dentro de un cuadro de Xul Solar que alguna vez vi. Me gusta la pintura de Xul, me gustan sus paisajes llenos de fantasía y al mismo tiempo  reales. Hace tiempo que camino por la salina – he decidido llamarla así – porque parece estar hecha de sal. Sin embargo, miro hacia lo alto y veo  ahí algunos transeúntes. Lo bueno es que el suelo no es fijo, es de sal o de arena. Se puede caminar, subir y bajar, entrar a los laberintos. Siempre que entro a uno de esos laberintos busco la salida y la encuentro. Lo bueno y tal vez lo malo de esto ...

Magda Lago Russo

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La tierra del  demonio                                                                              A Burton, aún en las épocas de vida sedentaria, le basta ver un mapa para estudiarlo con ahínco y  proyectar un nuevo viaje a veces casi imposible,  su entusiasmo y su afán de conocer lugares, que parecen imposibles de existir, los hace realidad. Así cuando Ítalo le propone un viaje casi fantástico, acepta,  tiene ganas de volver a recorrer aquellas tierras que en su momento admiró y no pudo apartar de su retina. Así le explica a Ítalo:  -Vas a conocer lugares tan fantásticos que parece imposible que existan en la tierra, iremos primero a Tasmania, la tierra del  demonio  que sin embargo se parece a un paraíso, es una contradicción que vamos a co...