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Mi tía Fanny, detective privado - Diego Rodríguez Reis

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    Diego Rodríguez Reis  “Usted conoce mi método: se funda en la observación de minucias” Arthur Conan Doyle, “El misterio del valle de Boscombe”   Bien temprano y antes que nadie, llega, como siempre, tío Alfredo. Diario y facturas bajo el brazo. Hace un mate, solo (Tía Estela siempre viene después, si viene) y sin pedir permiso. Los domingos, o en reuniones familiares extraordinarias, nuestra cocina es una extensión de la cocina de su casa. Va y viene a discreción. Una hora más tarde (máximo) cae la segunda persona: mi tía Fanny, indeclinablemente. Tía Fanny llega y pone la pava al fuego. Después, husmea en todas partes, revisa todos los rincones. El entrecejo fruncido y la nariz ganchuda levantada, las pupilas como puntas de alfiler: nada escapa a su mirada atenta. Recién cuando el agua empieza a chillar y constatada toda la casa (todos los cambios y todas las permanencias) se sienta en el sillón viejo de la esquina del living―comedor, su sillón predi...

Viejecito (1996) Kim Bertran Canut

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  Brillaba la noche en el camposanto. Tierra de pasados enterrados. Nacían los recuerdos donde no había más cielo que el suelo que pisaban los pensamientos, a la busca de la inmortal ausencia. Huesos y crisantemos, oraciones y depresiones, ¡qué lugar tan eterno! Daba miedo caminar por la espesura y la Luna bañaba la negrura. Corría la lágrima sincera por la mejilla de mármol, de la escultura. La Dama lloraba tanto, leyendo arrodillada la pequeña esquela inscrita en la sepultura. Sombras, claroscuros, el vagabundo come el aire, sentado, sobre una fresca losa, al cobijo del tiempo, de la inmensa soledad y del silencio espacial. Espera tranquilo mirando los edificios ficticios de los duendes invisibles, que respiran en sus tumbas cerradas. Duerme al amparo de unos brazos ancestrales, fantasmales pero queridos, amigos conocidos. Ángeles de los vagones de trenes que compartieron largos recorridos de aliento y peligro. Sueña en lluvias de ayeres, en nieves y atardeceres, en a...

Descansa en paz ...(Recuerdos) , agosto de 2010

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    ilustración creada por IA    Ocupa en los despoblados del ocaso, el último vagón de un tren abandonado. Ramiro Smith González,   frisando el tongo de un round llamado pasaje, se acuerda de su andadura tortuosa. Sintiéndse taciturno por tantos golpes encajados, unas veces entre las cuerdas, y muchas más contra el suelo, destruido, frente a miles de miradas despiadadas. Posee los ojos del color de la experiencia, infinitas muescas de supervivencia en el semblante…Ha cruzado el puente de la vida, en   innumerables ocasiones, con coraje, sin lanzarse por el abismo de la desesperación, a veces salvado por la resonancia de la sangre en el adversario, otras, la soledad le lastimó, advirtiéndole de una probable compañera que sería eterna. Versado en acometidas desperdiciadas, aposentado en una longeva dolencia, la de la espera del postrero asalto…se mantiene en pie, en este   instante doloroso de reconocer los errores al final del recorrido. Cuaren...

El cristo bebedor - Diego Rodríguez Reis

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  imagen creada por IA   Diego Rodríguez Reis  “No reducirse a una obra; sólo hay que decir algo que pueda susurrarse al oído de un borracho o de un moribundo” E. M. Cioran, Del inconveniente de haber nacido   Se despierta, ni tarde ni temprano, una luz mínima entrando a través de la persiana. Estira el brazo bajo la cama, manoteando en el vacío, encuentra la botella. Le queda menos de la mitad. Pega un trago largo, para despabilar. Piensa, intenta pensar, hasta que lo vuelve a ganar el cansancio, el aburrimiento. Se duerme con la botella entre los brazos. Vuelve en sí algunas horas después. Ya decididamente de noche: la oscuridad y el silencio se inundan, se mezclan, son la misma cosa. Con los dientes, destapa la botella. La empina, apenas primero, del todo después, hasta agotarla. Habrá que levantarse nomás, piensa. Va, descalzo, hasta la cocina. Tantea de memoria en el bajo mesada, hasta que da con una botella solitaria. Aún una botella más, la últim...

Roby II- Extraña historia de amor - Araceli Otamendi

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    imagen creada por IA  Año 2010, dc. Fue una época donde una pequeña generación de robots de apariencia real, igual a los humanos, pero de material sintético irrumpió. Fabricados en laboratorios especiales, se concibieron por computadora, tomando un gameto sintético femenino y otro masculino de robots de distinto sexo, para hacerlos más similares a los humanos. Una computadora madre se encargaba de elegir cuáles serían los genes más apropiados de los robots para concebirlos. Un robot perfecto cada vez, no deberían quedar dudas en cuanto a la humanidad. Así una vez fabricado el robot bebé, la pareja de padres robots era destruida de inmediato y con su material se producían pelotas para entrenar a las nuevas generaciones. Me interesa relatar un caso programado para ser un hombre, de inteligencia artificial superdesarrollada, delicado sentido de apreciación de obras de arte, agudeza e ingenio para desarrollar un fluido discurso, respuestas rápidas y curiosa capacidad ...